martes, 26 de abril de 2011

6 7 8, militando en el periodismo

Emitido por la Televisión Pública, "6 7 8" ha sacudido la modorra del (mediocre) periodismo argentino. Como ningún otro programa político, ha logrado movilizar gente a su favor y cuenta con numerosas adhesiones en el cyberespacio. El envío está armado por la productora "Pensado Para Televisión" (P.P.T.) que dirige el productor Diego Gvritz que, además de vender sus trabajos al canal estatal, tiene entre sus clientes al Grupo Clarín; por razones que se desconocen, P.P.T. abandonó su postira anti. Lejos de la estúpida obsesión por el rating, "6 7 8" se ha convertido en un éxito.

Sabido es que, en general, los periodistas argentinos se creen seres superiores, como si integraran una casta privilegiada más allá del bien y del mal y, por ende, ajenos a cualquier tipo de cuestionamientos. Hasta la aparición de "6 7 8", en el mundillo periodístico de nuestro país ha sido siempre tabú hablar de las miserias de los periodistas y, más aún, de los oscuros negociados y tráficos de influencias en que se involucran los propietarios de medios de comunicación.

Con el correr de las décadas del siglo pasado, los Diarios La Nación y Clarín fueron creciendo no solo en cantidad de lectores sino en influencia en la escena política nacional, llegando incluso a apoderarse de Papel Prensa, empresa estratégica con la que, gracias a su cercanía al Presidente de Facto Jorge Rafael Videla, pudieron digitar la distribución del papel para la impresión de diarios de la Argentina. En 1993, por medio de una Ley que sancionó el Congreso de la Nación para modificar la polémica 22285, el gobernante Partido Justicialista habilitó la entrada de grupos económicos en los medios de comunicación, como así también permitió la desmesurada expansión de los ya existentes. En efecto, si los multimedios hoy existen, fue por obra y gracia de Carlos Menem quien, a pesar de que hoy sea casi una "mala palabra", por entonces contaba con el apoyo político de todo el PJ.

Lo novedoso de "6 7 8" es que critica duramente la contaminación en la información que a diario recibimos los argentinos, como nunca antes otro envío periodístico se animó a hacerlo antes. Con interesantes informes previamente editados, se intenta desnudar la intencionalidad con la que se enfoca la realidad desde los grandes medios, como así también se ponen en evidencia las no pocas falencias de la oposición.

Semejante insolencia de esos periodistas y la productora resulta molesto e imperdonable para los popes de los medios que reciben tantos ataques desde "6 7 8". Un blanco fácil para dirigir las críticas a ese procturo televisivo es cuestionar que se utilice la televisión estatal y, por consiguiente, fondos públicos, para atacar a la oposición. Como P.P.T. y el Gobierno se mostraron siempre reticentes a exhibir datos del costo del ciclo, por varios medios y cadenas de e-mails circularon cifras siderales que el Estado Nacional estaría pagando tanto a la productora como a los periodistas que allí participan. Luis Ventura, periodista vinculado al mundo del espectáculo (¿?), aseguró poseer documentación que probaría que "6 7 8" estaría costando, al menos, unos 11 millones anuales al fisco nacional.
 
El programa está animado por periodistas afines al kirchnerismo, que adulan a la Presidente y sus funcionarios, a Hugo Moyano y a controvertidos militantes "sociales" como Luis D'Elia y Milagro Sala hasta límites que llegan al ridículo. En su estudio, sobreabundan invitados kirchneristas de toda índole... pero nunca se invita a referentes de la oposición. No hay espacio para temas que puedan incomodar a la Casa Rosada como los casos de corrupción que involucraron a funcionarios kirchneristas, el espectacular crecimiento del patrimonio de la Familia Kirchner, el contradictorio pasado político de la primera mandataria y su extinto marido, como tampoco se menciona a la inflación e inseguridad.

Claro que quienes reclaman moralidad a la oposición y se rasgansus vestiduras por los excesos que comete diariamente la "corpo", son precisamente quienes más autoridad moral tienen. Luciano Galende es su actual conductor y en su trayectoria en los medios encontramos que trabajó para Canal 13, en donde donde nunca se le escuchó ni una palabra acerca de los "monopolios" mediáticos. Entre los panelistas, se destaca Orlando Barone, periodista y escritor de dilatada trayectoria que, aunque hoy lo veamos disparar con saña contra la "corpo" (sic) mediática, trabajó largos años en el Diario Clarín (inclusive durante los duros años de la Dictadura), La Nación, Revista Notcias y, durante los años 90, se desempeñó en el entonces ultramenemista Diario Ámbito Financiero. Al igual que los Kirchner, Barone quiere convencernos de que toda su vida fue un "militante" y que nada tuvo que ver con los oscuros años de dictadura militar ni el menemismo de la Década de los 90.

Con la misma pasión con la que se arremete contra todo lo que sea "no-kirchnerista", desde "6 7 8" se intenta relativizar y hasta censurar cualquier tipo de crítica que caiga sobre el movimiento kirchnerista. Así, lo que amaga con ser una propuesta periodística interesante termina convirtiéndose en una suerte de tribuna partidaria, en donde todo se califica desde una óptica extremista, enardeciendo y/o inventando antinomias entre "buenos" (los oficialistas, claro está) y los "malos" (todos los opositores, más que obvio), de "izquierda" (que para ellos, es ser patriota) y de "derecha" (que en 6 7 8 es sinónimo de fascismo) y, sobre todo, "peronistas" (¿Perón no era acaso fascista y hasta simpatizante de Mussolini y Hitler?) y "gorilas".

Precisamente es ahí cuando, a mi criterio, termina estropeando todas sus buenas intenciones inciales. Allí, "6 7 8" derrapa y termina ensuciando todo. En definitiva, este es el tipo de periodismo que el kirchnerismo quiere para la Argentina con su Ley de Servicios de Comunición Audiovisual: pensamiento único e intolerancia radical para el que piense distinto.

2 comentarios:

Maloperobueno dijo...

No me gusta el fascismo

No me gusta la teoria de los dos demonios

No me gusta un locutor que le habla a la gente como si fueran nenes de jardin de infantes-

No me gusta la repeticion

Y no me gustan los periodistas que son peores periodistas que quienes critican.

6,7 y 8 apesta

Saludos

mario dijo...

Maloperobueno

Adhiero a tu comentario... aunque disiento en eso de la "teoría de los dos demonios".

Acá no se tratan de uno, dos o veinte demonios. Hubieron personas que cometieron atrocidades, sea desde el Estado como desde la clandestinidad en movimientos guerrilleros, a los que no les importó respetar la diversidad de pensamientos y solo quisieron aplastar a quien se les interpuso con tal de hacerse del poder.

Si nuestra Justicia es decente, todos deben pagar por sus crímenes. No hay asesinos buenos ni asesinos malos. No hay muertes que merecen ser recordadas y otras sepultadas en el olvido. JUSTICIA PARA TODOS, por favor.

Saludos.

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