lunes, 12 de abril de 2010

Caso María Soledad... y aquí no ha pasado nada

María Soledad Morales tenía tan solo 17 años cuando el 09 de septiembre de 1990 fue brutalmente asesinada en la Provincia de Catamarca por jóvenes vinculados al poder político de entonces.

Luis Luque, de 44 años de edad, principal implicado en este asesinato, ha sido beneficiado con la libertad condicional, luego de haber cumplido solo dos tercios del total de su condena.
Alejandra Cabanillas, la magistrada que dictaminó la libertad de ese asesino, se basó en informes psicológicos y sociales que le presentaron profesionales que trabajan en la unidad presidiaria en donde estaba alojado. Al salir de prisión, Luque declaró a la prensa "Fui un inocente que estuvo preso todos estos años". Por esas cosas que tiene la Justicia Argentina y el poder político, este caso no tiene culpables que purguen este terrible crimen.

Por aquel tiempo, María Soledad tenía una relación sentimental con Luis Tula, un hombre que estaba casado. El 08 de septiembre, ella asistió a una conocida discoteca de la ciudad en donde se realizaba una fiesta para recaudar fondos para pagar el viaje de egresados. Según testigos, María Soledad se retiró en plena madrugada en compañía de Tula para nunca más regresar.

El 10 de septiembre de 1990, todo el país se conmovió con la noticia de que había sido hallado el cadáver de María Soledad en las afueras de San Fernando del Valle de Catamarca, ciudad capital de esa provincia. El cuerpo de la adolescente semienterrado, cubierto solamente por el corpiño, desfigurada y mostraba señales de haber sido golpeada y violada. Pericias forenses posteriores determinaron que entre cuatro y cinco personas abusaron sexualmente de la chica, como así tambíen que había forzadamente ingerido cocaína.

Luego de siete años de desidia, la Justicia encontró culpable del crimen a Guillermo Luque por "violación seguida de muerte" y a Luis Tula por haberla "entregado" a sus verdugos. Luque fue condenado a 21 años en prisión y Tula a 9. Guillermo es hijo de Edith Pretti y Angel Luque, quienes fueron diputados justicialistas y, desde el año 2003, ya gozaba de "salidas laborales" para trabajar en una escribanía catamarqueña. Tula ya se encuentra en libertad, volvió con su esposa y estudia abogacía; también "disfrutó" de "salidas laborales" de 12 horas diarias luego de haber cumplido la tercera parte de su condena.

Por tratarse de personas relacionadas con el Gobierno de Ramón Saadi, hubo un inaceptable encubrimiento que involucró al primer mandatario provincial, al interventor Luis Patti y a la policía provincial. Quedaron sobreseídos, entre otros, Hugo "El Hueso" Ibáñez, Diego Jalil, Miguel Ángel Ferreyra y Eduardo "El Loco" Méndez.

El feudo catamarqueño terminó sucumbiendo por la presión social que ejerció el pueblo liderado por Martha Pelloni, la valiente religiosa católica que se puso al frente de las innumerables marchas de silencio. Como "molestaba" a más de uno, Pelloni fue trasladada a la Provincia de Corrientes en donde también enfrentó estructuras de poder denunciando el tráfico de bebés. Desde Corrientes, la religiosa reflexionó "No tengo dudas de que a María Soledad la mató Guillermo Luque en una orgía con sus amigos, donde la emborracharon y la violaron, donde la chica falleció por un golpe y la quisieron reanimar, pero igual se les murió". Sobre los encubrimientos, Pelloni sostuvo que "No creo que toda la culpa haya sido de Guillermo Luque, pero no pudo repartir porque había otra gente que, con la ayuda del poder, logró zafar".

El tiempo pasó, muchas pistas quedaron borradas para siempre pero indigna más la falta de compromiso de los jueces que pasaron pro este caso tan emblemático de la última década del siglo pasado. Los padres de María Soledad aún lloran a su hija y, a pesar de no estar de acuerdo con las liberaciones de Luque y Tula, prometen ser respetuosos de lo que dictamine la justicia.

En 1993, el cineasta Héctor Olivera decidió hacer de esta apasionante historia una buena película que se llamó simplemente "El Caso María Soledad", en la que actuaron Carolina Fal, Valentina Bassi, Juan Palomino y Juana Hidalgo, entre otros.

En este caso, por obra y gracia de quienes deberían honrosamente administrar justicia, vuelve a suceder que las condenas no se cumplen. Es una afrenta para la memoria de la víctima de crímenes y una daga afilada para el alma de sus familiares y amigos. No es nada bueno para la democracia. No es nada bueno para la Argentina.
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