martes, 16 de noviembre de 2010

Inflación, esa maldita palabra para el kirchnerismo

"No nos hacemos cargo..."

Desde el 2003 hasta esta parte, la inflación es una "mala palabra" para el kirchnerismo.

Ha estado desaparecida en todos los discursos oficiales, y fue escandalosamente distorsionada por el Instituto Nacional de Estadísticas y Censos. Últimamente, ha dejado de ser tan tabú pero, en vez de reconocerla y atacar sus causas, el Gobierno Nacional ha optado por eludir toda responsabilidad y culpar a otros de la inflación.

El Ministro de Economía Amado Boudou volvió a negar su importancia y declaró hace poco que “La inflación no es un tema en muchos sectores, aunque la clase media y alta puede notar algún impacto”. Estas frase desató un terremoto en el Gabinete de la Presidente Cristina Fernández.

Quien fue el primero en salir a "tirar la pelota afuera" fue el Ministro del Interior Florencio Randazzo quien cargó contra el sector empresarial de nuestro país exigiéndoles que "no suban más los precios" y que "aumenten la oferta de bienes".

A su vez, salió el verborrágico Jefe de Gabinete Aníbal Fernández quien, muy livianamente, afirmó “Reconocemos que hay aumento de precios, (pero) no nos hacemos cargo, los responsables son los que están aumentando los precios” (¿¿??). Acerca de los dichos de Boudou, Fernández expresó, con mucha lógica, “Yo no sé lo que dijo él, pero literalmente no coincido con eso, normalmente es al revés”, al reconocer que la inflación impacta más en el rubro de la alimentación.

Quien tiene puesta la camiseta K (por propia conveniencia, claro..) es el inefable Secretario General de la Confederación General del Trabajo Hugo Moyano, quien tras años de transas con Menem y Duhalde, también se ha subido al tren del "progresismo". Moyano admitió "Sí, un poquito de inflación hay" (¡¡!!) y contraatacó aseverando "Nosotros decíamos que discutíamos los salarios de acuerdo a la inflación del supermercado, pero ojo, que en los países que hay inflación cero o deflación, se paga con puestos de trabajo, bajos sueldos y cierre de establecimientos. Que haya un poco de inflación y que siga generando puestos de trabajo, aumentos salariales, consumo masivo, no es malo para un país, lo que es malo es la deflación". Este impresentable dirigente cayó su boca durante los años de escandalosos índices de desocupación que hubieron en los '90 (hoy es una realidad maquillada a fuerza de planes sociales) porque, como los Kirchner, estaba alineado a Carlos Menem.

No decimos nada nuevo afirmando que la inflación es un fenómeno macroeconómico complejo. Básicamente, es el aumento sostenido de los precios de bienes y servicios finales que, aunque a nuestros gobernantes no les guste reconocer, termina provocando la pérdida del valor adquisitivo del dinero y el consiguiente perjuicio socioeconómico para las economías familiares que observan cómo cada vez es menos lo que se puede adquirir con una determinada cantidad de dinero.

El Gobierno que hoy lidera Cristina Elisabet Fernández no alcanza a dimensionar este problema. Quizás por demagogia, recurre únicamente a la incentivación del consumo: dinero repartido a raudales sin ningún control, hipotecando a futuras generaciones con préstamos tomados que solventan esta fiesta kirchnerista. En definitiva, es lo que da votos. Asignación ¿Universal? por Hijo, "jubilaciones" que se entregan a quienes no aportaron y demás planes sociales son solo parches, atienden dramas coyunturales pero nunca atacan las causas de nuestra miseria que es la educación.

Ante los estímulos que recibe la gente para gastar más dinero, debería favorecerse también a la oferta de bienes y servicios, de manera tal que acompañen la suba en las cantidades demandadas.

Cualquiera de nosotros que va a un supermercado todos los meses para comprar alimentos puede notar como suben sin parar los precios de la carne, lácteos, pan, frutas y verduras. No es muy complicado darse cuenta que $ 100 (sí, cien pesos) no rinden hoy como en el mes pasado, como hacen un par de meses, como a principios de año como en el año pasado.

Seguramente, la Presidente, "Flopi" Randazzo, Aníbal Fernández, Amado Boudou ni Hugo Moyano van a un supermercado o a un almacén de barrio para hacer las compras cotidianas. Lo del "camionero" es patético: el pretendido abanderado de la clase trabajadora estuvo distendiéndose yéndose junto a su familia a la Ciudad de París, en donde fue visto gozando de paseo de compras en las exclusivas Galerías Lafayette (¡oh, la-lá!)... Todos ellos, supuestos enemigos de las oligarquías, dados sus abultados patrimonios personales, están lejos de los efectos inflacionarios que padecemos el grueso de la población argentina...

Esa Argentina paralela en la que viven los más encumbrados referentes kirchneristas es lo que los termina obnubilando y volviéndolos más cínicos cuando opinan de las economías domésticas del común de la gente. A decir verdad, y mal que nos pese, no podemos esperar ningún remedio si quienes tienen el deber de gobernar no reconocen la enfermedad.

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