domingo, 27 de noviembre de 2016

¿Cuba libre?

Fidel Alejandro Castro ha muerto y es imposible permanecer indiferentes ante su figura y legado, más allá de los amores y odios que supo despertar a lo largo de su larga vida. 

En las calles y en las redes sociales se multiplican reflexiones acerca de este hombre que fue una suerte de rey de Cuba durante largas décadas. 

Llama la atención la monada progre que, nuevamente, ciegamente cae en lugares comunes y eufemismos para saludar a este personaje. Como mantras, se repiten palabras como "grandeza", "dignidad", "anti-imperialismo", "rebeldía", "idealismo", "liberación" para definir a Castro.

Personalmente, no puedo entender de que haya gente que puteó a Videla y a Pinochet pero que se le cae la baba hablando de otro tirano y genocida como Fidel Castro. ¿Será que en el Siglo 21 hay tiranos "buenos" y tiranos "malos"?

Quienes integran el fan club de Fidel y llenan de "derechos humanos" sus prédicas parecen desconocer que los hermanitos Castro y el Che se encargaron de perseguir, secuestrar, torturar y asesinar a todo aquel que no pensara como ellos.

No sé de que dignidad del pueblo cubano se puede hablar si desde hace más de medio siglo no puede elegir libremente a sus gobernantes. ¿Cuál es la dignidad de un pueblo en el que nadie tiene voz ni voto? ¿Los abanderados de los derechos humanos olvidan que en Cuba nadie tiene permitido opinar públicamente en contra del régimen castrista?

Dudo que la mayoría de los que hoy homenajean a Fidel pueda soportar vivir al menos una semana en Cuba (y no en la Cuba turística) con alimentos racionalizados, sumidos en la pobreza, con censura a voces disidentes ni acceso a los avances tecnológicos (menos del 5% de su población puede acceder libremente a Internet).

No sé de qué anti imperialismo hablan si el primer país que Castro visitó luego de apoderarse de Cuba fue Estados Unidos. Como los hijos de Tío Sam no apoyaron su "Revolución", decidió hacerse comunista y cobijarse en el Imperio soviético; durante la Guerra Fría, Cuba fue una pieza estratégica de la Unión Soviética pero, después de la caída del Muro de Berlín, Fidel Castro se movió con gran astucia para sobrevivir y trabar alianzas con China y Venezuela.

Con Castro murieron los sueños de cierta comunidad pretendeidamente progresiste de establecer una suerte de imperio en Latinoamérica y en África. Y el capitalismo que tanto aseguró combatir sigue en pie.

No festejo la muerte de Castro pero más preocupa la indiferencia ante una realidad difícil de un pueblo como el cubano. La muerte de este tirano provoca grandes interrogantes acerca del presente y el futuro de una país tan castigado como Cuba. Acabó una (supuesta) utopía de los que lo adulan desde el comfort de sus hogares, ojalá muera también la pesadilla de quienes lo padecieron en carne propia.

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