lunes, 2 de abril de 2012

Malvinas y la capitalización de un hondo sentir argentino

CEMENTERIO DE DARWIN EN LAS ISLAS MALVINAS. 
Hoy, 02 de abril de 2012, se cumplen 30 años del desembarco de las tropas militares argentinas en las Islas Malvinas.

En nuestro país se conmemora el inicio de un conflicto bélico que, a la postre, nos dejó muchas más lágrimas que sonrisas. Este 30º aniversario nos encuentra a los argentinos protagonizando una inédita avanzada diplomática que encabeza la Presidente Cristina Fernández que tiene por objetivo presionar a Gran Bretaña para que, finalmente, acceda a negociar la soberanía de las islas. Como nunca antes se vio, otros países latinoamericanos nos brindaron señales (tibias, al fin) de apoyo al persistente reclamo argentino.

Hacen 30 años, el Dictador Leopoldo Fortunato Galtieri y sus secuaces procuraron capitalizar en beneficio propio lo que representa una legítima causa nacional. Esos energúmenos improvisaron una guerra ante un enemigo mucho mejor preparado y más poderoso. Sin dimensionarlo, millones de argentinos salieron a las calles para festejar la efímera recuperación de las Islas como si se tratara de la obtención de un mundial de fútbol.

Hoy, 30 años después, hay un Gobierno Nacional que también quiere capitalizar políticamente el reclamo legítimo por la soberanía de las tan queridas Islas. La Presidente Cristina Fernández anunción con bombos y platillos la "desclasificación" del Informe Rattenbach, en el que se pone acento en la culpabilidad de las Juntas Militares que sometieron a nuestro país en aquellos años y, así, sumar otro eslabón más en su peculiar política de "derechos humanos". En realidad, ese informe no ha sido tan secreto, ya que en Noviembre de 1983, la Revista Siete Días publicó las conclusiones obtenidas por la Comisión que presidió el Coronel Benjamín Rattenbach.

En la Ciudad de Ushuaia, durante el acto por el Día del Veterano y los Caídos en Malvinas, Fernández inició su discurso haciendo referencia a Néstor Kirchner y, claro está, halagándose a si misma, cuando comentó ante los micrófonos que "Eso me decía ÉL siempre, que yo era una presidentA malvinera" (¡!). La primera mandataria explicó que aquella guerra "No fue una decisión del pueblo argentino la del 2 de abril; que ni siquiera estaba detrás de ella el intento válido de ejercer soberanía; sino un intento de perpetuarse en el poder". Sin que lo colorado de su cabellera llegue a sus mejillas, Fernández aseguró que Argentina lucha “para que no sigan depredando nuestros recuresos naturales, ictícolas y pesqueros”... ¿acaso en el territorio continental argentino no hubo y hay una desenfrenada entrega de recursos naturales?, ¿acaso el Mar Argentino no es un espacio en donde navíos extranjeros se hacen un festín con pesca indiscriminada en complicidad con autoridades locales?.

El kirchnerismo usa la Cuestión Malvinas para justificar la denigración de las Fuerzas Armadas que lleva adelante desde el año 2003. Lo que parecen olvidar que es aquella locura de Galtieri fue apoyada por la inmensa mayoría del pueblo con dirigentes políticos a la cabeza; solo hubo un solo dirigente político que tuvo el coraje de oponerse a la Guerra en 1982 y no fue precisamente Néstor Kirchner, sino que fue Raúl Alfonsín.

Hacen 30 años, la estupidez argentina se vio reflejada en cuestiones como eso de prohibir la difusión de canciones en idioma inglés. Pocos años después, la estupidez se evidenció cuando creímos que Argentina vengaba la derrota en la Guerra con un par de goles de Maradona. Hoy, la estupidez se vé en actitudes infantiles como la de la cobarde agrupación Quebracho que, junto a otros minúsculos grupos que se benefician con la impunidad de siempre, quiso destruir la embajada británica en Buenos Aires y atentó contra las instalaciones del Banco HSBC.

