domingo, 19 de mayo de 2013

Murió el perro pero no acabó la rabia

La muerte de Jorge Rafael Videla fue la noticia de la semana en la Argentina.

Su deceso se produjo en el Penal de Marcos Paz, en donde el dictador, de 87 años de edad, estaba condenado por numerosos crímenes de lesa humanidad.

Su muerte generó sensaciones encontradas por ser la cara visible emblemática del Terrorismo de Estado que nuestro país padeció entre los años 1976 y 1981. Sí, murió Videla... y hubo como un tsunami de sentires por este hecho: angustia, temor, angustia, rencor, odio, alivio, regocijo.

Videla nunca se mostró arrepentido del papel que libremente asumió en aquellos años. Cada vez que tuvo oportunidad, se jactó de la lucha armada que lideró contra la subversión sin eludir la responsabilidad que le tocaba, sosteniendo el mismo discurso durante más de tres décadas.

Luego de años de idas y vueltas, el ex presidente de facto murió en una cárcel común, condenado y repudiado. Ya murieron Emilio Eduardo Massera y Orlando Ramón Agosti, con quienes conformó el trío que no solo sembró el terror en este país, sino que fueron responsables de la implementación de un plan económico que destruyó la economía argentina y comprometió las finanzas futuras al incrementar en el endeudamiento externo.

Hoy en día es políticamente correcto putear a las Fuerzas Armadas por aquellos jerarcas que la lideraron durante aquellos años. Es cierto que se hacía necesario que hubiera Justicia para aquellos que cometieron sangrientos excesos desde el mismo Estado. Pero no nos equivoquemos: ellos no son los únicos que deben pagar sus crímenes. Hubo toda una sociedad civil que tácitamente avaló aquel Golpe de Estado... y hubieron otros también que se encargaron de sembrar odios y muertes.

A medida que aquellos personajes fueron demonizados, otros igualmente impresentables fueron prácticamente canonizados: aquella "juventud maraviollosa", aquellos "jóvenes idealistas"... imberbes que, al igual que Videla y sus cómplices, querían tomar el poder político por asalto, eludiendo cualquier sometimiento a la voluntad popular.

TODO UN MENSAJE. En 2004, Néstor Kirchner ordenó sacar el cuadro de 
Jorge Rafael Videla  del Colegio Militar; en aquel acto dsurdas declaró a los 
presentes "Nunca más tiene que volver a subvertirse el orden institucional".  
Entre los que lo aplaudían se encontraba nada  menos  que su hermana Alicia, 
ex funcionaria del Proceso Militar y aún Ministra de Desarrollo Social de la Nación...  
ironías absurdas de esta Argentina que aún nos duele
En su afán de poder, aquella "juventud maravillosa" asumió un papel de heroísmo que no le cabía y, en nombre de sus "ideales", también sembraron el terror en la Argentina. Hoy es políticamente correcto reivindicar aquella guerrilla que tanto daño le hizo al país.

En el kirchnerismo sobran moralistas y (pseudos) catedráticos de historia argentina. La figura de Videla les ha sido sumamente útil. Y lo seguirá siendo. Claro que entre ellos encontramos a muchos que en los años noventa vivaron a Carlos Menem cuando decretaba el Indulto,,, y también podemos contar a Néstor Kirchner y Cristina Fernández que en aquellos años estaban empecinados en hacerse ricos y, como otros millones de argentinos, permanecieron indiferentes al drama.

Debemos desalentar pasiones y dejar que la Justicia proceda libremente para, de una buena vez, cerrar nuestro pasado y poder vivir nuestro presente sin estériles rencores.

Lamentablemente, la sombra de Jorge Rafael Videla seguirá presente. A quienes hoy lucran con los derechos humanos les conviene agitar su fantasma de tanto en tanto. El desafío para la Argentina es sabe si aprenderemos la lección.

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