lunes, 17 de septiembre de 2012

No hay peor ciega

Miles y miles de argentinos se manifestaron pacíficamente en contra del "modelo kirchnerista" en distintas ciudades de la Argentina. La convocatoria no vino de algún referente ni partido político de la oposición, sino que fue originada casi espontáneamente desde Facebook y Twitter.

UNA GRAN PARTE DEL PAÍS MANIFESTÓ SU HARTAZGO. La pregunta es: ¿qué sigue después?

Desde el Gobierno Nacional, Juan Manuel Abal Medina, Jefe de Gabinete, fue quien salió a responder a los cacerolazos declarando "esta gente nunca votó a Cristina (Kirchner) y está bien que no lo haga. Les preocupará más lo que ocurre en Miami que en San Juan (...) pero no las políticas que expresa este Gobierno" y desafió "tienen todo el derecho de armar un partido y ganar unas elecciones".

Por su parte, Estela Barnes de Carlotto, histórica líder de Abuelas de Plaza de Mayo, también desacreditó la manifestación popular comentando "Era gente de clase media-alta, bien vestidos, digo porque los que se manifestan a veces son gente muy oprimida en el nivel económico...".

La cobertura de la prensa adicta al poder fue más agresiva que los dichos arriba citados. En efecto, la estrategia de los periodistas K fue clara: ridiculizar la manifestación poniendo la lupa sobre algunos atolondrados que también fueron parte de los cacerolazos.

Página/12 tituló "El que no salta es negro y K", en la que sus dos primeras oraciones fueron un claro resumen de la óptica del periodismo kirchnerista: "La consigna, coreada por un centenar de hombres y mujeres, jóvenes y viejos, prolijamente trajeados o en bermudas y musculosa, definía a la perfección el universo de manifestantes: ni negros ni kirchneristas. Cualquiera que cumpliera esas dos condiciones era bienvenido a una protesta en la que difícilmente dos participantes coincidieran en mucho más que eso". Leyendo esas dos frases, ya no hacía falta seguir leyendo el resto de esa nota.

6 7 8, acaso el producto propagandístico más popular, habló de "la Marcha del Odio" y criticando a los "cacerolos" (sic). Sus panelistas lamentaron que toda la gente que salió a expresarse sea gente que sea movilizada por "rabia" y apuntaron directamente a los "medios dominantes" como los organizadores y promtores de los cacerolazos en todo el país. En spots, ellos insisten en que "el amor sigue venciendo al odio"... seguramente, si ellos quisieran, podrían encontrar también otros personajes igualmente grotescos en esos actos multitudinarios que organiza el Frente para la Victoria.

El relato oficial hace ahora hincapié en la ira "anti-K", la cual es denominador común en una porción de la ciudadanía argentina. Ahora bien, pareciera que pertenecer a la clase media no habilita a nadie para criticar a la Sra. Presidente ni a ninguno de sus acólitos. Peor aún, salir a la calle para manifestarse en contra de este Gobierno Nacional es señal de pertenencia a la burguesía (¡!) y ser llevado de las narices por el Grupo Clarín y el Diario La Nación.


Resulta un chiste de mal gusto que los laderos de la Presidente de la Nación se quejen de gente de "buen vestir", haciendo alusión a gente adinerada, cuando es bien sabido que desde Cristina Elisabet Fernández, sus ministros, funcionarios y otros dirigentes cuentan con patrimonios personales que se miden en millones de pesos (y dólares): cuentan con suntuosas propiedades inmobiliarias, se movilizan en vehículos de alta gama, visten con ropa exclusiva, viajan en aviones y gozan de vacaciones en sitios paradisíacos.

Un poco menos fundamentalista se mostró Daniel Scioli, Gobernador de la Provincia de Buenos Aires, quien opinó A la gente hay que escucharla siempre, con mucho respeto, tener en cuenta sus reclamos y los que tenemos responsabilidad, trabajar incansablemente para poder ir dando respuesta a cada una de las cuestiones.” En tanto, José Luis Gioja, Gobernador de San Juan, quiso mostrarse más cauto cuando dijo "Yo creo que la democracia permite estas cosas. Yo digo siempre que los intereses generales deben estar por encima de los intereses particulares" pero, viejo zorro de la política, evitó incomodar a la Presidente cuando se explayó "Es probable que alguien se moleste porque no puede comprar dólares, pero hay una situación en el mundo que hace que se tenga que tomar esta medida. No es antojadiza. Yo siempre pido prudencia. Equilibrio. Hubo un país hace 10 años. Ahora hay otro país distinto". Entre paréntesis, acá en la Ciudad de San Juan, el cacerolazo fue importante y resultó patético el papel de muchos periodistas locales que se apuraron a aclarar que en esta Provincia nadie se queja de Gioja... claro, no vaya a ser que el Gobernador se enoje con ellos y les deje de pasar dinero para "publicidad oficial".

