sábado, 27 de febrero de 2010

Las Malvinas son Latinoamericanas

Si hay algo bueno que en estos últimos años los latinoamericanos hemos estado aprendiendo es a mirarnos más a nosotros mismos y dejar la histórica obnubilación por Europa y los Estados Unidos que tantas divisiones y atrasos nos ha provocado.

Durante esta semana, México organizó la Cumbre de la Unidad de América Latina y el Caribe para que asistieron 25 jefes de Estado y de gobierno de 32 naciones. La ausencia más llamativa fue la de Honduras, cuyas autoridades recientemente elegidas por el pueblo no son reconocidas por sus los presidentes latinoamericanos que entienden que Miguel Zelaya fue ilegalmente depuesto de la primera magistratura hondureña.

Sabemos que las realidades de los países latinoamericanos son disímiles. Por un lado, se destaca el fuerte liderazgo de Luiz Inacio Lula Da Silva, Presidente de Brasil, y la chilena Michelle Bachelet, quien está por dejar la Presidencia en manos de un opositor a pesar de ostentar una buena imagen en su propio pueblo. Del otro lado, son varios los que transitan momentos díficiles como primeros mandatarios; tales son los casos de Cristina Elisabet Fernández y Álvaro Uribe y Hugo Chávez, Presidentes de Colombia y Venezuela, respectivamente, que volvieron a protagonizar un duro cruce de palabras impropio de dos jefes de Estado.

En Cancún, todos dejaron sus problemas domésticos para pensar en grande, para pensar en Latinoamérica.

Malvinas es una cuestión muy sensible para los argentinos, la cual se agitó con el anuncio del Gobierno Británico de extraer petróleo en aguas del Mar Argentino adyacentes a esas islas. Afortunadamente, la Presidente Cristina Elisabet Fernández logró que el reclamo argentino por la soberanía de las Islas Malvinas sea incluido en la agenda de temas a tratar en esta Cumbre. Finalmente, el gobierno argentino logró el unánime apoyo al reclamo de la soberanía por Malvinas que quedó sellado en un histórico pronunciamiento que leyó Felipe Calderón, Presidente de México: "Las jefas y jefes de Estado y de gobierno aquí presentes reafirman su respaldo a los legítimos derechos de la República Argentina en la disputa de soberanía con el Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte relativa a la Cuestión de las Islas Malvinas".

Tomó la palabra nada menos que el Presidente Lula quien, a propósito de Malvinas, se preguntó "¿Cuál es la explicación política de las Naciones Unidas para que no hayan tomado una decisión? (...) ¿Será el hecho de que Inglaterra participe como miembro permanente del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas la razón por la que ellos lo puedan todo y los otros no puedan nada?" y ahí reclamó que "Es necesario que empecemos a luchar para que el Secretario General de las Naciones Unidas reabra ese debate con mucha fuerza dentro de las Naciones Unidas". Con acierto, el primer mandatario brasilero criticó con dureza a la O.N.U. al afirmar "No es posible que las Naciones Unidas continúen con un Consejo de Seguridad que sea representado por los intereses políticos de la Segunda Guerra Mundial, que no tome en cuenta todos los cambios que han sucedido en el mundo". Sabemos que Lula es un líder que tiene una altísima imagen positiva no solo en su propio país, sino que su voz es muy respetada en distintas partes del mundo debido a la brillante gestión que ha realizado como Presidente del Brasil.

Hugo Chávez Frías, verborrágico Presidente de Venezuela, también habló por Malvinas diciendo que "Habría que recordar las Islas Malvinas, cómo se las quitaron a los argentinos. Esas islas son argentinas, devuélvales señor Blair las islas Malvinas a los argentinos. Allá fue la armada británica a atropellar a los soldados argentinos, apoyados por el gobierno de Estados Unidos".

A su turno, la Presidente Fernández manifestó que "la Argentina va a persistir con vocación democrática, con vocación de pleno respeto a los derechos internacionales y al derecho internacional en general en su reclamo", descartando de plano la posibilidad de recurrir a las armas para recuperar las Islas (hay que reconocer que nos iría pésimo en un hipotético combate contra los piratas ingleses, sería peor que en 1982).

Ya en Mar del plata en un acto público, la Presidente Fernández se mostró complacida por la solidaridad de los presidentes latinoamericanos con la causa por Malvinas aseverando “Agradezco a nombre de nuestro Gobierno, a nombre de mi pueblo (...) el apoyo que este encuentro ha dado a nuestros reclamos”.


¿Y para qué sirve la O.E.A.?

En su sitio web, se lee que la Organización de los Estados Americanos (O.E.A.) es el organismo regional más antiguo del mundo, cuyo origen se remonta a la Primera Conferencia Internacional Americana, celebrada en Washington D.C., del 2 de octubre de 1889 al 19 de abril de 1890. En esta reunión, se acordó crear la Unión Internacional de Repúblicas Americanas. La Carta de la O.E.A. se firmó en Bogotá, Colombia, en 1948 y entró en vigencia en diciembre de 1951. Actualmente, tiene 35 estados miembros y su sede está en la Ciudad de Nueva York, en los Estados Unidos.

Más allá de alguna que otras proclamas, la O.E.A. no ha sido de utilidad para América... salvo para los Estados Unidos que ha utilizado a este organismo como eficaz herramienta de dominio para Latinoamérica y para los gobernantes corruptos que han sido apañados por funcionarrios afines que actuaron desde esta institución.

Si nosotros atendemos la forma de hablar que tienen los estadounidenses, notaremos rápidamente que cuando ellos hablan de si mismos dicen ser "americanos" porque, para ellos, Estados Unidos es América. Ese jueguito dialéctico es todo un mensaje en si mismo: en efecto, como muchas veces se dijo, Latinoamérica es como "el patio trasero" de la patria del Tío Sam. Nada más les importa.

Lo que es peor para nosotros es que la O.E.A. avala esa concepción estadounidense de esta parte del mundo. No ha favorecido la democracia en los pueblos americanos y se ha mostrado ambivalente en casos de gobiernos impresentables que se salvaban por ser adictos a los intereses estadounidenses. Es por eso que, durante 47 años, Cuba no fue admitida entre sus miembros por ser señada por los Estados Unidos como un país en que no se respetaban los derechos humanos... pero por otro lado, hacían la vista gorda ante las numerosas tiranías que sometieron a varios países americanos durante décadas.

La O.E.A. no condenó la ocupación de Guatemala en 1954, ni tampoco detuvo a los mercenarios que actuaron en Nicaragua luego de la victoria sandinista, ni la invasión estadounidense a Santo Domingo en 1965 ni a Granada en 1983. En el caso del conflicto por las Islas Malvinas, la O.E.A. no tuvo una postura firme y, peor aún, no defendió el legítimo interés de Argentina, uno de sus países miembros.


América Latina busca ponerse de pie y romper con el lugar denigrante que recibió en la división internacional del trabajo que se digitó (y se digita) desde el llamado Primer Mundo. Debemos dejar de encandilarnos con Estados Unidos (y Europa) y valorar lo que fuimos y lo que somos. No somos más ni menos que nadie: tan solo somos latinoamericanos y debemos asumirlo.

1 comentario:

Pablo de Córdoba dijo...

Muy bueno. Coincido 100% con las reflexiones finales.

¡Saludos!

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