sábado, 19 de diciembre de 2009

Barcelona FC, lógico campeón mundial

Barcelona Fútbol Club cerró un año perfecto e inolvidable consagrándose merecidamente Campeón Mundial de Clubes 2009 al vencer 2-1 a Estudiantes de La Plata en Abu Dhabi. Este Barcelona dirigido por Pep Guardiola acaba de lograr su sexto título mostrando un fútbol brillante y ofensivo que lo pone, indiscutiblemente, en la cima del mundo del balompié.

En lo que va del 2009, los catalanes se llevaron la Copa del Rey, la Liga de España, Supercopa de España, la Champions League, la Supercopa Europea y ahora la Copa Mundial del año... ¡impresionante!

Este torneo organizado por la F.I.F.A. convoca a los campeones continentales del mundo en el que, hay que decirlo, los clubes europeos y los sudamericanos no solo tienen la superioridad en el juego sino en el fixture, ya que ambos entran directamente a las semifinales. Quienes son también privilegiados, aunque sin haber demostrado nada para serlo, son los equipos mexicanos que tienen la posibildiad de jugar la Copa de la CONCACAF contra clubes centroamericanos y norteamericanos y, por otro lado, desde hacen algunos años, juegan la Copa Libertadores de América con los sudamericanos.

Además del Barcelona y Estudiantes de La Plata, tomaron parte el Pohang Steelers de Corea del Sur como campeón asiático, el Atlante de México como campeón de la CONCACAF, los neocelandeces Auckland City como campeones oceánicos, los congoleños de Tout-Puissant Mazembe Englebert como campeones africanos y el impresentable Al Alhi FC, que participó únicamente por ser representativo del fútbol de los Emiratos Árabes Unidos, los anfitriones de este campeonato.

La final fue protagonizada por quienes fueron, a priori, los favoritos: Barcelona y Estudiantes. El partido arrancó con el equipo catalán un tanto errático ante los pincharratas que, conocedores de sus limitaciones individuales, avanzó en el campo de juego plantándosele al que, para todo el mundo, era el gran favorito. Extrañanemente, ambos equipos entraron al campo de juego vestidos con sus indumentarias alternativas.

En el primer capítulo del cotejo, contra todos los pronósticos, hubo una llamativa paridad en el juego entre el campeón europeo y el campeón sudamericano. Intercambiaron ataques sin que un equipo prevaleciera en el juego. Pero, a los 36 minutos, un milimétrico centro de Juan Manuel Díaz fue capitalizado por un potente testazo de Mauro Boselli quien, a pura potencia, se abrió paso irrespetuosamente entre los centrales del Barcelona para vencer al arquero Sergio Valdez poniendo el sorprendente 1-0. Entre el desconcierto español y la esperanza argentina, se fue el primer tiempo.

Para el segundo tiempo, el Barça inclinó la cancha y arrinconó a Estudiantes. Los argentinos se vieron abrumados ante la superioridad técnica y de velocidad, por lo que retrocedieron peligrosamente en su campo de juego. Ante tremenda superioridad, liderados futbolística y espiritualmente por Juan Sebastián Verón, los muchachos de Estudiantes defendieron con el alma la ventaja en el marcador conseguida en el primer tiempo.

Desde el inicio del segundo tiempo, se veía venir que los blaugranas no solo que iban a ganar sino que hasta lo iban a ganar. Los ataques se repitieron por la izquierda con Zlatan Ibrahimovic, Thierry Henry y, posteriormente, Jeffren que desbordaban por el lateral pero sus centros no eran aprovechados por quienes entraban por el medio. Conforme pasaban los minutos, los centros del Barça ganaron en desesperación.

Parecía que, como tantísimas otras veces, la lógica se iba a deshacer en una cancha de fútbol porque Estudiantes estaba abrochando un increíble e inmerecido triunfo. Tanto fue en cántaro a la fuente que, finalmente, los españoles llegaron al empate a través del canterano Pedro quien comprobó ese viejo axioma futbolero que dice "dos cabezazos en el área es gol" cuando remató de cabeza por arriba del portero Damián Albil, tras recibir un pase del zaguero Piqué.

Para el tiempo suplementario, a la evidente superioridad del juego, Barcelona esgrimió su tremenda supremacía física sobre su rival. La película fue la misma: los catalanes yendo una y otra vez mientras que los platenses se defendía como podían. Lionel Messi abandonó su ostracismo y se corrió al medio del ataqué culé, casi como un centrodelantero, pidió mucho más la pelota por lo que ganó más protagonismo.