un diálogo que bien podría ser de dos militantes K.
Considero válida y respetable a la protesta del pasado jueves 13, aunque quedan varios interrogantes flotando en el aire. Las cacerolas volvieron a sonar en la Argentina, tal como pasó en los años 2001 y 2008, durante la caída del Gobierno que ¿lideraba? Fernando De la Rúa y durante el increíble "conflicto del campo", respectivamente. Más allá de lo impactantes que fueron aquellas manifestaciones, podría decir que los efectos a largo plazo no fueron los esperados, en parte por la astucia de algunos políticos, en parte por la mediocridad del mismo pueblo. En el caso del 2008, hubieron masivas muestras de rechazo a Néstor Kirchner y a Cristina Fernández en todo el país que se cristalizaron en un duro revés para el oficialismo en las elecciones legislativas del 2009... Sin embargo, no hubo una oposición que fuera capaz de construir una alternativa superadora ni tampoco una ciudadanía con memoria, ya que, en las elecciones generales del 2011, Fernández logró su ansiada reelección como Presidente de la Nación por amplio margen.

Ojo, los cacerolazos no fueron contra la Presidente: también fueron para la oposición. Hasta el momento, no se vislumbra un referente "no kirchnerista" que sea capaz de elaborar una alternativa viable y mejoradora a lo ya existente. De ser así, los cacerolazos seguirán siendo estériles no solo en el largo plazo sino en también en el mediano plazo.

Del otro lado, el kirchnerismo se ocupa solamente de destruir, de desautorizar, de subestimar a la gente. Lamentablemente, tenemos una Presidente para el "54%" de los argentinos, no una Presidente para todos (y todas).

4 comentarios:

Anónimo dijo...

amigo muy buenas las notas que haces, paso seguido para visitarlas... en cuanto a esta deberías haberte enfocado mas el caso en san juan, la repercusión en los diarios y canales locales fueron un desastre... están tapados los ojos con pautas oficiales...decir que habia 1200 personas es un chiste.. siguiendo con el periodismo en san juan,un programa que sale por canal teleson a la madrugada 00hs, existen dos periodistas que ademas de provocar a la gente quieren la confrontacion, dijeron entre otras cosas:
esta gente tiene envidia de ver que exista mas gente que se puede comprar zapatillas nuevas.
Son unos egoístas solo piensa en ellos y sus dolares
y una frase patética: la constitución se tiene que cambiar porque es vieja.. sobrotodo cuando un televidente le dice que en EEUU nunca se cambio y se respeta, dijo el periodista: el periodista dijo que estamos mejor que en EEUU... ahí apague la tele...

mario dijo...

Hola

Lo que decís del periodismo sanjuanino es muy real; está todo prostituído. Como está la situación, es prácticamente imposible hacer periodismo de investigación en esta Provincia.

No pude concurrir a la manifestación, por eso no me detuve mucho a hablar de San Juan.

Gracias por visitar este blog. Saludos.

Anónimo dijo...

NO NOS FALTE EL RESPETO,
SEÑOR ABAL MEDINA

por Enrique Arenz

Tiene razón: los que salimos a la calle el 13 de septiembre estábamos bien vestidos. Tan bien vestidos como se lo suele ver a usted aplaudiendo en el Salón Blanco, y seguramente como lo están todos sus amigos y familiares.

Y también es verdad que casi todos pertenecemos a la clase media, la que trabaja y produce, la que tiene auto y también la que viaja en los trenes infernales que usted habrá conocido por los diarios y la televisión.

Y esas personas bien vestidas, que esa noche le dijimos al gobierno muchas cosas, entre otras, que no queremos chorros ni les tenemos miedo, estamos muy orgullosos de ser el conglomerado social más importante de la Argentina. Porque la Argentina es una nación de clase media.

¿Sabe por qué, señor ministro? Porque en este país, sentirse “clase media” o ─tal vez esto le guste más─ tener conciencia de clase (de clase media, claro) es un ideal que nos hace sentir bien y que hemos heredado de nuestros padres y abuelos que empezaron de muy abajo y pudieron alcanzar en la vida una posición relativamente próspera. Unos más, otros menos. Con más o con menos suerte en la vida. Algunos lo perdieron todo, otros sobreviven con muy poco, como los jubilados o como los que reciben un modesto sueldo que la inflación que usted niega les devora día tras día.

