martes, 25 de enero de 2011

No se olviden de Cabezas

escrito por Christian Sanz

Eran las 4:30 del sábado 25 de enero. Oscar Andreani gozaba del éxito de su cumpleaños. Las cámaras fotográficas lo eternizaban posando sobre la escenografía que armó en el quincho de su casa y que pretendía imitar a un buque. Los invitados eran más de 200 y Pinamar se encontraba con su capacidad hotelera al máximo. Sus ciudadanos se preparan para la gran noche de los fuegos de artificio del desfile de Roberto Giordano. La avenida Bunge estaba más que resplandeciente. Andreani disfrutaba al máximo mientras esperaba la llegada del basquetbolista "Magic" Johnson. Y José Luis Cabezas, el reportero gráfico de la revista Noticias, levantaba su cámara Nikon F-4 para hacer la última foto de su vida.

El fotógrafo había llegado al cumpleaños de Andreani a las 23:40 junto con el periodista Gabriel Michi. Dejaron el Ford Fiesta blanco, patente AUD396, a 100 metros de la puerta lateral de la casa. Michi estuvo en lo de Andreani hasta las 4 de la mañana. Luego se había ido con Carlos Alfano, fotógrafo de la revista Para Ti, que lo llevó hasta el departamento que Noticias alquilaba en la avenida Bunge.

A las 5 de la mañana José Luis Cabezas decidió que era hora de volver a su casa. Aparte de Candela, su hija de cinco meses, lo esperaban Juan Ignacio y María Agustina, los hijos de su primer matrimonio. Ese día, habían llegado a la casa de Gabriel Michi tres amigos para festejar el cumpleaños del periodista, el cual iba a ser al día siguiente. A las 5:10, Cabezas se despidió del fotógrafo Eduardo Lerke, de la revista Caras. Salió a la calle por la puerta principal y hasta allí lo acompañó Marcelo, productor del programa radial de Juan Alberto Badía. Diana, quien vive a cuarenta metros de la puerta lateral de la mansión de Oscar Andreani, esa noche se convirtió en una testigo clave en el caso. A un costado de su propiedad estaba estacionado un Fiat Uno blanco, de cinco puertas. En el interior del Fiat -que estaba chocado en su frente- había dos hombres. Diana ingresó a su casa y su madre le dijo que esos hombres estaban ahí dese las 0:30. En realidad, los hombres eran tres, uno de ellos –que tenía una campera de cuero negra- recorría la calle en donde estaba estacionado el auto alquilado por Noticias. Los hombres se reemplazaban entre sí y se intercambiaban la campera. Diana, de pronto, decidió salir, golpeó la ventanilla del conductor y un hombre gordo de 1,80 de estatura salió del auto.

- “¿Qué hacen acá?, ¿Ustedes quiénes son?”
- “Somos custodios.”
- “¿Custodios de quién?”
- “Ya te vas a enterar.”

El gordo solo atinó a reirse y llamó a su compañero que estaba haciendo guardia. Diana cruzó y le contó todo lo ocurrido al custodio de la fiesta de Andreani. El guardia salió a su encuentro y habló con los hombres del auto. Luego, volvió para prevenir a Diana: "-Métase adentro que lo que pasa acá es muy raro".

- “Si ustedes no llaman a la policía, la llamo yo”.
- “Deje, nosotros nos encargamos”.

Según Diana, a 30 metros, sobre la otra calle, aguardaba un Duna blanco con más sujetos.

El martes por la noche, después de los tres nuevos identikits que aportó Diana a la causa, reconoció, entre mil fotos de prontuario, a uno de los hombres que vio y que estaba como acompañante en el Fiat en cuatro de las imágenes.



