domingo, 30 de septiembre de 2012

No estamos en Harvard

Cristina Elisabet Fernández se paseó por Nueva York en esta última semana, en la que fue a participar en la 67° Asamblea Anual de la Organización de las Naciones Unidas y visitó las prestigiosas universidades de Georgetown, ubicada en Washington y Harvard, en Boston.

Amante de lujos y placeres mundanos, la Presidente Fernández eligió hospedarse en el lujoso hotel Mandarin Oriental, ubicado en el Upper West Side de Manhattan, a muy pocos metros del reconocido Central Park. Un hotel que maneja tarifas (en dólares) a años luz del presupuesto de millones de familias argentinas.

En la Gran Manzana, Ella visitó la muestra "Evita, pasión y acción" y se dio tiempo para reunirse con el poderosísimo empresario George Soros, quien posee inversiones en la Argentina, como así también con autoridades del Grupo Exxon y el titular del Banco Interamericano de Desarrollo.

Como cuestiones salientes, se pueden mencionar que, en la Asamblea de la ONU, la titular del Ejecutivo Nacional criticó duramente al capitalismo (¡!), realizó un enésimo reclamo ante la ONU para que Gran Bretaña acepte negociar la soberanía de las Islas Malvinas, como así también instruyó al Canciller Héctor Timerman para que inicie negociaciones con el gobierno de Irán para esclarecer el Atentado contra la AMIA.

Lejos de nuestro país, la presidente argentina minimizó los cacerolazos declarando a Tiempo Argentino que "Algunas medidas al que tuvo poder en algún momento puede que no le hayan gustado. Pero en realidad creo que todos los argentinos, más allá del lugar que ocupen, saben que si le va mal a la gran mayoría, finalmente termina afectando a todos".

El saldo de la mini gira por los Estados Unidos no fue quizás el esperado por la primera mandataria argentina, ya que tuvo que enfrentar otros cacerolazos, además de preguntas tan inesperadas como incómodas de parte de estudiantes universitarios. Los cacerolazos que tuvieron lugar en Estados Unidos fueron organizados desde las redes sociales a través del cual se convocaron a argentinos residentes en Nueva York para protestar contra el Gobierno Nacional.

Asimismo, los encuentros con los estudiantes merecieron todo un capítulo aparte por toda la tela que dejó por cortar. Estudiantes de esas prestigiosas casas de Altos Estudios preguntaron a la Presidente Fernández sobre cuestiones como el escandaloso crecimiento de su patrimonio personal, las mentiras del INDEC, el "cepo cambiario", la intolerancia ideológica y la reforma constitucional que ya impulsan los sectores más duros del kirchnerismo.


CACEROLEROS EN MANHATTAN.  Bien vestidos, claro.
La reacción del periodismo ultrakirchnerista fue harto previsible: habló de maniobras del Grupo Clarín quien, desde las sombras, habría instigado las incómodas preguntas de los estudiantes universitarios para Cristina Fernández, como así también se empeñaron en hurgar en la ideología de todos y cada uno de los protagonistas más salientes.

Por ejemplo, Diario Crónica informó, entre otras cosas, que "el organizador principal de la protesta contra la Presidenta en Estados Unidos fue Tomás Pérez Alati, becario de derecho en la Universidad de Fordham e hijo de Pedro Pérez Alati, miembro de un estudio de abogados en el que comparte sociedad con, entre otros, Eugenio Aramburu (hijo del dictador Pedro Aramburu), José Alfredo Martínez de Hoz (hijo) y Mariano Grondona". Por su parte, Tiempo Argentino tituló "Los apellidos de la dictadura que lideraron el cacerolazo en Nueva York", en el que además de analizar la familia Pérez Alati, denunciaron a Fuentes Vila y Benites, dos hombres con vinculaciones con la Dictadura.

En la Georgetown University, se previó que los periodistas no serían quienes podrían interrogar a la presidente argentina sino los estudiantes de dicha casa. Allí, Cristina Fernández arremetió contra el rol del Fondo Monetario Internacional en América Latina, como así también fustigó (otra vez) a los medios más influyentes de este país (dijo "en la Argentina no hablar con la prensa es no decir lo que ellos quieren escuchar") y defendió los índices que habitualmente difunde el INDEC expresando que si la inflación anual de la Argentina fuera del 25%, "el país estallaría por los aires". Ante ser blnco de cuestionamientos, Fernández contraatacó a la audiencia preguntándoles "¿Cómo miden las estadísticas aquí en Estados Unidos? No tienen ni idea". Cuando un estudiante venezolano le preguntó por una eventual rechazo de Hugo Chávez a una derrota electoral, Fernández le dijo "Vos sos de la oposición, tenés todo el derecho a ser de la oposición, pero no a tergiversar los hechos". Una de las frases más certeras fue, acaso, "El único lugar de América donde no hay golpes es en Estados Unidos, y eso es porque no hay ninguna embajada americana".

