martes, 22 de marzo de 2011

La hipocresía sigue matando en el fútbol

El fútbol argentino, la sociedad argentina, padeció un nuevo episodio de violencia que terminó costando una vida, otra más, en el marco de un partido. Hasta este lamentable hecho, se cuentan nada menos que 256 muertes producidas en el fútbol argentino.

En este caso, fue en la previa del cotejo en el que Vélez Sarsfield se enfrentaba con San Lorenzo de Almagro que Ramón Aramayo murió en circunstancias aún no del todo claras.

Aramayo tenía 36 años de edad, era hincha de San Lorenzo y, desde los 16 seguía al club de sus amores. Estaba en pareja y era padre de dos niños, trabajaba en el Correo de lunes a viernes y, durante los fines de semana, ganaba un dinero extra como remisero. Como todos los fines de semana, Aramayo iba a ver un partido del Ciclón en compañía de sus amigos y se dio lo inesperado: según testigos del hecho, el hincha no resistió ser cacheado antes de ingresar al Estadio y, tras forcejear con los agentes de seguridad, fue reducido violentamente por efectivos de la Policía Federal Argentina.

Aramayo falleció en la calle, a casi dos cuadras del Estadio "José Amalfitani". Su familia asegura que fue a causa de los golpes recibidos por los policías, mientras que, desde las mismas fuerzas de seguridad, se aseguraba que el simpatizante de San Lorenzo "había sufrido una descompensación".

En el fútbol argentino predomina la hipocresía. Es un reflejo de lo que somos como pueblo. Afuera de la cancha, un hombre moría y, dentro de la cancha, estaba por empezar un partido como si nada hubiera pasado. En definitiva, una vida humana pierde su valor.

La hinchada de Vélez está obsesionada con convertirse en el rival "clásico" de San Lorenzo y es por eso que, en los últimos años, no ha cesado en sus provocaciones de todo tipo para caldear los ánimos de la parcialidad azulgrana que, dicho sea de paso, no se quedó atrás. En los últimos años se han sucedido episodios de violencia entre ambas hinchadas que ya dejaron como saldo la vida de simpatizantes.

No faltan los periodistas irresponsables que festejan esa violencia cuando hablan del "folklore del fútbol" (¿¿??), curioso concepto con el que maquillan actitudes xenófobas y muy violentas.

Lo más fácil es hablar genéricamente de "fallas en el operativo de seguridad" hasta culpar a "los violentos de siempre" con la cobardía de no dar nombres y apellidos de esos energúmenos que todos ellos conocen. Achacar todo a la policía es el recurso demagogo de muchos.

Quienes alguna vez hemos asistido a algún partido del fútbol argentino hemos podido observar cómo los controles de la policía no existen para los barra-bravas quienes tienen pasaporte libre para introducirse en las canchas portando desde banderas, elementos de pirotecnia que están prohibidos para el común de la gente, alcohol y drogas. Todo para su fiestita.

Esos violentos no solo que no pagan entrada para ingresar a los Estadios, sino que además viajan gratis con el pretexto de "hacerle el aguante" a su equipo y son los que se dan tiempo para ir a entrenamientos de equipos, chantajear a futbolistas, directores técnicos y dirigentes para conseguir dinero. En su "tiempo libre", como si fuera poco, son convocados por dirigentes políticos durante campañas electorales y "manifestaciones sociales" de todo tipo. Así, entendemos porqué a muchos no les conviene que esos delincuentes caigan presos y lejos del fútbol.

Todos los actores son responsables de este desastre: futbolistas, entrenadores, dirigentes, empresarios, políticos y los hinchas mismos. El problema es que, cada vez que se producen estos hechos, todos miran para otro lado, muchos dicen no encontrar explicación, otros dicen que no saben qué hacer... Hace rato que el fútbol ha dejado de ser un juego y se ha transformado en un circo perverso en donde la ambición de dinero y poder es lo que prevalece.

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