domingo, 6 de diciembre de 2009

Vos también, Luis Alberto

Evocar la nostalgia suele ser más que rentable en el mundo de la música. Así, encontramos a artistas que llevan años de vigencia dando recitales que tienen una lista de temas que lleva décadas de antigüedad.

En estos últimos años, la industria discográfica ha impulsado el regreso de míticas bandas como un gran recurso para generar importantes flujos de fondos que compensen las millonarias pérdidas que le ocasionan la piratería cada vez más creciente. Hemos visto como bandas como The Police, Genesis y Soda Stereo han decidido "arreglar rápidamente" las históricas diferencias entre sus miembros y salieron de gira, con todo un gigantesco aparato de merchandising que incluye la venta de CD's y DVD's.

Para mi asombro, quien también cayó en la tentación revival fue nada menos que Luis Alberto Spinetta con su show con "las bandas eternas" que dio el pasado 04 de diciembre en el Estadio José Amalfitani del Club Vélez Sarsfield. Contrariamente a lo que predicó toda su vida, Spinetta se entregó mansamente a su público y armó un show para conmemorar los 40 años de la edición del primer disco con Almendra y sus 60 años de edad que cumplirá en enero próximo. Con todo un despliegue publicitario previo, el ex líder de Almendra concedió algunas entrevistas (solo a los medios más grandes) y hasta dio una conferencia de prensa en donde se lo vio de muy buen humor dispuesto a "tocar lo que la gente me pide siempre" (¿sos vos, Luis Alberto?).

Para esta ocasión especialísima, se anunció la actuación de miembros de Almendra, Pescado Rabioso, Invisible, Spinetta Jade y los Socios del Desierto, bandas que armó el propio Spinetta para canalizar sus constantes y ricas búsquedas creativas. También tocaron Charly García, Fito Páez, Gustavo Cerati, Ricardo Mollo y ¡Juanse!.

El show convocó a poco más de 35.000 personas que se dieron cita motivados por la calidad de los músicos invitados y porque, de una buena vez, el mítico Flaco iba a tocar las canciones que lo depositron en el olimpo de la cultura popular argentina.

Las crónicas que relataron el show abundan en elogios para Spinetta y sus amigos. Fueron más de ¡cuatro horas! y ¡50 canciones! en donde desplegó su genialidad. Sin haber visto el show, tratándose de tremendos músicos seguramente así haya sido. De todas maneras, después ya me venderán el DVD para que lo vea cuantas veces quiera.

Aún no salgo de mis sopresa por semejante show por tratarse de Luis Alberto Spinetta, un música que se negó obstinadamente a dar el gusto a sus fanáticos de realizar un concierto con sus obras más populares de su extenso y brillante cancionero. No voy a poner en tela de juicio el merecimiento de un homenaje en vida para este gran artista pero me permito detenerme en su incoherencia: Spinetta siempre preponderó su arte por encima de cualquier negocio comercial con su obra.

En la Argentina, entre los periodistas que escriben sobre música, está vedado hablar mal de Luis Alberto Spinetta. Todos sus discos y presentaciones en vivo tienen calificación cinco estrellas, pareciera que inclusive antes de que tomen vida.

Conozco toda su obra y no dudo de que se trata de un artista extraordinario. Melodías tan sofisticadas como deliciosas y, en lo personal, una lírica muchas veces de sublime y delicada belleza. Pero, como todo ser humano, Spinetta tiene sus contradicciones y puntos débiles. Por ejemplo, escuchar de punta a punta sus últimos discos solistas, Para los árboles, Pan y Un Mañana, pueden ser un efectivo antídoto contra el insomnio. Otro tanto suelen ser muchas de sus presentaciones en vivo en donde el célebre Flaco ha sido siempre retiscente a tocar sus más grandes éxitos y hasta se mostró hasta pedante cuando alguno de sus admiradores se lo pedía. Con un áura especial, todas esas actitudes fueron justificadas por los periodistas-fans que escriben obnubilados sobre él y, claro está, sus fieles fanáticos que todo le soportan.

Al parecer, Luis Alberto Spinetta contradijo lo que tantas veces predicó acerca de la "industria" de la música por unos billetes de por medio. De todas maneras, tampoco es para ser inquisidores con este músico de excepción porque no hay nada más humano que la contradicción.

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