sábado, 1 de octubre de 2011

Tellechea: ¿Por quien Doblan las campanas?

enviado por Alejandro Chighizola (Periodista) 

En el medio del mundial el de las voces roncas y los alaridos. Del murmullo vano de los que hablan repartiendo silencio oficial.

Siete años sin Tellechea.

En medio de la vendida abundancia que nos dibujan los medios y la realidad miserable que nos cuentan los enteros. En medio del viento que nos surca la piel y sin cuidado nos empuja a transitar detrás de nuestra careta hipócrita ante una sociedad que en el mejor de los casos está postrada. Y además ciega y desganada (por propia elección) de poder ver su propia alma.

Puede desaparecer un hombre. Que no desaparezca un billete. En medio de la intuición humana del más básico de los instintos ¿Comprenderemos que hay una vida robada?

Siete años sin Tellechea

En medio de la desaparición forzada ¿comprenderán ellos que lo ignoraron, durante siete años y que con sus mentiras convocaron al olvido que hay quienes no nos olvidamos? ¿Entenderán que nos robaron una vida que con su omisión ayudaron esconder una desaparición forzada en plena democracia? ¿Comprenderán finalmente que vivimos una realidad escrita en un mundo sin letras? ¿Entenderán entonces que nos robaron la verdad de la misma manera que después les robaron a ellos? Que no hay nada más importante que una vida.

Siete años sin Tellechea.

En medio de todo ¿entendieron que el precio del silencio es la vida que se esfuma? No entienden nada. Solo acatan y facturan. En medio de una vida que ignora a otra vida, ¿comprenden que vivimos con una inseguridad insoportable, mirando con desparpajo como se hacen los giles los responsables de mantenernos vivos? ¿O esperan que les toque?

En medio de todo ello se fue uno de los nuestros, un sanjuanino y me pregunto porqué el “primer” sanjuanino no se puso, como primer ciudadano al frente de los reclamos. ¿Por qué? En medio del viento que duerme triste el futuro desgranado de la entrega y de la riqueza robada (No lo digo por el oro, lo digo por la vida misma), de la pobreza sembrada, de la inseguridad cosechada, para que mil desaparezcan misturados en sus vidas miserables.

En sus miserables pobrezas, en sus miserables riquezas. ¿Dónde están los vientos del progreso si nos roban una vida? ¿Dónde están los nuevos vientos? ¿Tendrá Tellechea un viento que lo nombre? ¿Habrá tras esas escasas y poderosas almas que nunca lo olvidaron en estos años un susurro fantasmagórico que les devuelva lo que el tiempo y el mundo material nunca les explicó? ¿Existirá un desmañado que escriba que una sociedad que ignora la desaparición de un par está definitivamente desaparecida como tal?

Que no desaparezca ninguno más, aunque día a día naufraguen almas que están lejos del prisma del poder ominoso, en dónde el negocio es hacerse el boludo, hablar del otro que está allá, mentir, calumniar, difamar, licuar la escandalosa realidad de no ser y no luchar. De no ver, de no verse. Y del que ya no está, del desaparecido ni siquiera eso. Ni hablar.

Quiero darle un remate a esta nota por demás escasa y subjetiva, escrita con bronca. En medio de estas palabras sin mayores atractivos, elijo que alguien me ayude a expresar lo que yo no puedo:


“Ninguna persona es una isla; la muerte de cualquiera me afecta, porque me encuentro unido a toda la humanidad; por eso, nunca preguntes por quién doblan las campanas; doblan por ti”. John Donne.

Tellechea no te olvidamos.

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