jueves, 1 de abril de 2010

(in)Justicia por mano propia

Lucas Emmanuel Navarro (foto) tenía 15 años. Sus padres están separados y era el menor de cuatro hermanos.

En el año 2008, Lucas abandonó la escuela y empezó a consumir marihuana. Las consecuencias no tardaron en verse cuando delinquía y hasta había sido demorado algunas veces por la policía. En este año, había retornado a la escuela, en donde estaba demostrando sus ganas de superarse sacando buenas notas. Estaba también en un tratamiento de rehabilitación para librarse del yugo de la marihuana.

Pero su redención no estaba completa.

El pasado domingo sobre las 21:30 hs., Lucas, junto a otros dos muchachos, habría intentado asaltar a un hombre en la puerta de su domicilio en el Barrio Los Pinos en Isidro Casanova, Provincia de Buenos Aires. Según informó el Diario Clarín, los hechos sucedieron en el frente de una casa de dos plantas, donde reside vive el dueño de un local de venta de productos de granja junto a su familia. Cuando los tres jóvenes llegaron al lugar, sorprendieron a uno de los hijos del comerciante cuando estaba a punto de bajar de su auto. La víctima se resistió al robo, comenzando a gritar hasta que se llegaron familiares y vecinos.

Enardecidos, los vecinos de la víctima se abalanzaron sobre los los ladronzuelos pudiendo capturar únicamente a Lucas, mientras que los otros dos pudieron huir. Esa gente vio en Lucas Navarro a la representación de la inseguridad que azota al país cotidianamente, vio la impotencia de saber que un delincuente menor de edad queda rápidamente en libertad y volverá al acecho. Lucas fue tirado al piso, en donde, por varios minutos, recibió todo tipo de golpes sobre su humanidad indefensa hasta que llegó la policía al lugar de los hechos... poco después, a consecuencia de la paliza recibida, ese adolescente falleció. Víctimas que se hicieron victimarios de una vida de corta edad.

Lucas Navarro terminó pagando con su vida todas las desavenencias de los adultos que viven en este país: sin contención familiar, preso de la droga (que van despenalizando), una Justicia que no aplica justicia, una policía en connivencia con los delincuentes y, como si fuera poco, ciudadanos hartos de la inseguridad que terminaron aplicando la ley de la calle de la que tanto se quejan.

Recorrí algunos diarios digitales para recabar información acerca de este triste episodio y vi con estupor en foros cómo algunas personas celebraron la muerte de Lucas con leyendas como "Bien! uno menos!"... Esto demuestra el escaso y casi nulo compromiso social que tenemos los argentinos: es cierto que la inseguridad se vuelve tan insoportable como la impunidad de los delincuentes pero no hay compadecimiento de aquellos que viven a un costado de la sociedad.

Si pensamos un poco más allá, podremos ver que esta historia trágica de Lucas se reproduce no solo en Buenos Aires sino prácticamente todo el país: niños y adolescentes que crecen en el seno de familias rotas sin contención afectiva caen en la marginalidad, consumen sus humanidades en las drogas y se terminan convirtiendo en una amenaza social.

En Argentina, necesitamos apuntalar a la familia como célula básica de toda sociedad civilizada. Ante la irresponsabilidad de muchos padres, suele ser el Estado el que intenta suplir las carencias materiales y afectivas de los niños y adolescentes. En el medio de todo ésto, hay toda una omnipresente apología de las las drogas y del erotismo que carcomen la dignidad humana de nuestros niños, adolescentes y jóvenes. Encima, como si fuera poco, gobernantes y jueces parecen actuar a contramano de la lógica y deshonrar la noble función que deben cumplir para con el pueblo.

En este país, la justicia de los seres humanos llega a destiempo... también llegó a destiempo para Lucas, no solo victimario sino otra víctima fatal de esta Argentina "en Democracia".

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Buen dia:
Espero que mi comentario luego de leer el articulo no moleste. No es por mancillar la memoria de alguien pero, que pasaba si este chico llegaba a portar un arma y mataba a alguien en el intento. Vivo lamentablemente en un país en que la sociedad vive como preso y los delincuentes caminan por la calle. Seguramente la familia de este chico no estará de acuerdo con lo que escribo, pero no comparto la idea de dejar que me maten a mi o a mi familia. Si tengo que defender a un vecino lo haré, con todo lo que este a mi alcance. Porque no soy Fortabat, Fort o algun ricachón, me rompo el lomo como cualquiera para poder tener lo que tengo y nadie va a venir a quitármelo. Quiero saber si alguno de los puritanos hipócritas que defienden los derechos de los delincuentes lo seguirían haciendo si son ellos las victimas. Hay que ser realistas, desde las legislaciones hasta las leyes en si, lo único que hacen es asegurarte que te vuelvan a robar o incluso matar. Reconozco el derecho a la vida de cualquier persona, pero desde que cualquiera atenta contra mi derecho a la vida, tengo el derecho de defenderme con todo lo que este a mi alcance. Acabo de leer una nota de un diario de mi provincia, una nena de 11 años fue asaltada con arma en la cabeza incluida, por dos pesos y un celular. Yo soy el padre y los veo, me los van a tener que sacar por mas que sean menores, porque ellos son los mas impunes. Se conoces casos de menores que matan y salen al otro dia. Pero bueno vivo en el pais del salvese quien pueda y defiendase quen pueda. Y yo ME VOY A DEFENDER.

mario dijo...

Buen Día:

Vivimos en lamentable caos. Día a día nos enteramos de crímenes y atrocidades varias que le suceden a varios y que, en cualquier momento, nos puede tocar a cualquiera.

Acá no hablo de tener lástima a nadie. Solamente conté la dura historia de este muchacho que, como miles en este bendito país, crece sin la debida contención afectiva de una familia.

El problema de la inseguridad no se arregla con leyes y penas más duras para los criminales. Necesitamos apuntalar a la familia como institución básica en nuestra sociedad. Necesitamos redescubrir los valores que hacen a la vida misma y ponerlos en práctica.

Saludos.

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