Crimen por encargo

El reloj "Tag Heuer" de José Luis Cabezas se había parado a las 5:43. El auto estaba íntegramente quemado. No explotó. Los vidrios del sector derecho se hallaban casi derretidos. Las ópticas delanteras quedaron en el suelo, rozando el Ford Fiesta, que había sido bajado hasta una cava de 2 metros de profundidad, 14 de largo y 7 de ancho. "Se utilizó alcohol metílico", dijo un informe preliminar de los Bomberos. Sus manos estaban esposadas.

Una bala calibre 32 -después se determinó que eran dos- quedó dentro de su cráneo. Los peritajes no pudieron precisar si murió en el acto. Había mucho hollín en sus pulmones. La opinión de los especialistas es que dada la forma en que se halló el cuerpo, quemado en un 80 por ciento, el humo pudo haber entrado después del fallecimiento.

El sábado 25 A las 13hs., Gabriel Michi esperaba junto a su mujer Luz a José Luis Cabezas. Tenían planeado hacer una recorrida por la playa en busca de las modelos de Roberto Giordano. Luego de esperar un poco llamó a la casa de José Luis, desde donde atiende su suegra y le dice que el fotógrafo no había llegado aún. De inmediato, Michi mandó un radiomensaje al número 5425056 de la empresa Skytel, perteneciente a Cabezas. Al no obtener respuesta emprendió una larga cadena de llamados telefónicos: los balnearios, la casa de Andreani, el comisario Alberto Gómez de Pinamar y nuevamente a la casa de Cabezas. Sin ninguna respuesta positiva, Michi decidió ir a la comisaría.

El comisario Gómez lo atendió en su casa que da a los fondos de la dependencia policial y le preguntó sobre la marca del auto en que circulaba Cabezas. -“Es un Ford Fiesta blanco, patente AUD396”, responde Michi. A lo que Gómez alerta: -"Creo que tengo una mala noticia para darte". De ahí fueron hasta la ruta 11 y recorrieron unos 8 kilómetros, doblaron a la izquierda y anduvieron 5 kilómetros más por el camino de tierra que conduce a la laguna Salada Grande. Llegaron a una cava que había sido hecha 15 días antes por la Municipalidad de Madariaga para nivelar el camino de tierra y le preguntaron si reconocía el auto. Gabriel Michi recordó en ese momento que el Ford tenía un golpe en el guardabarro derecho y pidió que lo dejen descender a la cava para comprobarlo. Lo que quedaba del auto tenía un golpe en ese lugar. El periodista, entonces, levantó la vista y vió el cadáver de su compañero que aún permanecía en el Ford. El mismo cadaver que conocimos todos por las terribles fotos que circularon luego de ese fatídico 25 de enero.

La policía le muestra unas llaves, un trozo de una bota texana, un masacote de plástico y dos cartuchos de película. Michi no lo podía creer. Quedó paralizado. En febrero de 1996, José Luis Cabezas había hecho fotos del narcoempresario postal Alfredo Yabrán y de su mujer caminando por la playa. Era la primera vez que un fotógrafo podía capturar la imagen del empresario en esas circunstancias. La foto de Yabrán fue la tapa de la edición del 3 de marzo de 1996 de Noticias. Cuando se enteró de la existencia de esa foto, el empresario telepostal ardió de furia. En otra oportunidad había dicho: "Sacarme una foto a mí es como pegarme un tiro en la frente". A partir de la publicación de esa nota, José Luis Cabezas y su mujer, María Cristina Robledo, empezaron a recibir advertencias y amenazas telefónicas que se sucedieron durante todo 1996.

No era casual que esto les pasara. El 20 de diciembre de 1996, Noticias había comenzado la cobertura del verano en Pinamar. A los dos días de iniciada, Cabezas dijo que uno de los hombres más cercanos al intendente Altieri le había hecho una confesión bajo estricto secreto: -"Gente vinculada a Yabrán estuvo tratando de averiguar tu dirección".

Alfredo Yabrán odiaba dar reportajes. Odiaba también que lo retrataran. Prueba de eso es la cantidad frustrada de veces en las que se lo intentó entrevistar o simplemente hablar.

