viernes, 22 de abril de 2016

Prince: el arte de influenciar a quienes te odian

El genio de Minneapolis fue encontrado muerto en Paisley Park, su casa y estudio de grabación en Minnesota, a los 57 años.

Se fue uno de los músicos más extraños, amados y odiados del mundo. Prince Rogers Nelson, el tipo al que todos conocimos como Prince, fue un artista en toda la dimensión que se pueda concebir e incluso corrió las fronteras más lejos, como corresponde a quienes quedarán en la historia de la música.

Más allá de cualquier consideración que se pueda hacer sobre Prince, hay que tener en cuenta que fue mucho más que un par de éxitos y el furor de Purple Rain.

Por qué lo odiamos. Su esnobismo y su actitud distante, fría y alejada de los críticos, periodistas e incluso de los fans, ha llevado a que buena parte del enorme universo musical lo trate con una mirada de costado, como si creyéramos que le pagamos con la misma moneda. No es en vano, dado que su egocentrismo exacerbado lo ha llevado a romper contratos con multinacionales –¿existe acaso actitud más rocker que patear el tablero del statu-quo?– y cuando quisieron tenerlo agarrado y hacerle caer todo el peso de las corporaciones, no se hizo demasiado problema y hasta cambió su nombre por un logo. Para presentarlo había que recurrir al fastidioso “El artista antes conocido como Prince”, o “el Artista” a secas. Curiosamente, ese período que podría haber sepultado la carrera de cualquier otro músico, dio inicio a una de las etapas más creativas de toda su carrera. Discos dobles, triples, quíntuples. Prince sin su nombre parecía querer demostrar todo el tiempo lo que las multinacionales se estaban perdiendo por caprichosos. Y es que, a caprichoso, nadie podía ganarle. A tal punto llegó su falta de interés en el qué dirán que entabló una polémica batalla judicial contra Prince United Fans por el uso de su imagen en las redes sociales. Sí, los fans se reunieron cual sindicato para enfrentar judicialmente a Prince.

Las discográficas también volvieron a vivir un momento de furia y confusión cuando creían que habían domesticado al irreverente artista. A principios en 2007, cuando Prince era el artista mejor pago de Estados Unidos, se publicó Planet Earth, su nuevo album de estudio. El músico decidió regalarlo a cualquiera que fuera a verlo en vivo, algo que es habitual en las bandas y artistas under, pero que a una discográfica puede ocasionarle un agujero en sus números. No fue la única vez que lo haría: repitió en 2010 al regalar el album 20ten con los ejemplares del Daily Mirror en Inglaterra, o la Rolling Stone en otras locaciones. Por si fuera poco, en medio de la batalla entre las discográficas y las descargas ilegales de música, a Prince se le dio por publicar un álbum completo vía Internet.

Por qué lo amamos. Para dimensionar el tamaño de un artista, hay que dimensionar la huella que deja en la comunidad y entre sus pares. Y Prince dejó una huella casi imposible de llenar. Multiintrumentista, grababa sus discos practicamente en soledad. Si bien es algo que no constituye ninguna novedad para los músicos –Paul McCartney lo hizo desde el White Album de los Beatles– en el caso de Prince se daba algo diferente: no procuraba que se destaque ningún instrumento por sobre el producto final, y eso que fue un eximio guitarrista, mucho más de los que sólo lo escucharon por la radio creerían.

Su obsesión creativa lo llevó a sacar 44 discos en 37 años de carrera. Si a ello le sumamos que de esos 37 años, hubo ocho en los cuales no aparecieron novedades discográficas, podríamos hablar, sin lugar a equívocos, de que Prince fue uno de los artistas más prolíficos de la historia.

Parte de lo que el consideraba su lucha contra el egocentrismo, pero que, en definitiva, retroalimentaba su ego, era la costumbre de sacar aún más material con nombres tan extraños como Tora Tora o Joey Coco. Estos alter egos –a los que se puede sumar Jamie Starr, Alexander Nevermind y Christopher– llegaron a un extremo de borrar todo nombre y que la gente se arregle por sus medios para saber quién era.

Su estilo musical inventó un género en sí mismo y que logró colocar al “Minneapolis Sound” en la escena mundial. Muchos de los álbumes que publicó no tenían una sola canción que pudiera cortarse para pasar por la radio, pero son obras icónicas que no se pueden escuchar de punta a punta sin pensar cómo es que se le ocurrió meter determinado arreglo, o cómo consiguió tal sonido o efecto.

