La novela del caso Martín Pérez Redrado está llegando ya a su final con un cierre previsible que es el alejamiento de este economista de la Presidencia del Banco Central de la República Argentina.Luego de sentirse abandonado por los principales referentes del antikirchnerismo, Pérez Redrado se dio tiempo para amenazar con la publicación de una "lista" que contiene los nombres de "amigos del poder" que habrían estado comprando dólares durante el año 2008, cuando estalló la crisis financiera que padeció (y padece) el mundo entero.
El Diario Perfil publicó la lista de aquellos que no confían en la economía nacional ya que apostaron a una moneda extranjera. Según ese Diario, entre sus nombres más destacados de la lista de López Redrado encontramos nada menos a Néstor Carlos Kirchner quien, para resguardarse del descalabro financiero mundial, habría comprado unos dos millones de dólares.
Pero no solo habría sido Kirchner el que apostó por el dólar estadounidense, ya que también figuran el gremialista Hugo Moyano y sus muchachos quienes adquirieron seis millones de dólares a través de Obra Social Conductores Camioneros y UTAC, Obra Social de Choferes de Camiones y el Sindicato de Choferes de Camiones de la Ciudad de Buenos Aires. En esa nómina se hace mención también los Gobiernos Provinciales de San Luis y Tucumán y al empresario periodístico Daniel Hadad.
Por supuesto que comprar dólares u otra moneda extranjera no constituye un delito. Pero, aún así, hay dos puntos que son graves: no es bueno para la Argentina comprar dólares y depositarlos en el extranjero y, peor aún, es tremendamente hipócrita actuar de patriota mientras que, por otro lado, el dinero se lo invierte en otro país. A propósito, hablando de patriotismos, ¿aún no volvieron los famosos fondos de la Provincia de Santa Cruz que Néstor Kirchner escondió fuera de las fronteras del país?.
Resta saber si López Redrado tendrá la dignidad suficiente y las agallas necesarias para llevar ese tema a la Justicia para que se investigue a fondo... o si tan solo es otra cortina de humo que nada aporta al país.
El Diputado Agustín Rossi disparó uno de los últimos dardos kirchnerista contra el destituído-renunciado ex Presidente del B.C.R.A. desafiándolo "Si él tenía esa información y esa información le generaba dudas o estaba convencido de que se estaba cometiendo un hecho ilícito, tendría que haber ido a la justicia. Si no, lo van a acusar por encubridor" (...) ¿Tendrá el Gobierno Nacional la dignidad suficiente y las agallas necesarias para llevar este tema a la Justicia?
Devaluar la moneda nacional es un lugar común en el que cayeron muchos Ministros de Economía que tuvo la Argentina. Uno de las razones que se esgrimieron, cualquiera sean quienes pasaron por el Palacio de Hacienda, fue el (desesperado) intento de atraer inversiones extranjeras a este país que nunca se caracterizó precisamente por su seguridad jurídica.
No son pocos los casos en que "amigos del poder" tuvieron el privilegio de conocer de antemano una devaluación por lo que pudieron "protegerse" comprando dólares. Otro tanto sucedió cuando algunos "supieron" de que Domingo Cavallo iba a ordenar el tristemente célebre "corralito bancario" por lo "tuvieron tiempo" para sacar sus depósitos de las entidades financieras antes de que entrara en vigencia la medida que influiría después en la caída de la presidencia de De la Rúa.
Lo cierto es que las devaluaciones de la moneda son siempre antipáticas para el grueso del pueblo porque representan una notable pérdida en el poder adquisitivo del dinero por la suba de los precios de bienes y servicios. En definitiva, es el pueblo el que, con su consumo de bienes y servicios finales, termina solventando la caída del precio de la moneda mientras que ciertos amigos del poder aprovechan el cimbronazo para cerrar sus negocios.
En el año 1981, Lorenzo Sigaut había sido designado Ministro de Economía de la Nación por el entonces Presidente (de Facto) Roberto Eduardo Viola. Sigaut fue el autor de una de las frases que quedó grabada en el inconciente colectivo de los argentinos: "el que apuesta al dólar pierde", frase que aquel economista dijo justo poco antes de disponer otra terrible devaluación de la moneda argentina.
De ahí en más, inclusive en los primeros años de democracia, debido a la persistente inflación y las erráticas políticas económicas que se aplicaron, los argentinos buscaban preservar su capital invirtiendo en la compra de dólar. Los años de Carlos Menem como Presidente de la Nación sirvieron para que los argentinos dejáramos de obsesionarnos por el dólar gracias a la vigencia del Plan de Convertibilidad que congeló el precio de la moneda estadounidense. Lo que debió haber sido una medida de mediano plazo, terminó siendo lo que terminó complicando seriamente a la economía argentina: el pueblo argentino se enamoró del célebre "1 a 1" y convalidó toda la juerga menemista (es decir, de todo el Partido Justicialista) de aquella década.
Luego del final de la caótica gestión presidencial de Fernando De la Rúa, Eduardo Alberto Duhalde culminó con su obra golpista para ser finalmente ser el Presidente de la Nación. Duhalde ordenó la salida de la convertibilidad y se devaluó el peso argentino, no sin antes proteger al corrupto sistema financiero del país y estafar a miles de ahorristas. El actual precandidato a Presidente de la Nación Duhalde aggiornó aquella frase de Sigaut cuando mintió descaradamente a los ahorristas argentinos afirmando "el que puso dólares recibirá dólares"...
La Presidente Cristina Fernández Wilhelm ha recibido presiones varias para devaluar nuevamente el peso. Hasta ahora, es algo a lo que la primera mandataria se ha resistido.
La inflación es la gran materia pendiente que tiene el kirchnerismo en sus más de seis años en la Casa Rosada. Las únicas respuestas que ha dado el Frente para la Victoria para intentar solucionar la sostenible suba de los precios de bienes y servicios en nuestro país ha sido trastocar el índice de precios que publica el I.N.D.E.C., además de los controles de precio que digita Guillermo "Patota" Moreno desde su Subsecretaría de Comercio Interior. La escandalosa adulteración de la medición de la inflación trae también como consecuencia una medición de la pobreza totalmente desapegada a la realidad lo que, en definitiva, favorece al discurso presidencial.
El gran sostén del poder kirchnerista es alentar al consumo, es decir, dar dinero para que los ciudadanos tengan para gastar. Por una cuestión de lógica, para evitar efectos inflacionarios no deseados, ese incremento en la demanda de bienes y servicios debe ser necesariamente acompañado por un crecimiento en la inversión en capitales.
Es hora de que el Gobierno Nacional que lidera la Presidente Fernández Wilhelm tenga un plan económico que sea algo más que el descontrolado reparto de subsidios y el aumento del gasto público. De no ser así, seguiremos viviendo de las ilusiones que nos vende el I.N.D.E.C.




