A poco de comenzar el segundo tiempo del tiempo suplementario, Barcelona obtuvo lo que ya merecía largamente cuando Messi, entrando a la carrera por el centro del área pincharrata, remató con su pecho un certero centro del brasileño Daniel Alves. 2-1, la justicia quedaba reflejada en el marcador.

Estudiantes, por necesidad más que por propia convicción, notó que, de una buena vez, debía avanzar y atacar. Bastante tarde, los dirigidos por Alejandro Sabella perdieron el respeto ante el mejor equipo del mundo y salieron a atacar. Pese a lo limitado de su juego, los argentinos tomaron la iniciativa por lo que el Barça retrocedió.

Sobre el final, casi lo empata Estudiantes con un cabezazo de Leandro Desábato que pasó a escasos centímetros del poste izquierdo de un Valdez ya vencido. Hubiera sido una injusticia, tal vez...

Al final, fue victoria de Barcelona. Nadie debe sorprenderse porque se hizo justicia. Triunfó como nunca el fútbol en su máxima expresión: el Barça exhibe en su plantilla jugadores de gran técnica, un brillante juego asociado y dinámico y una actitud ofensiva digna del aplauso. Este Barcelona de Guardiola y Messi es un quipo brillante que seguramente marca una época, quedará en la historia del fútbol mundial.


Estudiantes y la vuelta al bilardismo ortodoxo

En un país como la Argentina en donde el fútbol se vive tan pasionalmente llegando los límites de la estupidez, el resultado se pondera únicamente en detrimento del juego. "Si no ganás, no existís", "ser segundo no sirve, nadie se acuerda después del subcampeón" repiten sórdidamente muchos periodistas e hinchas. Para el argentino, en el fútbol (como en tantos otros órdenes de la vida) hay que ganar como sea, inclusive apelando a la trampa si se lo considera necesario. Así, los argentinos desnaturalizamos la esencia misma del fútbol: el fútbol es, en esencia, un juego... y por eso se explica que muchas veces seamos insoportables triunfadores pero, también, malos perdedores.

Hasta el día de hoy se recuerda como épica la campaña de la Selección Argentina en el Mundial Italia '90, en donde los dirigidos por Carlos Bilardo llegaron a la final. Claro que aquellos partidos fueron tremendamente emotivos en donde la Argentina llegó milagrosamente dejando en el camino a rivales superiores como Brasil e Italia... pero aquel equipo era desastroso y, peor aún, especulador. Bilardista, bah...

En este 2009, Estudiantes de La Plata reverdeció su mística copera practicando un fútbol agresivamente ofensivo, imponiendo su carácter en cualquier cancha, inclusive en la final en donde no se achicó al poderoso Cruzeiro, ni siquiera en Brasil. Con Verón jugando con tanto amor por la camiseta como con tanta calidad para manejar los tiempos del equipo, Estudiantes abandonó su tradición del "anti-fútbol" con el que ganó tres Copas Libertadores en forma consecutiva y una Copa Intercontinental en donde venció nada menos que al Manchester United en el mismísimo Old Trafford.

Se entiende que los hinchas pincharratas hablen de dignísimo papel del equipo de sus amores en la final mundial. Argumentos no le faltan: llegaron a una final que cualquiera de los miles de clubes que hay en el Planeta desearía jugar y, sobre todo, el haber estado tan solo 120 segundos de haber batido al poderoso Barcelona F.C.

Lamentablemente, justo en la final, Estudiantes volvió a ser bilardista. Es que, si hilamos un poco más fino y desapaionamos un poco el análisis, puedo decir que lo de Estudiante fue muy pobre en cuanto a lo futbolístico. Estudiantes pareció haber dejado en el vestuario la valiente actitud con la que ganó su última Copa Libertadores y reconoció implícitamente su inferioridad cuando se terminó metiendo en su propio arco para defenderse como sea, reventando la pelota a cualquier parte y renunciando a toda posiblidad de contraque.

Uno puede preguntarse qué hubiera pasado si el planteo de Estudiantes hubiera sido distinto, si hubiera sido más con una actitud más prepotente... ¿habría vencido al Barcelona? No lo sabremos nunca porque Estudiantes no se dejó a si mismo averiguarlo por sus propios medios...

1 comentario:

perez dijo...

deberian prohibirle a todo equipo que no sea Boca, cruzar el atlantico ( y por las dudas el Pacifico...no sea cosa que viajen a Dubai via Tokio)

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