Incluso ante la contrariedad de la vida –la muerte de su hijo en 1997– Prince se refugió en lo que mejor sabe hacer y publicó cuatro discos en dos años, marcando un ritmo frenético poco habitual en artistas consagrados, y que disparó una locura de publicaciones de funk, jazz y música progresiva.

Y si queremos hablar de a quienes influyó el listado es enorme y va desde la costa californiana –¿O nunca pensaron cómo se les ocurrió a los Red Hot Chilli Peppers abordar un sonido funk violento?–, da la vuelta a Europa y llega hasta nuestras costas rioplatenses. Si los años ochentas fueron marcados por el sonido de Michael Jackson y su productor Quincy Jones, el pop de los noventas nació con Prince cinco años antes de que asomara la década.

Sólo por mencionar dos casos puntuales de Argentina: Cómo Conseguir Chicas de Charly García (1989) tiene una notoria influencia princeana de la cual García no sólo no renegó, sino que lo dejó bien en claro al explicar el lado B del disco (la imbatible triada de las canciones Anhedonia, Suicida, Fantasy). Charly hizo un disco con un sonido tan internacional gracias a abrir su cabeza a Prince, que terminó presentando su disco en Nueva York, aunque en nuestro país pasó casi sin pena ni gloria, quizás por haber salido en medio de una crisis económica sin precedentes, quizás por haber quedado entre los tanques Parte de la Religión y Filosofía Barata, pero no en vano es que de aquel disco sólo se recuerda un éxito: Fanky. Fito Páez, siempre tras las huellas de García, contó que Charly estaba escuchando Sign o’ The Times (el disco que Prince publicó en 1987) cuando Fito le preguntó qué hacía escuchando “a ese negro trolo“. Charly le pidió que hiciera un esfuerzo. “Tenía razón, se terminó por hacer carne en mí“, cerró la anécdota Páez. Fue cuando empezó a delinear su disco Tercer Mundo, de 1990, y muchas de esas influencias todavía se notaban en El amor después del amor.

Puntualmente, de Prince se podrán decir muchas cosas, pero hay algo que es innegable: sólo se puede ser influenciado por él, nunca imitarlo. Porque cuando alguien es tan original, una imitación queda demasiado ridícula. Y de eso, ya estamos llenos.

escrito por Nicolás Lucca 
para Diario Perfil

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martes, 5 de abril de 2016

Si querés offshorear, offshoreá

¿Y AHORA?. Tambalea el paladín de la lucha anticorrupción
Es escándalo que hoy conocemos como #PanamaPapers irrumpió en la escena política argentina y amenaza seriamente la credibilidad del Presidente Mauricio Macri.

La filtración de documentos sobre constituciones de sociedades en "paraísos fiscales" llegó al diario alemán Süddeutsche Zeitung (SZ), estuvo siendo estudiado por el Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación (ICIJ) y de allí explotó al mundo. Según se supo, toda la documentación pertenece a Mossack Fonseca, estudio de abogados que es uno de los principales proveedores de "servicios offshore" en todo el mundo (¡!).

Entre los argentinos alcanzados por las esquirlas de este escándalo encontramos nada menos que a Macri y a Lionel Messi, además de Daniel Muñoz, exsecretario privado de Néstor Kirchner, y Néstor Grindetti, ministro de Hacienda de la Ciudad durante la gestión Macri y actual intendente del Partido de Lanús.

Sabido es que estos paraísos son buscados por "inversores" que pretenden eludir restricciones cambiarias y presiones fiscales de sus países de origen, además de facilitar transacciones poco claras y lavado de dinero.

Macri apareció, en principio, como parte del directorio de Fleg Trading Ltd., una sociedad offshore registrada en las islas Bahamas en el año 1998 y que estuvo en actividad hasta 2009. El primer mandatario nunca incluyó esta participación en su declaración jurada cuando asumió como Jefe del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires. Ante la magnitud de la acusación, Presidencia de la Nación emitió un comunicado en el que se reconoce "el Sr. Mauricio Macri fuera designado ocasionalmente como director, sin participación accionaria" y se resaltó que "la actuación de Mauricio Macri fue circunstancial y sólo cubrió formalmente el cargo en el directorio".

