jueves, 15 de julio de 2010

Quo vadis

Finalmente, tras una maratónica sesión de poco más de 15 horas ininterrumpidas, la Cámara de Senadores de la Nación decidió convertir en ley el proyecto que introduce varias modificaciones al Código Civil para permitir que personas de un mismo sexo accedan al matrimonio y a la adopción de menores.

El kirchnerismo puso toda la carne en el asador y, con viejas mañas de la política, logró que se apruebe esta iniciativa. Luego de rechazarse el tratamiento de la "unión civil" como alternativa, el "matrimonio" gay sacó 33 votos a favor, 27 en contra y 3 abstenciones.

Tanto la Presidente Cristina Fernández como el Diputado Nacional Néstor Kirchner apostaron muy fuerte para que el "matrimonio" gay se convierta en Ley. La votación en el Senado quedó programada para un día en que la primera mandataria tenía agendado un viaje a la China, por lo que al tener que asumir provisoriamente la Presidencia de la Nación, el Vicepresidente Julio César Cleto Cobos quedó desplazado de la sesión y tuvo que ceder su lugar en el Senado al oficialista José Pampuro. Por otro lado, la Presidente "invitó" a dos senadoras que ya habían adelantado su rechazo a la propuesta oficialista a que la acompañen rumbo a Asia.

Antes de la votación, hubieron largas exposiciones de los legisladores que buscaban no solo justificar su posición tomada sobre esta cuestión sino que también se intentaba persuadir a otros a votar sobre una u otra alternativa. Sin dudas, el momento de mayor tensión se vivió cuando el Senador Miguel Ángel Pichetto descalificó a su colega Liliana Teresita Negre por proponer la unión civil para personas del mismo sexo; incapaz de pensar por si mismo y totalmente alcahuete de sus jefes políticos, el rionegrino pareció haber leído de antemano un artículo de Página/12 para usar duros términos para agredir verbalmente a la legisladora puntana, llegándola a acusar de "nazi".

Aunque ellos lo nieguen ante los micrófonos de los periodistas, terminaron siendo funcionales al oficialismo los senadores del peronismo (disidente) Carlos Alberto Reutemann, Juan Carlos Romero y Adolfo Rodríguez Saá que, a pesar de haber prometido votar en contra, se retiraron del recinto antes de la votación. Este trío narcisista prefirió salvaguardar su imagen política (¿?) cuando percibieron que se verían "derrotados" al vislumbrar el triunfo del kirchnerismo. Tampoco se hicieron presentes en la Cámara Alta Carlos Saúl Menem y el radical Emilio Rached.

En las afueras del Congreso de la Nación, el resultado de esta votación histórica fue ruidosamente festejado por las agrupaciones y lobbistas que lucharon hábilmente por la aprobación de este proyecto. Finalmente, la presión ejercida desde los medios masivos de comunicación tuvo eco en la mayoría de los congresales que votaron.

De gira en China, la Presidente Cristina Fernández concedió un reportaje a Página/12, siempre complaciente con el kirchnerismo, en el lujoso Hotel Shangri-la para hacer público su regocijo por el resultado de la votación de los senadores. Fernández dijo que se trató de "un triunfo de la sociedad" (¿?) y comparó este debate con el acontecido con la Ley de Divorcio desafiando "Me encantaría saber de los que se opusieron al divorcio y lo miran hoy. ¿Alguien dice hoy que está en contra de que la gente pueda divorciarse? Lo mirarían como si se hubiera vuelto loco. Por eso digo que en unos años más este debate va a resultar anacrónico". Por su parte, en el Diario La Nación, se lee que la titular del Ejecutivo Nacional lanzó una crítica elíptica a la Iglesia Católica cuando declaró "Lo digo desde mi formación católica... pero aspiramos como integrantes de la red católica con todas nuestras fuerzas que la Iglesia se modernice y entienda los nuevos tiempos abriendo el corazón a todos los argentinos".

La Presidente se equivoca al hablar de "triunfo de la sociedad" porque las manifestaciones populares en contra al "matrimonio" gay superaron ampliamente en número a las que estaban a favor, a pesar de que estas últimas contaban con el apoyo político y financiero del Gobierno Nacional. Cuando algunos propusieron someter esa iniciativa a un plebiscito popular, desde el kirchnerismo se rechazó enfáticamente a sabiendas de una hipotética derrota.

Al margen de que uno pueda estar de acuerdo o no con lo que ya es ley, creo que hay reconocer que un tema tan delicado como el matrimonio y la adopción de menores para homosexuales fue tratado muy desprolijamente y sin tiempo suficiente. El debate que necesitábamos llegó muy tarde, cuando ya se habían celebrado casi una decena de "matrimonios" civiles para personas del mismo sexo, cuando el proyecto había pasado sin sobresaltos por la Cámara de Diputados y estaba prácticamente cocinada en Senadores.

Hablar de la legalización de matrimonio civil y adopción de menores para personas del mismo sexo no es un tema menor. Sus consecuencias escapan largamente a la intimidad de una pareja homosexual. Nos afecta a todos. Nos involucra a todos porque terminamos compartiendo numerosos espacios sociales.

