miércoles, 1 de octubre de 2014

De la legalización a la naturalización

Cada tanto, se vuelve a instalar la despenalización del consumo de drogas en la opinión pública nuestro país. Esta vez fue el sacerdote Juan Carlos Molina, titular de la Secretaría de Programación para la Prevención de la Drogadicción y la Lucha contra el Narcotráfico (Sedronar), quien pidió la "no criminalización del consumidor" explicando "el consumo adictivo es en todo caso un problema que se debe abordar desde la salud y no como una cuestión penal".

Antes, Molina ya había desatado una fuerte polémica en medios y redes sociales a raíz de declarar en Radio Nacional "yo, si me decís, yo habilitaría el consumo de todo y haría buenos centros, porque es la única forma que tenemos de combatir al narcotráfico, no hay otra a nivel mundial".

Este tema tiene varias aristas para ser abordado y nos invita a reflexionar sobre los límites de los derechos individuales y, sobre todo, cuál es realmente el rol del Estado en todo este drama. Podemos preguntarnos también si el pueblo argentino está debidamente preparado para que finalmente se legalice el consumo de drogas.

Juan Carlos Molina tiene razón cuando resalta cuánto se ha avanzado en la prevención del tabaquismo. Hasta hacen unos años, fumar tabaco era bien visto. Pitar un cigarrillo nos podía asimilar a personajes famosos que veíamos en televisión y en revistas. Gracias a efectivas campañas del Gobierno Nacional, es evidente que nuestra sociedad ha tomado conciencia acerca de lo nocivo del tabaco para la salud. Afortunadamente, ya no vemos publicidades que nos vendían las "bondades" de fumar un cigarrillo.

Pero, extrañamente, eso no sucede respecto a la marihuana. En los medios de comunicación pululan personajes "progresistas" que nos presentan a esta célebre hierba como algo casi inocuo y hasta revolucionario (?). Hasta se insiste en el "uso medicinal" de la plantita, algo de lo que no existen pruebas científicas contundentes que lo sostengan.  Eso sí: nadie habla de las consecuencias negativas de esta plantita para el organismo humano. Así, muchos adolescentes y jóvenes terminan convenciéndose de que fumar marihuana es de lo más "cool" y hacen propios los argumentos pro canábicos de ciertos formadores de opinión. 

Nuestros gobernantes aún no se han sincerado acerca de la honestidad con la que afrontan la lucha contra el narcotráfico. A la luz de los hechos, podemos observar que en estas últimas dos décadas el consumo de drogas ha crecido exponencialmente en la Argentina.

Los argentinos sabemos bien que las fronteras de nuestro país son muy frágiles, las puertas están abiertas de par en par para narcotraficantes y contrabandistas. Lo peor parece que a este Gobierno mucho no le interesa tomar cartas en el asunto.

Para muestra podemos tomar el penoso caso de la Ciudad de Rosario, la cual se ha convertido en tierra de nadie en la que los narcotraficantes se hacen un festín. Indudablemente, ellos no podrían delinquir tan descaradamente sino fuera en connivencia con autoridades. Esto ya le costó el cargo a Hugo Tognoli, ex Jefe de la Policía de Santa Fe, por sus vínculos con la mafia de la droga. No es casual que en la Provincia de Santa Fe ya existen denuncias de apoyo financiero del narcotráfico al Gobierno Provincial. 

Y sobre lo que nunca se quiso echar luz es sobre la financiación de campañas electorales. La sombra del narcotráfico se extiende sobre el marketing político, por lo que luego el político de turno hace la vista gorda ante el accionar de los oscuros mercaderes de la muerte. A muchos poderosos no les conviene.

Podemos recordar el Caso del Triple Crimen de General Rodríguez y la Mafia de la Efedrina, cuyas conexiones nos llevan al poco claro financiamiento de la campaña electoral de Cristina Fernández en el 2007. Nada se supo sobre los verdaderos culpables de los brutales asesinatos de Sebastián Forza, Damián Ferrón y Leopoldo Bina.

Muchos crímenes cometidos están asociados al consumo y comercialización de drogas. Si de dar soluciones al drama del narcotráfico, qué se puede esperar de un Gobierno que ostenta una negación casi patológica de la inseguridad que azota a la Argentina entera.

Entonces, si no hay mucha voluntad política de erradicar el narcotráfico poco podemos esperar de este proyecto y de cualquier otro. Tan solo son maquillajes que intentan disimular la hipocresía de nuestros representantes cada vez más lastimosa. 

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