martes, 12 de julio de 2016

La verdad en patas

La suba de tarifas y la creciente inflación traen inevitablemente malhumor en la opinión pública. No es para menos. Es que el grueso de la población argentina, una vez más, termina siendo la variable de ajuste.

Ahora la Justicia dispuso un freno de los reajustes tarifarios lo que obligó al Gobierno de Macri a intervenir estableciendo un techo para los aumentos: 400% para hogares y 500% para comercios.

En medio de los reclamos, el Presidente Mauricio Macri pidió a todos los argentinos que ahorráramos energía y lanzó "cuando usted se encuentre en su casa en invierno y vea que está en remera o en patas, es que están consumiendo energía de más (...) en invierno tenés que estar abrigado en tu casa".

La peculiar expresión del primer mandatario despertó una ola de duras críticas de parte de la oposición. Sin medir consecuencias políticas, Macri hoy reafirmó su pedido cuando explicó que los argentinos debemos "ver en qué cosa podemos ahorrar más energía (...) no tenemos suficiente energía, no podemos importar y estamos consumiendo más que la mayoría del mundo por persona".

Estas declaraciones nos pueden remitir a aquellas vertidas por Juan José Aranguren, polémico Ministro de Energía, cuando en mayo pasado justificó la suba en el precio de las naftas con un llamativo simplismo (de mercado): "si el consumidor considera que el precio del combustible es alto, deja de cargar". Parecería sencilla la solución con solo decirle a alguien "no te alcanza para la nafta de tu automóvil, entonces andá a pie o en bicicleta" (¡!)... pero el bueno de Aranguren parece no tener en cuenta la realidad de millones de argentinos que consumen combustibles para poder ganarse el pan de cada día. Y respecto a los pedidos de la oposición para suspender los aumentos generalizados en las tarifas, el Ministro lo consideró inviable al explicar "apartar a la Argentina del mundo y no reconocer los costos de producción nos provocó perder reservas y producción (...) si bien reconocemos la angustia que provoca, el presidente Macri lo ha dicho claramente, nosotros venimos acá para decir la verdad y la verdad es que no tenemos energía y si no hacemos algo, la situación va a empeorar".

Claro que, de entrada, estos dichos del Jefe de Estado generan rechazo y antipatía. Pero, si uno mira a su alrededor, enseguida se podemos notar dos cuestiones culturales de los argentinos que nos incriminan y atacan contra nuestros recursos energéticos:

◙ damos por obvio que el costo de la energía que a diario consumimos es irrisorio y, por ende,
◙ no escatimamos nunca el consumo.

Uno camina por las calles de San Juan y es recurrente ver gente regando sus jardines y/o limpiando sus veredas con abundante cantidades de agua. No cuidamos el agua. De hecho, es común dejar en el piso una manguera para que el agua potable corra como si fuera un arroyo para limpiar o regar. Pareciera que nadie es conciente de que la potabilización del agua es un proceso que no es nada barato... pero no importa.  
 
De hecho, como muestra del derroche del que nadie quiere reconocer, millones de argentinos se acostumbran a permanecer en sus ambientes con temperaturas muy lejanas a lo que marca el termómetro en las calles: calefacción a full en el invierno y refrigeración a pleno en el verano. Claro que cada cual puede disponer la temperatura de sus hogares como guste pero el problema radica después en que nadie quiere asumir que ese confort tiene un costo... costo que se ha elevado producto de la crisis energética que venimos arrastrando desde hacen largos años, no han habido inversiones en el sector, las reservas languidecen y que casi nadie quiere detenerse a analizar.

Los argentinos no queremos enfrentar la realidad de los altos costos de la producción de la energía y, menos aún, nos importa un bledo la grave pérdida de reservas que hemos padecido durante largos años. En este tiempo, nadie se ha quejado de lo ficticio de los precios tarifarios, nadie quiso hacerse cargo de que ello era una bomba de tiempo: así, los usuarios pagaban menos y los políticos ganaban elecciones. Todos felices.

Pero el panorama es diametralmente opuesto en la calidad de los servicios: restando los millones que "se perdían" en el camino, los subsidios estatales para empresas concesionarias servían para cubrir la diferencia entre lo que cuesta brindar un servicio y lo que efectivamente se cobra por ellos (sueldos de empleados, equipamientos, insumos, cuadrillas de mantenimiento, etc.). Dura realidad que a nadie le importó: todos pagábamos tarifas "baratas", viajábamos en transporte público con boletos "baratos".

En consecuencia, ante la irresponsable falta de inversiones en el sector energético y en los demás servicios públicos resulta tristemente lógico que hoy nos encontremos en una situación innecesariamente límite en la que las tarifas aumentan brutalmente pero su calidad de los servicios dista notablemente de ser la ideal.  

Con este oscuro panorama en materia energética, nos encontramos con un Gobierno que quiere explicar esta realidad con una lógica de mercado que nunca podrá atender las necesidades de un pueblo que suele comportarse como un niño malcriado. Macri y su gente no tienen un plan concreto para sortear esta crisis y solo proponen soluciones aisladas como si en la realidad socioeconómica de un país tuviera un abordaje tan simple como que 1 + 1 es 2.

MIÉNTANNOS Y LOS VOTAMOS. Los argentinos no queremos
ver la realidad.
Quizás por esto mismo es que Macri evita profundizar un ajuste que, seguramente en su fuero íntimo, desearía aplicar a fondo. Entonces, hasta el momento, el líder de Cambiemos solo se limita a medidas puntuales y no recurrir a una cirugía mayor que mine su imagen pública. A su vez, tanto Clarín como La Nación apoyan al Presidente de Macri cuando nos hablan de "recompsición tarifaria" y "sinceramiento de precios" para evitar hablar sobre "ajuste" y, menos aún, "recesión".

El costo político de esta mirada tan simplista es alto. Es una dura realidad que no queremos ver. Los argentinos queremos (y votamos) el camino fácil: el mismo simplismo de Macri lo aplicaba también el Gobierno de Cristina Fernández cuando suponía que todos los problemas macroeconómicos de nuestro país se tapaban con subsidios para todos y todas.

Haber tomado atajos tiene su costo. Y más tratándose de este país, en el que no nos gusta hacernos cargo de lo que nos toca. Nada queremos saber de la enfermedad ni de los remedios.
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