La cuestión Malvinas enardece el nacionalismo argentino, al menos por unos instantes. Desde que empezamos la escuela, los argentinos repetimos sórdidamente "LAS MALVINAS FUERON SON Y SERÁN ARGENTINAS". Ya en los primeros años de vida, aprendemos las fundamentaciones argentinas que sostienen el reclamo argentino de soberanía sobre las islas del Atlántico Sur que siguen bajo poder británico... fundamentaciones que poco y nada importan a las principales potencias del mundo.

Malvinas despierta una nacionalismo que, a la luz de los hechos, luego queda endeble en la cotidianidad. En las canchas de fútbol resuena el cantito "el que no salta es un inglés", como parte del folklore futbolero... Aunque, a la hora de de la verdad, dejemos bastante que desear. Los argentinos somos mudos testigos de la corrupción de nuestros gobernantes, indiferentes a la hora de votar y participar en política, cómplices silenciosos de la entrega de recursos naturales, de la inseguridad agobiante. Los argentinos somos protagonistas del "no-te-metás" y orgullosos practicantes de la "viveza criolla".

Otra mirada sobre Malvinas

Como pasa con los mundiales de fútbol, cada 02 de abril nos recuerda la argentinidad, más en este del año 2012 en el que ya se cumplen tres décadas del inicio de una guerra tan innecesaria como dolorosa.

OSCAR LEDESMA. 
Oscar Ledesma tiene, actualmente, 48 años de edad y es uno de los cientos de argentinos que fueron enviados a las Islas Malvinas a combatir por la soberanía de nuestro país. Cuando tenía casi 19 años, a fines de mayo de 1982, Ledesma protagonizó el duro combate desatado en plena madrugada contra las fuerzas británicas en Pradera del Ganso, en el que mató nada menos que a Herbert Jones, Jefe de los Paracaidistas y de por entonces 29 años. Aquella batalla crucial signó la suerte de Argentina, ya que fueron los ingleses los que impusieron condiciones en base a su harto reconocido poderío militar.

Entrevistado por Diario Perfil, Ledesma asegura que no se siente héroe por haber participado en aquella gesta ya que opina que “Héroe es el padre de familia que se levanta a las 5 de la mañana y sale a trabajar para buscar el pan para su casa y vuelve a las 9 de la noche. Yo sólo hice lo que tenía que hacer para salvar mi vida, fue sólo supervivencia”. El ex combatiente evoca “El combate fue muy duro, ellos nos superaban en todos los aspectos y lanzaron una ofensiva sorpresa. El primer ataque duró entre 4 y 6 horas, pero para mí fue eterno, siento que aún estoy ahí y veo a mis compañeros muriendo alrededor mío. Yo estaba a cargo de la única ametralladora Mag que estaba en funcionamiento ya que las otras no servían. En pleno combate se me trabó el arma y con el fuego enemigo zumbándonos los oídos tuvimos que repararlo, fue terrible. Pensé que era el fin, pero pudimos arreglarla a pesar de la balacera y volvimos a defendernos”. Asimismo, contrariamente a lo que sienten millones de compatriotas, Ledesma remarca que “Tengo la deuda de decirle a la viuda de Jones, que su marido murió como un héroe, combatiendo hasta el último suspiro. Tuvo una audacia sobrenatural. Nunca fue para mí un trofeo y siento que nunca lo odié a él ni a ningún soldado inglés. Era una guerra que no era nuestra. Actualmente, Jones cuenta con un homenaje póstumo con un monolito enclavado en el lugar exacto en el que cayó abatido por el entonces adolescente argentino.

La mirada de Ledesma difiere de la que hoy ostentan muchos de sus compatriotas y no deja de ser en si misma un mensaje pacificador y reconciliador que nos recuerda la crueldad de las guerras. Lo de Ledesma es un ejemplo que debemos considerar para aprender la lección, de una buena vez por todas.
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