martes, 28 de febrero de 2012

El silencio de los culpables

FERNÁNDEZ y el "yo-no-fui" tan argentino
Una tragedia que costó 50 vidas y poco más de 700 heridos. Trenes en mal estado, pasajeros que viajaban como animales. Subsidios prolijamente descontrolados para la empresa concesionaria. Tarifas irrisorias para no despertar conciencias. Una Comisión Nacional de Regulación del Transporte de Argentina ausente.

El Gobierno Nacional no se hizo cargo y, en una medida indefendible, anunció con bombos y platillos que se iba a presentar como "particular querellante". El Ministro de Planificación Federal Julio De Vido y el Secretario de transporte Juan Pablo Schiavi aseguraron que los trenes funcionaban correctamente en los días previos al desastre, como así también defendieron las "inversiones" realizadas en el sector ferroviario desde el año 2003 hasta la fecha.  Antes, Schiavi fue enviado para dar la cara en nombre del Gobierno y, en conferencia de prensa, analizó "si esto hubiera ocurrido ayer, que era un día feriado, seguramente ese coche hubiera impactado y hubiera sido una cosa mucho menor y no de la gravedad que fue hoy, que lo constituyó en un accidente extremísimo (sic)" (¿¿??).

Roque Cirigliano, Director de Material Rodante y Nuevo Servicio de la empresa TBA, también se desligó de cualquier cargo y culpa cuando aseguró que el servicio de la empresa concesionaria del servicio de transporte ferroviario era "aceptable" y que todo lo acontecido se debía a un "error humano". Según informa el Diario La Nación, además de controlar TBA, la familia Cirigliano es uno de los proveedores de los decodificadores de televisión digital que el Gobierno Nacional empezó a entregar desde el año 2010.

Ante el desconcierto, oportunistas aparecieron en escena para protagonizar desmanes en la Estación en donde había ocurrido la tragedia. Desde el kirchnerismo, se pretendió desviar la atención acusando a la oposición de querer usufructuar con el dolor ajeno y algunos aventuraron que esos patoteros eran enviados desde sectores políticos enfrentados con el Gobierno Nacional. A la luz de los hechos, esos hechos violentos no beneficiaron a algún dirigente en particular sino, más bien, hicieron que nos olvidáramos por un momento de quién es el principal responsable de tantas muertes, de tantos heridos, de tanto dolor. Si alguien pagó a esos inadaptados, entonces podemos suponer quién fue...

 En su primera aparición pública después de la tragedia, Cristina Elisabet Fernández eludió toda responsabilidad que le cabe. Presidiendo el acto de la conmemoración del bicentenario del primer izamiento de la Bandera Nacional, Fernández puso un tono melodramático en su voz para gritar "Yo quiero decirles a todos ellos y a los 40 millones de argentinos; a los que me quieren y a los que no: voy a tomar las decisiones que sean necesarias una vez que la Justicia decida". Sin ruborizarse, la primera mandataria presionó al magistarado que está investigando cuando lanzó "Le pido algo encarecidamente a esta Justicia. La pericia para determinar los responsables directos e indirectos no puede durar más de 15 días" y, con la máxima caradurez, remató "Los 40 millones de argentinos y las víctimas necesitan saber qué pasó y quién es el responsable. Lo que sí tendrá que haber es justicia, de una buena vez y para siempre". Para dramatizar aún más su puesta en escena, Cristina Fernández dejó caer lágrimas de sus ojos ante la multitud.

El Gobierno Nacional decretó dos días de duelo por las víctimas y se suspendieron los festejos del Carnaval en la Ciudad de Buenos Aires (¡!)... pero ni así la Sra. Presidente canceló su habitual escapada a El Calafate, aprovechando el fin de semana "largo". Para intentar calmar los ánimos, la titular del Ejecutivo Nacional dispuso la intervención de TBA y, por otro lado, la Auditoría General de la Nación publicó un informe en el que acusa a dicha empresa concesionaria de desarrollar una política “metódica y sistemática” de “desinversión y falta de mantenimiento” que puso en riesgo “la seguridad operativa del servicio”. A destiempo. Ya no sirve.

Cristina Fernández sigue actuando con una tremenda hipocresía, buscando ganar tiempo, confundiendo tantos y embarrando la cancha hasta que esta causa, como tantísimas otras, se termine diluyendo en el tiempo. La estrategia del kirchnerismo sigue siendo la misma: no hacerse cargo de nada y culpar de todo a la oposición. Lo sucedido en Once no es la excepción.

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