Gabriel Michi y José Luis Cabezas trataron, durante todo enero, de acercarse al empresario para proponerle un reportaje. Yabrán utilizaba para sus desplazamientos en Pinamar una camioneta Land Cruiser bordó, patente AKR282. Con ella llegó al balneario Bacota a mediados de enero. Cuando los periodistas quisieron estacionar su Ford Fiesta, un empleado del balneario se los impidió. Los periodistas tuvieron que irse inmediatamente. Yabrán había abandonado su camioneta y ya estaba lejos.

En otra oportunidad, El sábado 18 de enero, el empresario, siempre rodeado por una temible custodia personal, estaba cenando en la parrilla "Martín Fierro" de Valeria del Mar. Michi iba solo en su auto y al descubrir la presencia de Yabrán trató de ingresar al restaurant. Dos hombres de seguridad se lo impidieron. Ante la mirada atenta de los guardaespaldas, el periodista debió abordar su Ford y retirarse del lugar.

En enero de 1995 los periodistas de Noticias cubrían el verano en Pinamar y encontraron los dos autos de alquiler que utilizaban para movilizarse despedazados con una precisión admirable. Los dos Volkswagen Gol tenían los vidrios rotos y los neumáticos destrozados. El día anterior, la revista había publicado por primera vez la foto de Alfredo Yabrán. Hasta ese momento, su rostro era un enigma.



Testigo indiscreto

José Luis Cabezas era una persona extrovertida. A lo largo de cinco temporadas en Pinamar había logrado concentrar una importante cantidad de fuentes informativas. Una de ellas era Rafael El Rafa De Vito, dueño, entre otros negocios, del más importante corralón de materiales de la zona y del balneario Cocodrilo. El Rafa mantiene una excelente relación con Eduardo Duhalde y fue el principal artífice para que el gobernador comprara una casa en Pinamar por 60.000 dólares que ahora está tasada en 150.000: De Vito le hizo un precio especial por los materiales que utilizó el gobernador para refaccionar su casa. A menos de 100 metros del chalet, rodeado de guardaespaldas, fue visto por última vez José Luis Cabezas con vida. Hoy, Rafael De Vito suena como el sucesor de Blas Altieri en la conducción de la Municipalidad de Pinamar.

Cristina y Candela, la mujer y la hija menor del fotógrafo, ocuparon durante enero una carpa en Cocodrilo. Cuando Cabezas quiso pagar el alquiler,El Rafa le contestó: "Yo no te puedo cobrar. ¿O vos no sabés lo que te quiero?". Después del homicidio, Rafael De Vito dice otra cosa.

la foto de Cabezas que enfureció a Yabrán
Desde el mismo momento en el que mataron a José Luis Cabezas, muchos de los policías que investigaban el caso hicieron notables esfuerzos para intentar demostrar que el homicidio tenía que ver con la vida personal del fotógrafo y no con su actividad profesional. De ese tenor fueron las primeras preguntas que recibieron los compañeros del fotógrafo en la noche del sábado, cuatro horas antes de que se presentara el juez José Luis Macchi en la comisaría de Madariaga. Esa línea también recibió refuerzos inesperados. Un ex comisario de la Policía Bonaerense vinculado a la SIDEinformalmente, hizo cuatro llamadas en dos días a la redacción de Noticias insistiendo en la cuestión de que "hay que investigar a la víctima".

Blas Altieri es el intendente de Pinamar y tenía una relación muy particular con Alfredo Yabrán. Sospechado de pertenecer al círculo íntimo del empresario, el martes 28 de enero hizo verdaderos esfuerzos por demostrar su amistad y su consternación por el destino de Cabezas y se apuró a lanzar una definición muy elocuente: "Yabrán no tiene nada que ver con el caso".