La estrategia oficialista fue, cuando no, la polarización de la opinión pública. Otra vez, la crispación entre los argentinos. Otra vez, la descalificación personal como arma recurrente.

Se mezclaron cuestiones que nos desviaban la atención: culpar a la heterosexualidad de las parejas como causal del abandono de menores, la Iglesia Católica y sus pecados, exigir tolerancia cuando a la vez no se soportaban opiniones contrarias.

Nuestra democracia sigue siendo frágil. Muy frágil. Este debate es una muestra del pobre nivel de nuestros debates sobre temas importantes.


¿Apocalipsis now?

Tal como sucedió en la década del 80 cuando el Gobierno de Raúl Alfonsín logró que se apruebe la Ley del Divorcio Vincular, la Iglesia Católica volvió a morder el polvo ya que no logró que el Senado de la Nación frene la propuesta de los sectores autodenominados como "progresistas". Si hay algo en que falló la jerarquía eclesiástica fue en no tratar este tema con la delicadeza que se merecía y, peor aún, no imitar la misericordia que Cristo predicó a la hora de tratar a los homosexuales.

Más allá de las opiniones particulares de algunos sacerdotes y laicos, si uno quiere conocer lo que la Iglesia Católica Apostólica Romana opina de diversos temas, hay que recurrir al Nuevo Catecismo que publicó Juan Pablo II. En ese libro, hay un apartado dedicado a hablar de homosexualidad y homosexuales:
2357: La homosexualidad designa las relaciones entre hombres o mujeres que experimentan una atracción sexual, exclusiva o predominante, hacia personas del mismo sexo. Reviste formas muy variadas a través de los siglos y las culturas. Su origen psíquico permanece en gran medida inexplicado. Apoyándose en la Sagrada Escritura que los presenta como depravaciones graves, la Tradición ha declarado siempre que "los actos homosexuales son intrínsecamente desordenados". Son contrarios a la ley natural. Cierran el acto sexual al don de la vida. No proceden de una verdadera complementariedad afectiva y sexual. No pueden recibir aprobación en ningún caso.

2358: Un número apreciable de hombres y mujeres presentan tendencias homosexuales instintivas. No eligen su condición homosexual; ésta constituye para la mayoría de ellos una auténtica prueba. Deben ser acogidos con respeto, compasión y delicadeza. Se evitará, respecto a ellos, todo signo de discriminación injusta. Estas personas están llamadas a realizar la voluntad de Dios en su vida, y, si son cristianas, a unir al sacrificio de la cruz del Señor las dificultades que pueden encontrar a causa de su condición.

2359: Las personas homosexuales están llamadas a la castidad. Mediante virtudes de dominio de sí mismo que eduquen la libertad interior, y a veces mediante el apoyo de una amistad desinteresada, de la oración y la gracia sacramental, pueden y deben acercarse gradual y resueltamente a la perfección cristiana.
La Iglesia Católica rechaza la homosexualidad, pero no a los homosexuales. Salvando las distancias, podemos hacer una analogía diciendo que la Iglesia rechaza al pecado pero no al pecador.

Un debate interno que se debe la Iglesia Católica en nuestro país es que debe y necesita dejar de estar sostenida por el Gobierno Nacional de turno. Esta institución debe ser mantenida por la feligresía y no por el Estado; los católicos debemos abandonar la mediocridad de no involucrarnos con la fe que decimos profesar y ser más decididos para apoyar la Iglesia fundada por Cristo. Para materializar esta histórica reforma, habría que reformar la Constitución Nacional, ya que el Artículo 2 establece que "El Gobierno federal sostiene el culto católico apostólico romano".

Para la Iglesia Católica, tomar distancia del Estado en materia económica, implicará seguramente una sensible reducción de su presupuesto anual pero, en contrapartida, ganará una estupenda libertad para realizar su acción apostólica siendo independiente del poder político de turno.

Ahora bien, cabe preguntarse ¿seremos capaces los feligreses católicos de hacernos cargo de la manutención de nuestra Iglesia?, ¿será capaz la jerarquía eclesiástica de renunciar a ciertas prerrogativas?.

4 comentarios:

luli pop dijo...

...que la iglesia se modernice?"...le ponemos tangas a Bergoglio!!

Pablo de Córdoba dijo...

Respecto a ¿Apocalipsis now?, estoy 100% de acuerdo con los últimos 4 párrafos.

Un saludo

Anónimo dijo...

Das pena sanjuanino.
¿Sabías que los chilenos fundaron mendoza y llevaron a su peor gente para poblarl? Luego cuando fundaron san juan se llevaron a lo peor de mendoza para poblarla. Así es que llevan 200 años dando pena, mirándose en el espejo de los mendocinos y los porteños.

mario dijo...

Anónimo del 31 de octubre de 2010 17:47

No sé a qué viene tu comentario en relación a este post. Tal vez algún complejo tuyo que quieras proyectar, no sé.

Me gusta ser sanjuanino. Amo mi tierra.

Saludos.

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