martes, 27 de diciembre de 2011

Una ofensiva permanente

Parecería que a pesar de sufrir tantas humillaciones últimamente, los radicales siguen siendo personas bastante optimistas. En un comunicado que fue firmado por el nuevo presidente de la UCR, Mario Barletta y el secretario general Juan Manuel Casella, amonestan al gobierno de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner por tomar lo que llaman "desvíos autoritarios", dando a entender así que a su juicio sólo se trata de errores coyunturales que pronto se verán corregidos. Sin embargo, hay buenos motivos para suponer que no es cuestión tanto de "desvíos" atribuibles a funcionarios inexpertos presas del triunfalismo cuanto del "rumbo" emprendido por un gobierno que, entre otras cosas, cree contar no sólo con el derecho a aprovechar el poder prestado por el electorado para hacer callar a sus críticos, atentando así contra el pluralismo que es propio de una democracia genuina, sino que también se siente obligado a hacerlo.

Aún cuando la presidenta y sus allegados no se hayan propuesto instalar un régimen autoritario, al hacer suya la convicción de que la mejor forma de construir poder político consiste en tratar a los adversarios como enemigos –planteo éste que adoptaron los Kirchner cuando dominaban la provincia de Santa Cruz–, para entonces movilizar a sus partidarios a fin de atacarlos frontalmente, aseguraron que tarde o temprano cruzarían los límites tanto implícitos como explícitos fijados por el sistema democrático.

A comienzos de su gestión presidencial, Néstor Kirchner sorprendió gratamente a una amplia franja de la ciudadanía, además, claro está, del grueso de la clase política nacional, embistiendo con furia contra los militares, los menemistas, los jueces de la Corte Suprema, los calificados de "neoliberales", el Fondo Monetario Internacional, los inversores extranjeros y muchos otros, acusándolos de ser los responsables de las penurias del país. Puesto que los blancos de sus ataques ya estaban desprestigiados y, de todos modos, su poder era más simbólico que real, la mayoría no se sintió preocupada por tanta agresividad, pero sucede que la estrategia así supuesta, compartida por su esposa y eventual sucesora, no puede funcionar bien a menos que sigan apareciendo más enemigos para tomar el lugar de los ya derrotados. Por un rato, el campo, caricaturizado como un reducto de oligarcas golpistas, fue blanco del odio kirchnerista, pero al darse cuenta de que insistir en atacarlo podría resultarle contraproducente, el gobierno optó por bajar los decibeles. En cambio, parecería que los ideólogos oficialistas han llegado a la conclusión de que serían escasos los costos políticos de librar una guerra "cultural" contra aquellos medios periodísticos que son reacios a plegarse al "proyecto", motivo por el que han montado una ofensiva furibunda contra ellos, sin que les preocupe en absoluto el que, entre las víctimas de sus esfuerzos, se encontrará la libertad de expresión.

Hasta ahora, el método kirchnerista de acumular poder ha funcionado muy bien desde el punto de vista de los oficialistas, pero no hay garantía alguna que continúe produciendo los resultados a los que se han acostumbrado. Además de los medios que no les responden, han agregado a su lista de enemigos al jefe de los camioneros, Hugo Moyano, un personaje que está en condiciones de ocasionarles un sinfín de dolores de cabeza, y el gobernador de la provincia de Buenos Aires, Daniel Scioli, un político que, para frustración de sus adversarios, ha conservado su buena imagen a pesar de los esfuerzos de Cristina y sus allegados para desacreditarlo. Asimismo, hay muchos peronistas que, si bien dicen apoyar al gobierno, no vacilarían en abandonarlo a su suerte si les pareciera conveniente, ya que se saben menospreciados por la presidenta y la camarilla conformada por militantes de La Cámpora que se creen los guardianes de la ortodoxia kirchnerista.

Como ha descubierto una multitud de líderes ambiciosos a través de los siglos, la agresividad constante puede resultar provechosa con tal que no sean tantos los enemigos que, combinados, superen en poder a quienes los han elegido como blancos. A menos que los kirchneristas tengan mucho cuidado, pronto lograrán fortalecer tanto al campo enemigo que no le será dado doblegarlo.

publicado en Diario Río Negro

No hay comentarios:

Se ha producido un error en este gadget.

La Hora en Argentina