Ya en la célebre Universidad de Harvard, la Presidente de la Nación fue nuevamente abordada por los estudiantes universitarios con similares preguntas, siempre incómodas. En la previa a ese encuentro, el Partido Liberal Libertario (¿?) se encargó de "sugerir" por escrito a periodistas estadounidenses y a los alumnos algunos interrogantes para presentarle a Fernández, como así también circuló un panfleto anónimo titulado "Speak out for Argentina" en el que se marcaban ítems para tratar con Cristina Fernández, como las mediciones del INDEC, libertad de prensa, restricciones al dólar y sobre la suerte que correrá el Grupo Clarín después del renombrado "7 de diciembre". No sé los dos episodios en ambas universidades estadounidenses hayan sido toda una maquiavélica puesta en escena armada desde Clarín y La Nación, pero fue indudablemente fogoneada.


En Harvard, se vio a los estudiantes con sus preguntas previamente anotadas (...) para dirigirse a la presidente argentina. Entre los que más incomodaron a Fernández estuvieron Juan Ignacio Maquieyra , ex funcionario del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires y Juan Manuel Avendaño, nacido en San Juan y que cursa en Harvard un posgrado en Boquímica. Maquieyra le preguntó sin rodeos si ella misma está motorizando una reforma constitucional para poder ser nuevamente reelegida, a lo que la primera mandataria cerró tajante con un ambiguo "No es responsabilidad ni deseo de esta presidenta una reforma de la Constitución". El muchacho sanjuanino empezó diciéndole que es un “privilegiado de poder ser uno de los pocos argentinos que podía hacerle preguntas” para luego cuestionó sobre las mediciones del INDEC y si Ella puede permitirse una autocrítica, lo cual visiblemente irritó a la Presidente. Para explicar el increíble crecimiento de su patrimonio personal, Cristina Elisabet Fernández explicó con inusitada simpleza que ella ha sido "una exitosa abogada" (¡!) y es ahora "una exitosa presidentA".



MAQUIEYRA VERSUS FERNÁNDEZ. Estudiante militante del PRO juega su papel
Allí que Cristina Fernández lanzó el poco feliz "Chicos estamos en Harvard... esas cosas son para la Matanza", el cual disparó interpretaciones distintas: desde los que la acusaron de ser cruelmente discriminatoria con los estudiantes universitarios del partido bonaerense más populoso hasta aquellos obsecuentes que, de distintas maneras, intentan probar que esa frase fue descontextualizada (¿?).

El Gobernador Daniel Scioli salió a decir que "La Presidenta tiene gran afecto y respeto por la Matanza", mientras que el portal de noticias (kirchnerista) tituló "La Nación aumentó en $ 230 millones los aportes a Universidad de La Matanza". Luis D'Elia salió a declarar "Clarín intentó armar una confrontación entre la Presidenta y el pueblo de La Matanza para tapar que varios jóvenes que preguntaban en Harvard eran militantes del PRO" y pronosticó que "Ni Clarín ni los jóvenes del Pro van a quebrar el amor que tiene La Matanza por Néstor (Kirchner) y Cristina (Fernández de Kirchner)”.

Daniel Martínez, Rector de la Universidad Nacional de La Matanza se refirió a la polémica frase de la Jefe de Estado manifestando "fue una frase desafortunada pero creo que no la dijo con la intención de causar tristeza en la comunidad educativa" (...) y reconoció que le "causó dolor lo que dijo". Resultó llamativa la repercusión mediática que ganó Andrea Mendoza, de 38 años de edad y estudiante en la UNLM, quien salió a defender a la Presidente Fernández declarando en el Canal C5N "No lo tomé para nada mal, es parte de su humor. Yo vengo siguiendo sus discursos, su forma de hablar, de dirigirse y tiene esos comentarios pero sé que lo dijo con cariño".

Víctor Hugo Morales, ultrakirchnerista conver$o, fue lapidario con los universitarios que interrogaron a la Presidente Cristian Fernández. En su programa emitido en Radio Continental, el reconocido relator analizó “ayer se vio a chicos que la sacaban de quicio a la Presidenta, que estaban formateados, preguntando algo que es una opinión”, a lo que agregó “el nivel de las preguntas eran recortes de diario, no se inspiraron. Fue penoso. Fue desolador y me entristeció mucho ver el miedo de algunos de los alumnos”.

Al fin de cuentas, más allá de las polémicas generadas por dichos y actitudes de la Presidente de los argentinos, lo acontecido en los Estados Unidos se trató de un nuevo round de la violenta pelea entre el Gobierno Nacional y los diarios Clarín y La Nación. Fue otra demostración de fuerza para ambos bandos.

Desde sus épocas como legisladora, Cristina Fernández ha desarrollado una asombrosa habilidad en su oratoria para saber manejar gestos y palabras, para decir y no decir, para atacar y contraatacar hasta la estigmatización a todo aquel que la contradiga y critique. Es más, en sus innumerables elogios a si misma y a su marido, Fernández se fundamenta en datos e informaciones que generan caprichosamente el INDEC como la prensa "militante". Nada nuevo bajo el sol.

1 comentario:

Anónimo dijo...

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