martes, 20 de diciembre de 2011

Y no se fueron todos

DE LA RÚA Y SU TRISTE FINAL POLÍTICO.
En la Argentina se cumplen 10 años de aquellos duros días de Diciembre de 2001: cacerolazos, saqueos, represión policial, heridos, muertos y un Presidente de la Nación que, excedido por la situación, renunció.

A casi 10 años, Fernando De la Rúa concedió una interesante entrevista en un programa en América 24 y dejó algunas definiciones de aquellos días tan tristes en nuestra historia.

Sin vueltas, el ex Presidente de la Nación aseguró que "El peronismo instrumentó un golpe civil, trajo violencia a la Plaza de Mayo y conspiró con el FMI. Fue una maniobra de Duhalde y Ruckauf, quienes venían operando hacía meses" y admitió "Cometí dos errores: creer que el FMI iba a cumplir con su rol de asistencia y que el peronismo no avanzaría en la toma del poder".

Asimismo, De la Rúa reconoció haberse equivocado en decretar Estado de Sitio y rebajar sueldos en la administración pública, se queja de haber sido abandonado por Carlos "Chacho" Álvarez y la Unión Cívica Radical y pide que se inicie prontamente el Juicio por las Coimas en el Senado para que demuestre que todo fue "una falsedad absoluta, de principio a fin". Reivindicó por enésima vez el haber mantenido la convertibilidad que impuso Carlos Menem y el haber nombrado a Domingo Cavallo, ya que ambas cuestiones eran pedidas por "todos".

En una entrevista publicada por Diario La Nación, Fernando De la Rúa insiste en que, de poder volver a aquellos días, "No declararía el estado de sitio. Yo no lo quería pero me convencieron el ministro del Interior [Ramón Mestre] y el jefe de Gabinete [Chrystian Colombo] porque era un clamor de los gobernadores justicialistas que no podían controlar la violencia en sus provincias. Era un gesto para mostrarles que estábamos dispuestos a prestarles asistencia, pero no se reglamentó ni se usó, todo empeoró. Tuve una errónea evaluación, pensé que la gente estaba preocupada por los asaltos y que eso la iba a tranquilizar. Pero cuando lo informé por televisión la reacción fueron los cacerolazos". El ex primer mandatario justificó el corralito bancario al explicar que "Fue para preservar los ahorros, se bancarizaron pero no se tocó la propiedad de los ahorros. El que le sacó la plata a la gente fue Duhalde con el corralón, que se apropió de los ingresos para hacer la pesificación asimétrica, y de eso ya no habla nadie".

Buenos Aires, epicentro del terremoto social
Estos dichos de De la Rúa recibieron un apoyo de los más inesperados: el siempre polémico Horacio Verbitsky opinó que "Yo creo que tiene razón, fue un golpe de Estado que partió del ex presidente Duhalde, el ex presidente Alfonsín y el FMI", aunque rápidamente aclaró que "Eso no da para asociación ilícita, pero no quita que haya habido una intencionalidad detrás de esa situación. No obstante, eso no releva a De la Rúa de la absoluta torpeza".

Hacen unas semanas, Domingo Felipe Cavallo, ex Ministro de Economía, reconocía que fue un error haber trabajado en el Gobierno de la Alianza, también culpó al F.M.I. y analizaba que “El corralito fue un problema porque dio un perdón a los maníaticos por la devaluación y a los que querían el fin de la paridad (impuesta por la Ley de Convertibilidad). Dieron un golpe al gobierno de De la Rúa y atendieron los intereses de los industriales endeudados”.

¿Que se vayan todos?

Aquel Gobierno de la Alianza no estuvo a la altura de las circunstancias. De la Rúa y "Chacho" Álvarez creyeron que para gobernar un país bastaba con un puñado de eufemismos baratos y que era suficiente con la prédica de la honestidad, la austeridad, la seriedad. Ellos no sabían en lo que se metían ni nunca se prepararon debidamente.


La Argentina había pasado casi una década anestesiada con un dólar subvaluado que hacía olvidar la inflación que nos había atormentado durante largos años. Mientras Menem hablaba de "relaciones carnales" con los Estados Unidos y remataba casi todo el patrimonio estatal, la clase media argentina se obnubilaba lo espejitos de colores que le vendieron Menem y todo el arco del Partido Justicialista; todos creyeron en el "1 a 1", Cavallo era casi un héroe de la Patria.

La misma clase media que durante los 90 votaba a Menem y compraba todo en cómodas cuotas, fue la que hizo estallar sus cacerolas cuando vio que De la Rúa y Cavallo ponían en un cepo a todos sus ahorros en dólares. Así, los argentinos veíamos desesperados como se rompía la burbuja menemista.

El descontento de la clase media fue aprovechado por oportunista que vieron una situación más que propicia para tomar por asalto el poder político de la Argentina. Agitaron masas de desposeídos, a quienes usaron para piquetes y saqueos y así desestabilizar al Gobierno Nacional.

CLAUDIO "POCHO" LEPRATTI. Otra víctima de la violencia del 2001
Hubieron saqueos y robos, enfrentamientos violentos que dejaron heridos y muertos, además de cuantiosos destrozos. Lo lamentable es que ninguna autoridad política se responsabilizó de todos esos desastres: solo De la Rúa fue procesado y luego sobreseído, mientras que personajes como Carlos Ruckauf, Carlos Reutemann y Eduardo Duhalde pudieron zafar de cualquier acusación.

"Que se vayan todos", era el grito que resonaba en todo el país. Mucho se ha dicho, mucho se ha escrito de todo aquello sucedido. Ciertamente, si uno repasa los nombres de los protagonistas de la política nacional, podemos decir que no solo que no se fueron todos, sino que muchos de esos siguieron atornillados al poder.

Y como una ironía del destino, aquellos que integraban (e integran aún) el partido Justicialista que se esmeraron en agitar el clima de aquel 2001, fueron los mismos que un par de meses después se presentaban como los salvadores de la Argentina. Como si todos ellos nada hubieran tenido que ver. Después de idas y vueltas, marchas y contramarchas, Duhalde logró lo que no pudo a través de las urnas: ser Presidente de la Nación. Y fue el mismo Duhalde el que, a posteriori, allanó la llegada de los Kirchner a la Casa Rosada. Han pasado diez años, no queda claro si el pueblo argentino aprendió una lección.

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