lunes, 13 de septiembre de 2010

Destrucción económica y proyecto autoritario

El populismo lleva a la destrucción económica y la destrucción económica a la pobreza. Por un tiempo la gente compra el discurso populista, pero cuando el gobierno no puede dar respuestas a las demandas de la sociedad, la única forma de mantenerse en el poder es con autoritarismo.

Parece ser que el kirchnerismo apoya la participación de los trabajadores en las utilidades de las empresas. Me pregunto si, más allá del discurso, Néstor Kirchner estará dispuesto a que todos participemos de las fenomenales utilidades que él obtuvo especulando con compras de terrenos y propiedades, entre otras operaciones.

Por lo pronto, el empresario kirchnerista Cristóbal López, siguiendo la afirmación de Kirchner cuando sostuvo que no presten atención a lo que dice sino a lo que hace, tiene un fenomenal conflicto en la empresa Paraná Metal. De acuerdo a la información periodística, López quiere despedir a 600 de los 900 trabajadores que tiene la compañía y reducirles el 30% el sueldo a los que se queden.

No se entiende el comportamiento del empresario kirchnerista, porque si fuera un hombre fiel a los principios políticos que dice seguir debería hacer lo que dice su líder político: ganar un poquitito menos, como siempre afirma Kirchner cuando habla de las retenciones o culpa a las empresas de aumentar los precios para no reconocer la responsabilidad que le cabe al Gobierno por la emisión monetaria que genera inflación. ¿Cuántas veces ha dicho Néstor en sus discursos que les pide a los empresarios que ganen un poquitito menos? Bueno, es hora de poner en práctica su discurso tan progre. Que las empresas del señor López que generan ganancias subsidien a las que pierden. Finalmente, ¿no es este un Gobierno que busca la igualdad, la solidaridad y está contra el salvaje liberalismo que sólo defiende las utilidades y no tiene piedad con los trabajadores?

Como puede verse, todo el discurso progre del kirchnerismo se cae como un castillo de naipes en la primera oportunidad en que sus seguidores tienen que afrontar los costos de ese pensamiento.

Mientras tanto, tenemos un país totalmente alterado. Hugo Moyano no para de hacer piquetes. Héctor Recalde propone que los trabajadores participen en las utilidades de las empresas. El Gobierno habla todo el tiempo de grupos concentrados. Guillermo Moreno entra a los gritos y amenazas en Papel Prensa. Y Gabriel Mariotto se entretiene definiendo cómo tiene que ser la grilla de programación de las empresas de cable. Siguiendo con este criterio, mañana podría ordenarles a los diarios que primero tienen que poner espectáculos, luego política, después deportes, a continuación internacionales, enseguida clasificados y así sucesivamente.

Con este contexto, no es casualidad que la Argentina figure en el puesto 87, de 139 países considerados, en el Índice de Competitividad Global del World Economic Forum. ¿A qué se debe la baja calificación de nuestro país? A que los que tienen que invertir perciben inestabilidad en las políticas públicas, alta inflación, falta de acceso al financiamiento y corrupción, entre otros rubros. En otras palabras, en el mundo ven lo que muchos vemos en la Argentina y que el Gobierno niega sistemáticamente.

Sin ir más lejos, Amado Boudou acaba de afirmar que no hay inflación en estas tierras y que si algunos precios suben es por culpa de los empresarios y comerciantes. Se trata de un discurso netamente populista que incentiva la confrontación entre los diferentes sectores de la sociedad. Un discurso de barricada sin contenido de ciencia económica que puede entenderse –aunque no justificarse– en Cristina Fernández y en Néstor Kirchner, pero que es inaceptable en alguien que ocupa el cargo de ministro de Economía, si es que realmente ejerce realmente ese cargo.

Por su parte, Mercedes Marcó del Pont, que tanto habla de emitir para no restringir el crédito, se encuentra con que los inversores señalan, como tercer problema para invertir en la Argentina, el acceso al financiamiento y, en segundo lugar, la inflación. Es decir, tienen una visión totalmente diferente a la de la presidenta del BCRA que sostiene que emitir es bueno para no enfriar la economía.

¿A quién beneficia el discurso populista, los piquetes de Moyano y los proyectos de ley donde se socializan las utilidades y se privatizan las pérdidas? Claramente no es la inmensa mayoría de la población la que sale beneficiada con todo este barullo. La única manera de mejorar la calidad de vida de los argentinos es con inversiones que creen puestos de trabajo, bajen la desocupación y mejoren los ingresos reales gracias a los incrementos de la productividad. Sin embargo, el Gobierno impulsa todas las acciones necesarias para desestimular la inversión e inducir luchas por la distribución de un ingreso que cada vez es menor por falta de inversiones.

Tenemos frente a nosotros una mezcla de populismo con objetivos hegemónicos de poder. Puesto de otra manera, la decadencia a la que lleva esta política económica sólo puede ser sostenida en el tiempo bajo un esquema de poder autoritario. ¿Por qué? Porque ante la creciente pobreza la gente termina revelándose contra el poder. Llega un punto en que la inflación, la pobreza y la indigencia hacen que los ciudadanos ya no “compren” el discurso de barricada y empiecen a pedir soluciones. ¿Y qué soluciones puede darle un populista a una población descontenta cuando se acaban los recursos? Ninguna. Nada más que represión si la gente decide manifestar su disconformidad. Es el típico esquema descripto por Friedrich von Hayek en su libro “Camino de Servidumbre”.

Mientras Hugo Chávez se pavonea con el socialismo del siglo XXI, Fidel Castro afirma que el modelo cubano ya no funciona ni en Cuba. Y recordemos que Fidel sólo pudo mantenerse en el poder mediante un sistema sanguinario donde los derechos humanos fueron violados sistemáticamente. Cuando las políticas económicas únicamente producen más y más pobreza, la única manera de mantenerse en el poder es mediante el autoritarismo y el terrorismo de Estado, como lo hizo el líder cubano.

Mi impresión, y tal vez pueda equivocarme, es que aquí no hay un camino de términos medios. Sólo es posible seguir con la actual confrontación y la sistemática destrucción económica si quien lleva el país por ese rumbo tiene en mente destruir todo vestigio democrático y republicano para establecer un sistema autoritario detrás de un simulacro de democracia.

escrito por Roberto Cachanosky
© www.economiaparatodos.com.ar

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