El miércoles 29, una persona le acercó a un periodista de Canal 13 una caja vacía de esposas. "Yo trabajo en el edificio 'Marinas II' y encontré esto en las cocheras", dijo el hombre -morocho, de 1,85 y pelo crespo- antes de salir corriendo. Ese era el edificio donde se había alojado Gabriel Michi durante su estada en Pinamar. La caja resultó ser el envoltorio de unas esposas de juguete.

El domingo 26, un productor del programa de Juan Alberto Badía encontró un teléfono celular Miniphone. Luego de hacerlo llegar a la redacción de revista Noticias, fue entregado al comisario inspector Carlos Rossi, jefe del grupo operativo de la investigación. Los policías alentaron en ese momento esperanzas alrededor del teléfono y algunos llegaron a sostener ante los medios que pertenecía a Cabezas, a pesar de que el fotógrafo nunca tuvo celular. El aparato fue descubierto semienterrado en las cercanías de la casa de Oscar Andreani, en el mismo lugar donde estaba el Ford Fiesta.

Más allá de todo lo que se pueda decir acerca de José Luis Cabezas, no hay que olvidar ni siquiera por un momento, la manera en la que fue asesinado. Su muerte es y será el eterno fantasma de un pasado que nunca más debe ser parte de nuestras vidas...

* Parte del libro "La larga sombra de Yabrán", de Christian Sanz (Sudamericana, 1998)




Amistad, divino tesoro

A Alfredo Yabrán se lo vinculó públicamente con personas de gran poder, comenzando por el entonces presidente de la Nación, Carlos Saúl Menem. Un día después de que el ex ministro de Economía, Domingo Cavallo denunciara al empresario postal en el Congreso -el 23 de agosto de 1995-, Menem aseguró desconocer “a las mafias que denuncia el ministro” desde la escalerilla de un Lear Jet de la empresa Lanolec, propiedad de Yabrán. La relación entre ambos resultó tan obvia que la ex esposa de Menem, Zulema Yoma, dijo que “me da asco que Menem ande tratando de tapar las amistades que tiene con Yabrán”. Por lo demás, el Presidente lo defendió varias en veces en público, a quién consideró “un empresario más”.

Yabrán siempre tuvo buena llegada con el ministro del Interior, Carlos Corach, quién decidió indeminizar a una de sus empresas, Intercargo por el rompimiento de contrato, que la ligaba al Estado, con la friolera de 44 millones de dólares cuando sólo le correspondían unos cinco millones. Además, se apresuró a desligar a Yabrán del asesinato de José Luis Cabezas y a dar como establecido que éste había muerto por disparos de la pistola de uno de los miembros de la gavilla conocida como “Los Pepitos”, ligados a un prostíbulo del puerto de Mar del Plata.

Ermán González nunca desmintió haber defendido los intereses de Yabrán desde los ministerios de Economía y Defensa y admitió haberlo visitado. También habría destrabado el cobro de una deuda, por lo que Yabrán le habría facilitado el dinero para comprar un departamento en la calle Larrea 1381 de la Capital Federal.

Otro de los estrechos allegados a Yabrán lo fue el ex subsecretario de Seguridad, luego interventor eterno de la Dirección Nacional de Migraciones, Hugo Franco, alías El Ratón. Franco fue impulsor, junto con Corach, de la privatización de la hechura de los DNI a medida del Grupo Yabrán, subasta que ganó Siemens cuando Yabrán se encontraba en la debacle.

El ex ministro y actual senador Eduardo Bauza, alías El Fideo, mantenía aceitadas relaciones con Yabrán, aunque cuando le resultó necesario, puso distancia con él. El juez federal de San Iisidro, Roberto Marquevich, benefició con varios de sus fallos a empresas de Yabrán. Según un informe de Inteligencia, el Grupo lo recompensó por estos favores comprándole un chalet en San Isidro.

durante la Presidencia de Menem, aumentaron los crímenes mafiosos
El secretario general de la Presidencia, Alberto Kohan, dijo a los pocos días del asesinato de Cabezas que “investigarlo a Yabrán es una locura”. A confesión de partes, relevo de pruebas.

