domingo, 19 de diciembre de 2010

"Pocho" Lepratti, el ángel de la bicicleta, otro mártir de esta Argentina

Claudio "Pocho" Lepratti
Aquellos, eran los días cada vez más turbulentos en algunas partes de nuestro país. Había un Gobierno Nacional incapaz de dar respuestas a una crisis que explotaba a causa de tantos años de menemismo, de tantos años de peronistas dirigiendo la Argentina.

En la Ciudad de Rosario, en aquel 19 de diciembre de 2001, la Policía de la Provincia de Santa Fe asesinaba fríamente a Claudio Lepratti, de por entonces 35 años de edad, quien trabajaba como auxiliar de cocina en la Escuela Nº 756 "José M. Serrano" ubicado en el Barrio Las Flores.

Por orden del entonces Gobernador de Santa Fe Carlos Reutemann, la policía santafesina lanzó una ofensiva sobre barrios marginales para amedrentar a posibles agitadores sociales. Los agentes de seguridad entraron al Barrio Las Flores efectuando disparos y fue entonces que "Pocho" decidió hacerles frente: se subió al techo de la escuela y desde ahí les gritó “¡Hijos de puta, no tiren que hay pibes comiendo!”. Como represalia, un uniformado disparó sobre la humanidad de "Pocho" acertándole un disparo en el cuello que le produjo la muerte.


Pocho, el santo del Barrio Ludueña

"Pocho" nació el 27 de Febrero de 1966 en Concepción del Uruguay, Provincia de Entre Ríos. Sus padres son Orlando Lepratti y Delis Bell y él era el mayor de seis hermanos; era una familia sencilla, compuesta por trabajadores rurales.

En su adolescencia conoció el carisma salesiano que infundió el gran Don Bosco en miles de jóvenes en todo el mundo. Estudió en Colegio "Santa Teresita" de Concepción del Uruguay, el cual era dirigido por sacerdotes salesianos; a los 18 años, se hizo Cooperador Salesiano y empezó a estudiar Derecho en la Universidad Nacional del Litoral como alumno libre.

Movilizado por su amor por Don Bosco y su compromiso social, en 1986 ingresa como seminarista en el Instituto Salesiano "Ceferino Namuncurá" de la localidad de Funes (Santa Fe) con la ilusión de consagrar su vida a los jóvenes como hermano coadjutor. De lunes a viernes, "Pocho" se dedicaba a su formación y, en los fines de semana, empezó a trabajar apostólicamente en la Ciudad de Rosario en barrios marginales cuando se producían los saqueos y desmanes que terminaron provocando la caída de la presidencia de Raúl Alfonsín.

Ante el drama que vivían decenas de familias, "Pocho" pidió permiso a las autoridades salesianas para radicarse en el Barrio Ludueña y para así estar todos los días con la gente. Sus superiores rechazaron su pedido argumentándole que, después de ser ordenado como religioso, tendría más tiempo para dedicarse a la gente; contrariado, "Pocho" persiste en su actitud respondiendo que "Hay gente que no puede esperar" y es por eso que, tras cinco años de haber estado viviendo en el seminario salesiano, decide abandonar la formación religiosa para entregarse por entero a su tarea social.

Ya instalado en ese barrio rosarino, "Pocho" continua viviendo los votos de castidad y pobreza que recibió de los salesianos pero no el de obediencia a sus superiores. Allí, adhiere a la incansable labor del Padre Edgardo Montaldo, sacerdote católico que llevaba treinta años trabajando con los desposeídos. Junto a otra gente, empieza a trabajar arduamente en la formación y capacitación de niños, adolescentes y jóvenes, formando grupos como "La Vagancia", la "Coordinadora Juvenil de la Vicaria Corazón del Barrio Ludueña", "Los Gatos", "Los Pelos Duros", Grupo "San Cayetano", "Los Piqueteros de Lourdes", "Los Ropes" y "La Murga de los Trapos"; asimismo, participó en la Revista "El Ángel de Lata", El Movimiento "Chicos del Pueblo", y con todas las comunidades eclesiales de base, como "Poryajhú" ("pobres" en guaraní), como así también en la agrupación "Desde el Pie". Promovió la formación de talleres y emprendimientos productivos en donde trabajaban muchos jóvenes desocupados, dio charlas de prevención contra el S.I.D.A.

