martes, 7 de junio de 2011

de Operaciones periodísticas

El Día del Periodista que celebramos en este año nos encuentra reflexionando acerca del rol en los medios de comunicación dentro de la sociedad. En este debate necesario, mucho ha tenido que ver la aparición del programa "6-7-8" el que, más allá de que uno simpatice o no con su línea editorial, ha movilizado conciencias para cuestionarnos acerca de las verdaderas intencionalidades con las que el periodismo argentino comunica.
Gracias al menemismo, grupos económicos pudieron crecer notablemente en la Argentina, ampliando su poder con la adquisición de más medios. Con el aval del Partido Justicialista y el establisment, Carlos Saúl Menem fue quien impulsó la privatización de canales de televisión y radios, entregándolas a voraces empresarios que vieron allí un apetecible espacio para acrecentar su influencia. Hoy en día, el kirchnerismo se desentiende de su pasado pleno de adulaciones al hoy Senador Nacional por La Rioja y culpa a la Dictadura de la intromisión de capitales privados en el mundo de los medios de comunicación.

Para el empresario mediático, el principal interés ha sido la obtención del lucro dejando muy relegado el deber de informar honestamente. Así, hemos encontrado inescrupulosos señores que, valiéndose de la incidencia social de sus medios de comunicación, han traficado influencias con los poderes de turno. Muchas veces, periodistas que actúan de serios e independientes han sido funcionales a esos oscuros intereses de unos pocos.

En estos tiempos de apogeo del kirchnerismo, se ha puesto en boga el concepto de "periodismo militante". No es que sea una nueva modalidad, pero ciertamente es algo que ha teñido de otro tipos de intereses a la labor peridística. Ahora, quienes se abogan ciegamente por la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual, responden a los intereses de sus jefes políticos: siguen siendo periodistas mercenarios porque su compromiso no es con la verdad sino con la propaganda política. Quienes se disciplinan a los dictados de los poderes políticos, son generosamente recompensados con pautas publicitarias y optras prebendas. En consecuencia, las operaciones periodísticas no parten únicamente desde un escritorio de algún siniestro empresario, sino también desde algún comité partidario.

Podemos tomar un botón de muestra. El gerente de Medios Gráficos de TELAM Juan Manuel Fonrouge, dijo que “gran parte de los periodistas son unos frustrados, tienen la contradicción entre el ser y el querer ser , sean ustedes, piensen libremente” y agregó "feliz día del periodista a los periodistas militantes de los intereses nacionales y populares, sin discriminar a los militantes de la pavada y la billetera”.

En el curioso ambiente del periodismo "militante" encontramos a "figuras" (¿?) que en otros tiempos no solo que trabajaron silenciosamente en corporaciones que hoy aseguran aborrecer, sino que hasta aplaudieron a anteriores gobiernos que hoy son fustigados por el oficialismo. Los empresarios Sergio Szpolski y Diego Gvirtz encabezan a este clan complaciente al poder político de turno; Szpolski, devenido en empresario mediático, capitanea los ultrakirchneristas Tiempo Argentino, C23, Revista Veintitrés; por su parte, Gvirtz es el responsable del programa "6-7-8".

Para el kirchnerismo, es muy útil llevar a la práctica eso de "divide y reinarás" para seguir acumulando poder. El periodismo no escapa a ésto y es por eso que, desde las huestes de la Presidente Cristina Fernández se quiere instalar la idea de que hay que estar con ellos o en contra de ellos, sin términos medios; yendo más al punto, cualquiera que quiera escribir sobre la realidad de Argentina tiene dos posibles e ineludibles etiquetamientos: se es K o se responde a las corporaciones mediáticas.

Un auténtico periodista no procede para agradar a alguien, simplemente aporta su visión de la realidad. Personalmente, opino que nadie puede ser 100% objetivo al describir una determinada realidad, porque la óptica de cualquiera de nosotros responde a una historia de vida, a un sistema de creencias, a una forma de ser y a una cultura determinada. De todas maneras, si uno no puede ser totalmente objetivo, como periodista y como persona, se puede ser 100% honesto.

La Presidente Cristina Elisabet Fernández homenajeó al periodismo argentino con un acto sencillo que se celebró en la Casa Rosada. De todas maneras, no resistió su odio a cierto tipo de comunicadores cuando se mofó señalando "Habría que hacer un radar para detectar operaciones periodísticas"; ante la ironía presidencial, el Jefe de Gabinete Aníbal Fernández aportó "Esos radares se recalentarían", a lo que la titular del Ejecutivo Nacional respondió "Sí, tendrían mucho trabajo y se recalentarían". La primera mandataria cerró con otra ironía "Siempre nos andan comparando a los políticos de ahora con los de antes. Yo podría comparar los periodistas de ahora con Moreno, Castelli y Belgrano, pero bueno...."

La Presidente tiene razón al manifestarse sobre el mediocre nivel que ostenta actualmente el periodismo argentino, algo que quedaría evidenciado si se lo compara con las labores de Mariano Moreno o Manuel Belgrano... aunque, deberíamos decir también que la comparación sería igualmente incómoda si alguien como el gran Belgrano es puesto como parámetro de este Gobierno (nacional y popular).

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