domingo, 25 de marzo de 2012

Carta abierta a los jóvenes idealistas de hoy

Los he visto ayer en la plaza. Los observo y los contemplo en esos rostros iluminados por una alegría indescifrable, quizás de pertenencia a un grupo nacido gracias a una manipulación discursiva de significantes vacíos, tal como lo plantea Laclau y Mouffe.

He disfrutado con la abstracción de imaginar sus risas provenientes de la genuina defensa de la democracia. También he pensado que sus remeras, sus pancartas y sus banderas hechas por sus manos- no aquellas que vienen manufacturadas y pagadas con dineros políticos- son una manifestación palpable de lo que realmente entienden por la política y lo que en ella comprende la búsqueda de consensos.

No soy tan mayor como mis letras pueden inferir. Tengo 33 años, nací en 1978 bajo la nefasta y asesina dictadura militar de Videla, Massera y Agosti. Sí, la más sanguinaria y perversa de toda la joven historia argentina.

Aún así, me siento viejo hoy. No es porque no me sienta parte de lo que ustedes están acompañando (si es que son capaces de definirlo) sino porque realmente creo que ayer y hoy cuentan una historia duplicada, haciendo que mis años pesen el doble. Logrando que un relato reemplace al otro y que todos no podamos finalmente encontrar la justicia y asumir las culpas como sociedad ante lo que creo yo, fue un suicidio colectivo producto de no poder definir a la política como el arte de la búsqueda de los consensos y el respeto a la opinión del otro. Aprendamos que "política" es gobernar en beneficio de la sociedad, no en contra de ella.

Cada día que pasa veo que las acciones políticas tienden a instaurar una única lectura de la realidad ante la impasividad del resto que bien podría exigir el respeto democrático al disenso. Cada acción política se enmarca en una perversa construcción maniquea que exculpa a miles de personas de sus crímenes cometidos contra otros seres humanos en defensa de una ideología, en defensa de un modo de vida que intentaba forzar su existencia a como de lugar.

Cuando elegimos volver a la democracia, gracias a los esfuerzos de muchos valientes que encabezaron permanentemente la lucha, aún en dictadura, dimos el primer paso adelante. La Guerra de Malvinas fue la gota que rebalsó el vaso puesto que ya teníamos la decisión tomada de terminar con los liderazgos cancinos de personajes como el megalómano Galtieri. Ese paso fue el primero en la reconstrucción de una sociedad que debía buscar, imperiosamente, la paz y la concordia. Con la búsqueda de la verdad, bajo la estricta mirada de la Justicia.

El primer presidente que asumió en la vuelta de la democracia tomó la decisión de llevar adelante el Juicio a las Juntas militares, con mucho coraje, -mucho más que el que ahora pretenden arrogarse desde una posición de poder económico diametralmente opuesta. Raúl Ricardo Alfonsín no le tembló el pulso para firmar esos decretos (el 157 y el 158) que comenzaran el largo camino en la búsqueda de la Justicia y la verdad. Valores que no pueden estar ausentes mientras creamos en la democracia y en la libertad. El primer decreto ordenaba enjuiciar a los responsables de los grupos terroristas Montoneros y ERP. El segundo, procesar a todos los militares responsables en las tres Juntas. Ese mismo día, Alfonsín creó la CONADEP.

SÁBATO Y ALFONSÍN. Dos nobles luchadores por los derechos humanos PARA TODOS.

Lamentablemente, otro líder popular emanado de nuestra compleja democracia, tomó la decisión en 1990 de indultar a todos los responsables de aquel período. Ese responsable político riojano le ha hecho muchísimo daño a la democracia argentina y los que vinieron después sólo se dedicaron a retrotraer parcialmente lo revocado. Se han olvidado de quienes habían comenzado con el terror muchos años antes de que la Argentina cayera en las perversas manos militares.

Hoy se reivindica la lucha armada setentista. Se reivindica y se pone en la categoría de jóvenes idealistas a verdaderos psicópatas que jugaban a ser dioses empuñando armas de guerra, en defensa de sus ideas. ¡Bárbaros! Aún no hemos aprendido que las ideas no se enseñan por la fuerza ni se mantienen gracias a ella. Nada de lo que nos obliguen a creer podrá hacerse carne por mucho tiempo. Y si utilizan la mentira y la manipulación caerán en contradicciones más rápidamente de lo que creen, puesto que como decía Abraham Lincoln a sus compatriotas: "Podrás engañar a todos durante algún tiempo; podrás engañar a alguien siempre; pero no podrás engañar siempre a todos."

Queridos hijos de esta Patria llamada Argentina, ustedes están hoy en condiciones de revertir todo el daño que sus mayores han cometido por décadas, casi un siglo diría. No hay mejor recomendación para los tiempos que corren que animarse a pensar. Immanuel Kant hablaba de la ilustración como la salida de nuestra minoría de edad, es decir, dejar de lado nuestra incapacidad de servirnos de nuestro propio entendimiento, sin la conducción de otro.

Despójense del lastre que significan los perversos, mentirosos, contradictorios y desvergonzados líderes políticos que usan un discurso que no le es propio. Saben cómo utilizarlo en su propio beneficio y de ello no quedan dudas a la hora de evaluar sus riquezas donde la primera contradicción estriba en vivir de la política hace décadas y ser multimillonarios. ¿Acaso eso no es suficiente como para comenzar a escarbar en su psíquis megalómana?


Busquen, lean a quienes hoy son estigmatizados (¡y no estigmaticen a nadie!), intenten resolver ustedes mismos las contradicciones en las que son forzados a caer permanentemente. Indaguen y busquen los resultados de sus políticas y constanten si lo que anuncian se cumple y cuánto se cumple. Desconfíen siempre de sus palabras, háganlo en defensa propia y como motor de búsqueda de la verdad. Nada es como se lo relata por parte de quienes no han sido capaces de asumir sus responsabilidades en la peor tragedia argentina.

Sin ustedes, no podremos terminar con el odio y el resentimiento. Porque la lucha y el combate sigue en esas perversas mentes. Sin ustedes, como buscadores de la verdad, no podremos terminar con la bipolaridad en la que quieren hundirnos. No debe existir jamás la categorización amigo/enemigo que muy bien han aprendido estos manipuladores, del propio Carl Schmitt. Somos un pueblo que busca crecer en sociedad y que debe reunirse a debatir políticamente de manera responsable y comprender la mirada del otro (adversario, quizá), como un desafío para la argumentación y construcción de esos maravillosos consensos que han convertido a pequeños países del mundo en verdaderas potencias.

Debatan con argumentos, construyan su pensamiento con la búsqueda de la verdad. Rechacen la mediatización de la política y el falso debate donde las agresiones y las acusaciones a dedo levantado, sólo se visten de falacias y prejuicios. No construyan ídolos de la política y nunca olviden que nadie le debe rendir pleitesía a ningún político. Ellos están al servicios del Pueblo. Como funcionarios públicos, nos deben rendir cuentas siempre. -¡Sapere Aude!

Un hermano de tu Patria 
que aborrece las tendencias autoritarias 
y el culto a la personalidad. 
Contra los fanatismos y los dogmas.

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