Según Zulema Yoma, el senador Eduardo Menem fue una pieza clave en la relación del gobierno con Yabrán. Aún así, una de las hipótesis del brutal asalto que sufrió la casa del senador (un polícia muerto y otro malherido) es que lo hayan cometido allegados a Yabrán a consecuencia del intento del hermano presidencial de olvidar aquél vínculo.

Monzer al Kassar visitó a Yabrán en su principal estancia entrerriana. El narcotraficante y traficante de armas habría mantenido relación con Yabrán a través del extinto presidente de la firma Prosegur de España, Herberto Gut Beltramo, un antiguo empleado y más tarde socio de Amadeo Juncadella..

El ex embajador en el Vaticano, Esteban Caselli, alías Cacho o El Obispo, solicitó por escrito a la Fuerza Aérea por “expreso pedido del presidente” que la empresa Lanolec pudiera instalar un hangar en Aeroparque. Caselli fue un personaje clave en el contrabando del oro y de las armas y estaba estrechamente relacionado a Yabrán.

Durante la gestión de Horacio Jaunarena como ministro de Defensa, durante el gobierno de Raúl Alfonsín, se decidió conformar la sociedad entre la Fuerza Aérea y Yabrán, EDCADASSA, que se consolidó durante el gobierno de Menem gracias a los desvelos de Erman González.

El ex ministro de Obras Públicas Roberto Dromi benefició notoriamente a Villalonga Furlong en sus relaciones con Encotel pergeñando un decreto que se firmó en 1990. El actual ministro de Justicia y ex embajador en Washington, Raúl Granillo Ocampo, mantuvo buenas relaciones con Yabrán al menos desde 1989, cuando se desempeñaba como secretario Legal y Técnico de la Presidencia.

Elías Jassan, ex ministro de Justicia (cargo al que debió renunciar cuando se descubrió que habia mantenido más de cien contactos telefónicos con Yabrán desde el asesinato de Cabezas) había sido antes vicepresidente de Interbaires. Jassan le dio el reparto de la correspondencia del Ministerio de Justicia a OCA. “No tengo ni he tenido relación alguna con el señor Yabrán”, mintió descaradamente en noviembre de 1996. Eso le costó el cargo.

Emir Yoma fue uno de los principales nexos entre Yabrán y el gobierno y lo ha recibido tanto en su casa como en sus oficinas.

Horacio Massaccesi dijo que siendo gobernador rionegrino mantuvo reuniones con el empresario. "Cuando la situación financiera de la provincia se hizo inmanejable hubo que reunirse con empresarios que tenían en sus manos la suerte de la provincia", se justificó.

El ex juez federal Carlos Branca, posteriormente preso, trabó un embargo por 30.000 dólares contra Cavallo por una denuncia de OCASA. Más tarde se descubriría que integraba una banda de contrabandistas.

También tuvieron relaciones con Yabrán, Fernando de la Rúa (que fue apoderado de OCA), Carlos Grosso; el ex intendente de Pinamar, Blas Altieri; el comisario Juan Adrián Pellachi y, entre otros, los jueces federales Rodolfo Canicoba Corral, Jorge Urso y María Romilda Servini de Cubría.

En estos días, en los que nuevos grupos (económicos y periodísticos, pseudomafiosos) intentan ocupar alguno de los tantos lugares vacantes dejados por Yabrán y se tejen alianzas espurias a espaldas de la sociedad, urge volver a traer a la memoria los nombres de aquellos que permitieron el saqueo de nuestro país y el ingreso de las drogas a gran escala.

Todo por un puñado de dinero manchado con sangre...

1 comentario:

Desde Siria dijo...

Es dificil creer que teniendo tantas opciones y poder,se haya suicidado.Y más cuesta creer que haya desaparecido toda la red de mafiosos detrás de él.
Así es que...habrá que traer del recuerdo varios nombrecitos q caminan como impunes por ahi...

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