Porque ser clase media en la Argentina no es necesariamente estar bien vestido y tener una buena posición económica (aunque todos aspiramos a lograr eso), ser clase media es tener una clara vivencia cultural, una idiosincrasia de clase media, una tendencia espiritual que llevamos en el alma y que nos enorgullece y nos motiva permanentemente.

No sé si usted lo observó (los políticos no suelen ver los detalles que saltan a la vista), pero cuando usted va a su dentista, el profesional que lo atiende pertenece a la clase media, pero curiosamente su linda y simpática secretaria también se siente parte de la orgullosa clase media argentina, aunque a lo mejor gana muy poco y se lo gasta todo en ropa.

Usted no tiene ningún derecho de faltarnos el respeto como lo hizo. La clase media, a la que pertenecemos casi todos los trabajadores argentinos (empleados de comercio, bancarios, empleados públicos, maestros, profesionales y hasta los camioneros de Moyano) es la que lo mantiene a usted, la que le paga el sueldo que ni siquiera se gana, porque por lo que sabemos hace muy poco, además de aplaudir y sonreírle simpáticamente a la vanidosa presidente, ¡y hasta festejarle que le diga que debe tenerle un poquito de miedo! A lo sumo anota todo en una libretita cuando debe soportar los reclamos de algún gobernador. ¿No le da vergüenza, señor Abal Medina? Usted no da conferencias de prensa, no habla con el periodismo, no se reúne con los ministros que se supone usted coordina. Sólo aplaude, y cuando habla con algún medio oficialista lo hace para faltarnos el respeto, ¡usted, nuestro servidor, nuestro empleado!

Anónimo dijo...

¿No se aburre de no hacer nada? Y no me diga que de vez en cuando toma alguna decisión difícil, porque eso no se lo va a creer nadie. Todos sabemos que en este gobierno los ministros son cuatros de copas, menos importantes que los secretarios que tienen debajo y que los vigilan ominosamente.

Entonces, siendo usted tan poco relevante, tan poco útil a este país, no nos falte el respeto. No diga burlonamente que ni siquiera pisábamos el pasto para no ensuciarnos los zapatos. ¿Sabe por qué no pisamos el pasto? Porque de chiquitos nos enseñaron a respetar la propiedade privada y los espacios públicos. El césped no debe pisotearse para que las plazas luzcan bellas. A usted tal vez sus padres no se lo enseñaron, pero a nosotros sí, como también nos enseñaron a respetar a nuestros maestros, a reverenciar la Constitución Nacional y a saber intercambiar ideas con quienes piensan distinto sin insultarlos ni considerarlos enemigos. Eso aprendimos de nuestros mayores quienes, orgullosamente, nos sentimos clase media argentina.

Señor Abal Medina, no se meta con nosotros porque le puede ir muy mal. Somos respetuosos e infinitamente pacientes, pero sabemos defendernos y hacer valer nuestros derechos. Muchos de nosotros no votamos ni votaríamos jamás a Cristina, pero otros sí la votaron, y sin embargo estaban en la calle la noche histórica del 13 de septiembre. Yo conozco a unos cuantos. ¿Y sabe por qué esas personas salieron a protestar? Porque su jefa es una mentirosa, y se calló durante la campaña todo lo que ahora está haciendo en contra de la voluntad del pueblo argentino. Nunca dijo que confiscaría empresas privadas, que encubriría escandalosos casos de corrupción, que nos prohibiría comprar dólares como si eso fuera un delito, que nos impediría salir del país libremente, que nos cobraría impuestos a las ganancias aún a quienes ganan modestos sueldos o viven de una jubilación, que usaría los fondos de la ANSES para dar subsidios que nadie sabe a qué bolsillos van a parar, porque todos los servicios subsidiados andan cada vez peor, y, sobre todo, nunca anticipó ni insinuó que intentaría reformar lo más sagrado que tenemos, nuestra prenda de unión: la Constitución Nacional, a la cual ella juró solemnemente cumplir y hacer cumplir.

Entonces, señor jefe de gabinete, tenga mucho cuidado con lo que dice. Más bien, si tiene un poco de sentido común, y si es que se anima, dele algún buen consejo a su jefa, dígale que es necesario escuchar lo que la gente reclama en la calle. Aprenda del señor Horacio González, que de querer censurar a Vargas Llosa pasó saludablemente a decir algo sensato: que hay que escuchar el clamor de la gente. Ahora bien, si ella lo hace callar en el acto, como es muy probable, tenga un poco de dignidad, renuncie, y después recorra los canales de televisión como su antecesor Alberto Fernández.

(http://enriquearenz.blogspot.com.ar/)

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