lunes, 26 de septiembre de 2011

de Obsesiones, Egoísmos y Derechos Humanos

Flor de la V, madre-padre
Gran parte de la prensa argentina se ha hecho eco de la "maternidad" de "Florencia Trinidad", travesti conocida/o popularmente como Flor de V.

A fines de agosto pasado, nacieron en San Diego, California, nacieron los mellizos que fueron producto de alquiler de vientre. Para dar a conocer la noticia, Flor de la V escribió en Twitter "Quiero gritar al mundo que soy mamá"

Flor de la V recurrió a la clínica famosa en Estados Unidos, la cual comercializa el servicio de "maternidad por subrogación", el cual consiste en que mujeres aportan óvulos propios para ser fecundados in vitro y, como así también, llevar adelante el embarazo durante los nueve meses en que los que se someten a rigurosos controles de salud.

En los Estados Unidos, existen dos empresas que explotan este "servicio": “Building Familias” (Contruyendo Familias) y “Growing Generations” (Generaciones en Crecimiento). En el sitio web oficial de Growing Generations, se informa que se trata de "una compañía fue fundada por profesionales de orientación homosexual que buscaban tener sus propios hijos en un mundo en el que no existían oportunidades y en el que nadie quería ayudarlos". Los costos de este "servicio" varían, aproximadamente entre los 125 y 300 mil dólares, mientras que la madre que presta su cuerpo para la gestación de una nueva vida cobra alrededor de 30.000 dólares, además de tener cubiertos todos los gastos del embarazo, parto y posparto.

Para minimizar la creación de lazos afectivos entre una mujer que alquila su vientre y el bebé que se va gestando en sus entrañas, normalmente la compañía prefiere que el óvulo fecundado pertenezca a otra mujer. Las mujeres interesadas en alquilar un vientre deben tener entre 18 y 39 años de edad, haber sido anteriormente madres y deben pagar una inscripción, llenar un formulario en donde dan detalles de su fisonomía y salud. Así, las "madres sustitutas" pasan a formar parte de catálogos. Como suele pasar en los casos de fecundaciones in vtro, generalmente, se producen embarazos múltiples ante lo que se suele recurrir a la práctica de "reducción": término elegante para definir el aborto de uno o más bebés para que quede solo uno, o dos a lo sumo. Una vez nacidos los niños, tal como se estipula en el contrato previamente firmado, las madres biológicas no pueden tener contacto alguno con el bebé ya que renuncian expresamente a su maternidad.

Según Trinidad, eligieron a la madre biológica de sus mellizos por catálogo. En declaraciones efectuadas a la prensa, explicó que “la chica que llevó a Isabella y a Paul es casada, tiene tres nenes y una vida muy tranquila en San Diego; ella vivía en su casa, asistía a controles diarios, cumplía con la alimentación necesaria y hasta con las ocho horas diarias de sueño”. Si bien reconoció no haber mantenido contacto alguno con quien le alquiló el vientre, Trinidad contó que las mujeres que se prestan para ésto “Son mujeres fuertes, guiadas por profesionales que las controlan y contienen. Ellas lo viven como un trabajo por el que sienten devoción. Nadie las obliga, aman lo que hacen y cobran muy bien por eso.

Flor de la V nació como Roberto Carlos Trinidad en Marzo de 1975. A fines del año pasado, gracias a la fama que ostenta, "Flor de la V" tuvo el privilegio de que su "género" sea cambiado en su Documento de Identidad. En efecto, a raíz de una causa judicial que inició, fue beneficiad(a) con el fallo de la jueza Elena Liberatori, quien ordenó que su nombre legal pase a ser Florencia Trinidad. Recibió su nuevo documento de manos de Florencio Randazzo en un acto realizado en el Salón Mujeres Latinoamericanas de la Casa Rosada y contó con la presencia de representantes de la Federación Argentina de Lesbianas, Gays, Bisexuales y Trans (FALGBT) y ATTTA (Asociación de Travestis, Transexuales y Trangéneros de Argentina).

En junio de este año, pudo contraer matrimonio civil con Pablo Goycochea, padre de tres jóvenes y su pareja desde hacen más de 10 años. Cabe destacar que, anteriormente, los tórtolos tuvieron otro "casamiento": en el año 2008, en la Ciudad de Buenos Aires, el cual contó con una amplia difusión mediática. En aquella oportunidad, Flor aseguró “Nunca creí que me iba a casar de blanco, como cualquier novia enamorada. Yo lo único que necesitaba era vestirme de mujer y ser una mujer. Los travestis, lesbianas, las milanesas de soja (sic) tienen derecho a ser felices”.


Sin lugar a dudas, el derrotero de Flor de la V en materia social y legal ha sido una gran conquista para la comunidad homosexual en Argentina. Ya no sorprende que cada episodio resonante de este mediático personaje fue celebrado por aquellos que se sienten identificados con el "progresismo" y que hoy nos hablan de género en lugar de sexualidad. Según la prensa siempre complaciente con este tipo de situaciones, Flor de la V aseguró que nada ocultará a sus hijos cuando pregunten acerca de su identidad cuando comentó que “En mi casa nadie va a sentarse a explicar nada. Mis hijos crecerán aprendiendo su realidad con total naturalidad. Pero ante la mínima pregunta, tendrán su respuesta”.

Claro que quienes no estamos de acuerdo con este modo de vida, somos censurados violentamente por quienes paradójicamente se autoproclaman "abiertos" y "tolerantes" con rotulaciones despectivas de grueso calibre.

Personalmente, me quedan tres puntos para repensar:

1- La denigración de la maternidad: en este caso particular de la adopción de bebés de parte de Flor de la V, me produce un profundo rechazo el impune manoseo de la maternidad. Por más que ese personaje pueda amar y cuidar a sus hijos, no entiendo cómo puede hablar de si mismo como "madre". Cabe preguntarse entonces ¿Un hombre vestido de mujer puede ser "madre"?; más allá de la homosexualidad, ¿qué puede saber un hombre de lo que es ser mujer?.

2- La identidad de los niños: con este perverso sistema, a los seres humanos que nacen en estas condiciones se les niega su derecho de conocer a su madre biológica, ya sea quien vendió el óvulo o quien alquiló su vientre. Cabe preguntarse entonces ¿es saludable para una persona que desconozca a quien lo albergó durante nueve meses?, ¿ esas "madres sustitutas" nada tiene que ver con la identidad de los niños que son comercializados?, ¿es moral que traigamos niños a este mundo en medio de una operación comercial?. Sin lugar a dudas, de esta manera, prima únicamente el deseo (y capricho) de las personas que quieren sentir qué es tener un hijo... y a nadie parece importar los derechos de esos niños que nacen en esas circunstancias.

3- La denigración de la mujer: Mientras en los sitios web de las empresas que comercializan la "maternidad por subrogación" se habla de un servicio, resulta escandaloso como la naturaleza humana es objeto de una vil transacción monetaria. Cabe preguntarse, ¿no hay organización ni militante de los derechos humanos que alcen sus voces en defensa de la dignidad de esas mujeres?

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