viernes, 15 de febrero de 2013

No habemus Papa

La renuncia de Joseph Ratzinger al papado bajo el nombre de Benedicto XVI tomó de sorpresa a todo el mundo y dio pie a conjeturas de las más diversas y disparatadas.

Lo cierto es que Benedicto XVI comunicó su renuncia argumentando "Ya no tengo fuerzas para ejercer adecuadamente el ministerio petrino" ya que, según su entender, "para gobernar la barca de san Pedro y anunciar el Evangelio, es necesario también el vigor tanto del cuerpo como del espíritu, vigor que, en los últimos meses, ha disminuido en mí de tal forma que he de reconocer mi incapacidad para ejercer bien el ministerio que me fue encomendado".


Joseph Ratzinger nació el 16 de abril de 1927 en Baviera, Alemania. En 1939 ingresó a un seminario para prepararse para ser sacerdote católico y fue obligado a inscribirse en las Juventudes Hitlerianas. Fue ordenado sacerdote en 1951; en Marzo de 1977 fue designado Arzobispo de Münich y Freising y en Junio del mismo año fue nombrado Cardenal. Participó en el Concilio Vaticano II y en tres cónclaves para elegir tres Papas: Juan Pablo I, Juan Pablo II y él mismo. Fue miembro activo de la Curia Romana, llegando a ser Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe. Resultó elegido Papa el 19 de abril de 2005, siendo el cuarto de origen alemán.

Desde mucho antes de ser Benedicto XVI, Ratzinger fue etiquetado como "conservador" por el solo hecho de no dejarse obnubilar por ciertas modas ideológicas.

Las críticas se endurecieron cuando este Papa tomó decisiones políticamente incorrectas (¡!) tales como autorizar la celebración de misas en latín, poner en duda la teoría de la imposición violenta de la fe católica en América y levantar la sanción de excomunión a cuatro sacerdotes que integraron el polémico movimiento de Marcel Lefebvre, entre los que se encuentra el británico Richard Williamson, quien protagonizó una gran polémica al manifestar públicamente su relativización del holocausto nazi.

Benedicto XVI se hizo cargo del escándalo por abusos sexuales cometidos por sacerdotes católicos. Pidió públicamente perdón en nombre de la Iglesia, promovió investigaciones y sancionó a los presbíteros a quienes se les comprobaron los delitos, además de colaborar con las justicias penales de los países en donde se cometieron esas aberraciones.

Mentes "progresistas" empezaron a elaborar hipótesis respecto a lo que podría haber motivado la dimisión de quien es considerado como Vicario de Cristo en la Tierra. Tal como se lee en el libro "El Código Da Vinci" (?) de Dan Brown, periodistas influyentes relataban tramas oscuras, luchas de poder en el seno mismo del Vaticano, que siniestros sacerdotes cercanos a él lo habrían obligado a abandonar el Papado, que no soportó los coletazos por el escándalo conocido como "Vatileaks" y demás cuestiones.

Por otro lado, como si se tratara de un juego de apuestas, distintos medios periodísticos empezaron a describir "la carrera" para llegar al "trono de San Pedro". Periodistas "serios" lanzaron nombres de "papables" (¿?), es decir, cardenales que contarían con grandes posibilidades de ser elegidos como el próximo Papa.

Inclusive hubieron periodistas que se animaron a delinear una agenda de temas para el sucesor de Benedicto XVI: aceptar el matrimonio entre personas del mismo sexo, que se deje de condenar el aborto y la eutanasia y que se permita el casamiento religioso a personas divorciadas, entre otras cuestiones que la máxima autoridad de la Iglesia Católica "debería" hacer.

En la mayoría de los casos, todas esas críticas y cuestionamientos son hechos desde una posición que no es constructiva para la Iglesia, sino que, solapadamente, apunta contra su destrucción y/o sustitución. Exhibir agresividad para con la Iglesia Católica como institución pareciera ser una credencial de modernidad, de progresismo, de libertad. Lamentablemente, mucha gente compra este mensaje y se suma a los ataques contra la Iglesia.

Benedicto XVI permaneció fiel a Dios y a la Iglesia y no cedió a fuertes presiones mediáticas. Gracias a Dios, nunca le interesó ser demagogo ni ajustó su accionar a mediciones de popularidad. Como bien dijo él en alguna oportunidad, Jesús no vino a este mundo en búsqueda de consensos sino a dar testimonio de la Verdad. Con sus limitaciones, Benedicto XVI procuró hacer lo mismo.

A mediados de marzo se realizará un Cónclave en el que se debe elegir al próximo Papa. Joseph Ratzniger permanecerá hasta ya esté designado su sucesor para luego retirarse a un monasterio de clausura. La obra de Dios continuará, a través de todos los bautizados como desde hacen dos mil años.

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