LILITA, LA FISCAL DE LA PATRIA. ¿Ud. quiere probar su inocencia?
 Basta con presentar documentación a esta mística legisladora oficialista.
Como era de esperarse, Macri fue rápidamente defendido por sus laderos políticos como Gabriela Michetti y Elisa Carrió quienes aseguraron que el líder de Cambiemos es algo así como es Charles Ingalls (¿?).  Para no ser menos, el (nuevo) periodismo militante también hizo lo suyo para sacar al Presidente del ojo de la tormenta: de ahí que La Nación y Clarín se esmeraron en poner el acento en el ex Secretario de Néstor Kirchner y minimizar las sospechas sobre el actual titular del Poder Ejecutivo Nacional.

Pero, mal que le pese al oficialismo, salió otra nueva información en la que se consigna que, entre las sociedades sospechadas, se incluye también a Kagemusha S.A.... en la cual figura Mauricio Macri como vicepresidente y su padre, Franco, como titular. Kagemusha, fue constituida en Panamá en 1981, sigue en actividad y tampoco está incluída en las DD.JJ. del presidente argentino. Con este escándalo, Página/12 se está haciendo un festín y aporta un dato menor acerca del origen del nombre de esa sociedad de los Macri pero que merece ser destacado: Toma el nombre de una película de Akira Kurosawa del año 1980, que cuenta la historia de un criminal de clase baja que se hace pasar por el lord de un clan; "Kagemusha" quiere decir “guerrero sombra” o “señuelo político”, según la traducción.

ESTÁ TUDO BEM, TUDO LEGAL. Los grandes medios salieron a cubrirle las espaldas al Presidente de la Nación.
El Jefe de Estado fue abordado por periodistas de La Voz del Interior y, además de reafirmar que no cometió delito alguno, manifestó "lamentablemente, es así por la poca credibilidad que ha tenido la dirigencia durante muchos años (...) la desconfianza y los prejuicios avanzaron, pero hay instrumentos societarios en todas partes del mundo que tienen distinto tipos de ventajas".

DEL SEL, EL AMULETO (?)  El dirigente santafesino imaginó una
tranquila estadía en Panamá como Embajador, luego de su zigzagueante
y vertiginosa trayectoria política, pero no...
Tal vez todo haya sido legal pero es éticamente reprochable. La familia Macri está en todo su derecho de invertir su dinero donde más le convenga pero no es algo menor que el actual presidente de los argentinos no solo no detalló estas participaciones societarias en sus DD.JJ. sino que caiga en la tentación de buscar otros lugares para evadir impuestos en su propio país.

Las miradas hoy también apuntan a Laura Alonso, titular de la "Oficina Anticorrupción", quien se apresuró a defender la inocencia de Macri. Alonso siempre gustó mostrarse como sinónimo de transparencia y ética pero su rol en esa repartición tan sensible no puede ser creíble ni muy imparcial cuando todos sabemos de su fervorosa militancia macrista. Sin ponerse colorados, legisladores del Frente para la Victoria se mostraron escandalizados por este presunto hecho de corrupción y exigieron la inmediata renuncia de Alonso; el peronismo cruza los dedos para que el país explote por los aires y Macri huya en helicóptero

Más allá de lo que sus partidarios juren, todo este escándalo no debe quedarse en los titulares de los medios de comunicación sino que amerita mínimamente una investigación judicial. Esto no puede ser resuelto con un comunicado oficial y con periodistas que salgan a defender a Macri. Estamos hablando de un político que basó su campaña electoral en, además de la Pobreza Cero, ser implacables con la corrupción. Y esta noticia cae justo cuando hace pocos días se conoció Macri haya sido denunciado por dádivas de su amigo multimillonario británico Joseph Lewis, al haberse alojado en la casa en Lago Escondido y usar el helicóptero.

Y ni hablar del mal humor creciente en la opinión pública producto de la creciente inflación y el ajuste del gasto público. Cambiemos apuesta que los procesamientos judiciales de figuras emblemáticas del kirchnerismo alcanzará para calmar los ánimos de la gente. Pero no. No solo que el Gobierno Nacional no muestra un plan económico concreto sino que su prédica de lucha anticorrupción se le está volviendo un boomerang. Ya no alcanzan los globos amarillos para disimular.

(créditos: Asi No)
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