lunes, 21 de noviembre de 2011

Una historia con "final feliz"

En el marco de los festejos por el "Día de la Soberanía", a través del Decreto 1880/11, la Presidente Cristina Elisabet Fernández dispuso la creación del "Instituto Nacional de Revisionismo Histórico Argentino e Iberoamericano Manuel Dorrego", el cual estará dentro del Ministerio de Cultura de la Nación.

El mencionado instituto será presidido por Mario "Pacho" O'Donnell, reconocido periodista y escritor. Según se lee en el decreto citado, el objetivo es "el estudio, la ponderación y la enseñanza de la vida y la obra de las personalidades de nuestra historia y de la historia Iberoamericana". Para la conformación de ese instituto, la Presidente ha convocado a una treintena de personas, entre las que se destaca Felipe Pigna, el mediático historiador y en la que abundan funcionarios de su Gobierno.

Desde el año 2003 hasta esta parte, el kirchnerismo ha tenido una gran obsesión con el revisionismo histórico, especialmente lo que concierne al triste periodo de los gobiernos de facto que los argentinos padecimos entre 1976 y 1983.

La visión kirchnerista de la realidad está claramente condicionada por la ¿ideología? que su gente ahora abraza: entronización de socialismo e izquierda y demonización de todo lo que se etiquete de "derecha". En consecuencia, ser de "izquierda" es visto como ser de "los buenos" y todo lo contrario representa los que despectivamente son señalados de "derecha".

La cuestión latinoamericana no escapa a esta mirada tan ideologizada, hablándonos de "pueblos originarios" e, indirectamente, acusándonos de invasores a los que hoy habitamos estas tierras. Esta cuestión latinoamericana que nos imponen trae aparejada un odio visceral a España y a la Iglesia Católica.

A través de un eficaz uso de su aparato mediático, el kirchnerismo ya ha movilizado distintos mecanismos para cambiar ciertos paradigmas de la historia argentina. No debe extrañarnos que en toda esta movida revisionista terminemos todos adorando a Juan Domingo Perón, a Eva Duarte y, claro está, a Néstor Carlos Kirchner, quien seguirá siendo presentado como una suerte de mesías para la Argentina.

Al igual que lo que acontece con la realidad cotidiana, la historia admite distintas miradas sobre un mismo hecho. Como ciudadano no dejo de advertir que, ante la ausencia de un debate sincero, lo que se impulsa desde el Gobierno Nacional es una profundización del adoctrinamiento de las nuevas generaciones. No interesa tanto descubrir la verdad de nuestra historia, tan solo acomodar mentes en función de un poder político que nos gobierna desde hacen ocho años y un partido político como el justicialista que ha gobernado durante largos años en nuestro país, desde la segunda mitad del siglo pasado hasta este presente.

Por ende, la historia que nos seguirá contando la Presidente Fernández es una historia con final feliz, en el sntido de que, según suoptica, los argentinos tenemos mucho que agradecer al kirchnerismo (¿?). Mientras más adormecidas estén las conciencias, más allanado está el camino (solo para los poderosos, claro)

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