miércoles, 7 de septiembre de 2016

Los viejos nuevos trapos de siempre

TODOS UNIDOS TRIUNFAREMOS (?). La renovación peronista viene de
la mano de dirigentes que llevan como mínimo 15 años ocupando cargos públicos.
Luego de la dolorosa derrota sufrida en las elecciones del año pasado, la hermandad peronista está nuevamente reagrupándose y regenerándose para volver al poder cuanto antes.

Gobernadores, intendentes y algunos legisladores y gremialistas del Partido Justicialista se dieron cita en un hotel de la Ciudad de Buenos Aires para mostrarse como la "renovación peronista" (?) en contra del Gobierno que lidera Mauricio Macri.

La iniciativa de este encuentro fue de Martín Insaurralde, Gabriel Katopodis y Juan Zabaleta, intendentes bonaerenses e integrantes del "Grupo Esmeralda" (?), quienes no dudaron en marginar de todo protagonismo estelar a José Luis Gioja y Daniel Scioli, actualmente las máximas autoridades orgánicas del PJ. Fue Zabaleta quien tuvo a su cargo el cierre del acto y, entre otras cosas, aseguró “no venimos a construir en contra de nadie sino a favor de los más humildes”, aunque el evento no contó con bombos y banderas ni, mucho menos, fue en algún lugar popular y cercano a la gente que aseguran representar sino que se dieron cita en el exclusivo Hotel NH, situado a metros de la emblemática Plaza de Mayo.

+ITA. ¿Dónde están los que trataron de "traidor" al ex UCeDé?
La novedad es que en esa reunión se observaron algunos dirigentes ligados a Sergio Massa como el camaleónico Felipe Solá y el también ex Jefe de Gabinete Alberto Fernández, lo que estaría señalando un lento retorno del líder de Frente Renovador a las filas del PJ.

Nada es casual. Actualmente, Massa es acaso el dirigente opositor que mejor imagen pública ostenta y es por ello que el PJ busca encolumnarse detrás del legislador nacional para así fortalecerse. Y claro está que el ex militante de la U.Ce.De. precisa de una estructura como la del PJ para ser el próximo presidente argentino. De ser así, la gran mayoría de la conducción partidaria deberá recurrir a un viejo artilugio político marca registrada de los herederos de Don Juan Domingo: hacer olvidar en su gente todas las críticas que lanzaron sobre la figura de Sergio Massa desde que abandonó el Frente para la Victoria. De progresar la popularidad del ex Intendente de Tigre, el massismo será la nueva religión para la muchachada peronista. Ello tampoco nos resultará extraño: en el peronismo abundan referentes ex menemistas, ex duhaldistas, ex kirchneristas.

Cristina Elisabet Fernández y su séquito más duro brillaron por su ausencia en esa convocatoria del Grupo Esmeralda. Quienes impulsan la (enésima) reconstrucción del PJ no le perdonan a la ex Presidente de la Nación todos sus desplantes y el haber sido desplazados del poder porque, durante su segundo mandato, la viuda de Néstor Kirchner optó por refugiarse en La Cámpora y otros grupos minúsculos a los que podía manejar a piacere.

LA MILITANTA. El futuro político de Fernández
es incierto y, a diferencia de agrupaciones
como La Cámpora, el PJ no se inmolará por ella.
Asimismo, a Fernández no le conviene ir al choque contra sus ex aplaudidores porque es conciente de que tiene aún mucho que responder ante la Justicia y podría necesitar de ellos para refugiarse políticamente. Como en su momento pasó con la caída en desgracia de Carlos Menem, el peronismo busca tomar una prudente distancia de todo el kirchnerismo hasta desentenderse totalmente.

Un detalle no menor fue que la excusa de la muchachada peronista para juntarse fue homenajear a Antonio Cafiero, histórico dirigente peronista y ex Gobernador de la Provincia de Buenos Aires. Precisamente sobre Cafiero, se cuenta que el mismísimo Juan Domingo Perón habría dicho alguna vez "Antonio es un buen muchacho pero si lo mandan a hacer mandados pídanle el vuelto que se los queda". De ser cierto, sumado a que durante su extensa trayectoria política ocupó diversos cargos públicos, don Cafiero daba con el perfil del buen peronista (!) y su homenaje resultó más que merecido.

El Gobierno que lidera Mauricio Macri no termina de hacer pie y no posee un plan definido para capear esta crisis que es producto de tantos años kirchnerismo y de su propia inoperancia. Ante este difícil panorama, a Macri le conviene políticamente un peronismo fragmentado.

GIOJA, EL MARGINADO. Ante los medios, el legislador sanjuanino
se mostró contento de que el peronismo se "renueve" pero, puertas adentro,
debió resignarse a ser desplazado del centro de la escena.  
Los partidos políticos ven cada vez más próximas las elecciones legislativas del 2017 y, tanto para el oficialismo y la oposición, el resultado será determinante para las ambiciones personales (y mezquinas) de muchos de ellos.

Históricamente, el peronismo ha sido (y es) un partido político con una desmesurada ambición de poder y es por ello que siempre odió ser oposición. Mientras se agitan nuevas alianzas políticas, el peronismo busca asfixiar a Macri recurriendo también a la pata sindical. El peronismo orgánico y su costado combativo que reside en gremios y agrupaciones "sociales" quieren acabar con la gobernabilidad para erigirse nuevamente como los "salvadores de la Patria".

Al fin de cuentas, la renovación no es tal. Cada vez que el PJ fue derrotado en las urnas, rápidamente reconstruye su pretendido rol mesiánico ante la ciudadanía para volver cuanto antes al poder, aunque ello implique la destrucción económica y social del país. Es el viejo peronismo de siempre.

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