martes, 2 de marzo de 2010

Por fin, los chicos, primero

Una buena noticia que tuvimos los argentinos es que en casi el todo el país, empezaron con normalidad el dictado de clases en las escuelas públicas y privadas. Estamos hablando de casi seis millones de argentinos que empiezan un nuevo escolar.

A pesar de que no están resueltos la mayoría de los conflictos gremiales, el ciclo lectivo 2010 empezó ayer en las provincias de Buenos Aires, Córdoba, Corrientes, Chubut, Entre Ríos, Formosa, La Rioja, Mendoza, Misiones, Río Negro, Salta, San Juan, Santiago del Estero y Santa Cruz. Por su parte, en Neuquén y Catamarca las clases arrancaron el pasado 22 de febrero y en La Pampa, San Luis y Tucumán las actividades escolares tendrán inicio el próximo 08 de marzo. Las clases no empezaron en Santa Fe, Chaco, Jujuy y Tierra del Fuego porque los docentes prefirieron ir al paro.

Por primera vez en años, los gremios docentes y gobiernos provinciales priorizaron a nuestros niños y adolescentes por encima de sus negociaciones.

Es que hemos estado acostumbrados a que, en cada inicio de un ciclo lectivo, por reclamos salariales insatisfechos, gremios docentes deciden convocar a paros de actividades que terminan perjudicando no al gobierno de turno, sino a los chicos que deben asistir a clases.

En la Argentina, los gremios estatales suelen pedir mejoras salariales sin importarles mucho si eso perjudica al fisco. Así,muchas veces ponen sus exigencias sobre la mesa sin tener en cuenta el real estado de las finanzas provinciales; suele pasar que no son pocos esos dirigentes que creen que los Estados Provinciales deben trabajar únicamente para pagarles sus sueldos.

Lamentablemente, el sector docente está malacostumbrado a reducir el concepto de "inversión en educación" en aumentos de sus sueldos y no tanto en mejoras en infraestructura y en la calidad educativa. Para muchos maestros y profesores, la docencia es un mero empleo y no valorizan la gran misión social que implica pararse delante de un grupo de alumnos.

La Presidente Cristina Fernández anunció orgullosa la construcción de nuevas escuelas. No deja de ser auspicioso pero no podemos tampoco tapar el sol con un dedo: son numerosas las escuelas que tienen carencias materiales y de recursos humanos debidamente capacitados. Todo ésto se suma a que, progresivamente, debido a la creciente pobreza en nuestro país, las familias han ido delegando responsabilidades en la escuela pública como lo es la alimentación y la formación en valores morales.

Otro drama es, en consecuencia de múltiples factores socioeconómicos, la deserción escolar que tanto afecta a nuestros chicos. El Estado ha propuesto programas para que muchos jóvenes puedan finalizar sus estudios secundarios como lo es el FinEs, con el cual, en un curso acelerado, cualquier interesado puede obtener rápidamente una certificación de finalización de la escuela. En estos tiempos en la Argentina, se tiene mucho miedo a ser exigentes con los educandos, se tiene pavor a educar estableciendo límites y regímenes de premios y castigos... y se termina nivelando todo para abajo.

El deterioro en la calidad educativa de las escuelas públicas argentinas a mortivado a muchos padres a llevar a sus hijos a colegios privados en donde se les garantiza, al menos, el cumplimiento del ciclo lectivo y un mínimo de recursos materiales que facilitan el estudio. Claro que no todas las familias están en condiciones de pagar una cuota en un colegio privado. Entonces, se termina generando una innecesaria diferenciación entre un chico al que lo pueden mandar a una institución privada y aquel que no le queda más remedio que ir a una escuela pública.

Las carencias de la educación pública en nuestro país no son pocas. Pero, de todas maneras, que por una vez hayan priorizado a nuestros chicos, es algo para celebrar y, aunque suene extraño, agradecer a autoridades gubernamentales y a los docentes.

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