Por medio de un acuerdo entre la Municipalidad de Rosario y la Vicaría del Sagrado Corazón del Padre Montaldo, "Pocho" trabajó desde el Centro "Crecer" Nº 19. Allí repartía semillas a los vecinos del barrio, y el salario que percibía por realizar esta actividad lo destinaba completamente a las actividades del Grupo "La Vagancia". Como empleado estatal, fue un militante comprometido en la Asociación de Trabajadores del Estado (A.T.E.) y fue congresal provincial de la Central de los Trabajadores Argentinos (C.T.A.).

Trabajó también en la Cocina Centralizada de Rosario desde fines de 1992 hasta diciembre de 1996, cuando despues de un duro conflicto de los trabajadores no docentes de los comedores escolares, - entre los que Pocho jugaba un papel importante en la organización - el conflicto culminó cuando se logró que el Gobierno Provincial tomara a los trabajadores despedidos, entre los que se encontraba Pocho, y a partir de entonces pasó a desempeñarse como personal no docente de comedores escolares en la Escuela 756 del barrio Las Flores, hasta el día en que lo asesinaron.

Día a día, Pocho atravesaba Rosario montado en su bicicleta, la única movilidad que tenía para llegar y trabajar con la gente que él tanto quería. De ahí que se lo conocía como "El Ángel de la Bicicleta".

Luego del asesinato de "Pocho", su gente dio grandes muestras de dolor en su velatorio. Posteriormente, sus restos mortales fueron trasladados hasta la Ciudad de Concepción del Uruguay en donde actualmente descansan.

Orlando Lapretti, su padre, declaró Quizá lo mandaron a matar porque molestaba el trabajo que hacía, sacaba a los chicos de la droga y de la calle, los hizo estudiar o hacer deportes. No sé, eso se comenta”. Ante el revuelo que hubo con ese asesinato, Reutemann recibió en su despacho a los familiares de "Pocho" pero dijo desconocer los detalles de los sucesos... Poco después de los actos del tercer aniversario de la muerte de "Pocho", Don Orlando falleció de un ataque cardíaco.

Monumento a "Pocho" en Concepción del Uruguay
Como sucede en estos casos, la investigación por esta muerte estuvo llena de encubrimientos y trabas burocráticas del gobierno provincial. Fueron procesados cinco uniformados, dos de ellos con rango de jefe, fueron condenados a 2 años y 8 meses de prisión en suspenso por alterar pruebas y montar una farsa para favorecer al autor del homicidio, un agente que hoy cumple una condena a 14 años de cárcel. Lamentablmente, una vez más, el hilo se cortó por lo más delgado: hubo cárcel solo el autor material del fatídico disparo pero nunca se buscó a los responsables políticos.

Según informó el Diario La Capital, el ex ministro del gobierno provincial en aquella época, Lorenzo Domínguez, (quien admitió que la policía no seguía sus directivas), y el ex subsecretario de Seguridad Pública, Enrique Alvarez, (a quien Domínguez definió como el "responsable directo del control de la policía"), fueron sobreseídos por el juez Correccional santafesino Roberto Oscar Reyes. Es el magistrado que en octubre de 2005 fue beneficiado con un polémico ascenso a camarista penal de Santa Fe. Por otra parte, el entonces Gobernador  Reutemann nunca fue citado siquiera a dar explicaciones. Cabe destacar que en tre los días 19 y 20 de diciembre de 2001, hubieron otros seis muertos en medio de disturbios.

Luego de su muerte, y tras unos meses de estar desorientados, sus muchachos decidieron continuar con la obra. Se inauguró la Biblioteca Popular Pocho Lepratti, en la que se ejecutan talleres de reflexión, arte, teatro, guitarra, murga y serigrafía y en la que otros jóvenes aprenden oficios que les permiten conseguir empleo.


Su recuerdo está vivo en mucha gente que lo conoció y que entendió que el mejor homenaje es seguir laburando por los más pobres, los marginados, esos tantos que quedan fuera del sistema. En Rosario se ven pintadas en distintas paredes urbanas que lo recuerdan.

En octubre pasado, se inauguró el Centro de Atención Primaria de la Salud "Pocho Lepratti" en el Barrio Ludueña, con el que se brindará asistencia sanitaria a unas 12.000 personas. Durante la inauguración, Celeste Lepratti, hermana de "Pocho", dijo “Pocho seguramente no estaría de acuerdo con que ningún lugar llevase su nombre, pero si estaría de acuerdo con que se siga pensando en la gente, en su salud y su educación. Pocho vive, no lo mataron, lo multiplicaron, y este lugar es un ejemplo de ello.

canción que le escribio León Gieco junto a Luis Gurevich

1 comentario:

Pai dijo...

La historia, tal vez,no los recordará...

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