jueves, 12 de noviembre de 2009

Víctor Hugo Saldaño, anhelando la muerte que lo libere

Actualmente, en los Estados Unidos de América, desde el año 1990 hasta la fecha hay alrededor de 3.300 personas condenadas a muerte, de las que unas 350 ya han sido ejecutadas. Entre los condenados estaba el argentino Víctor Hugo Saldaño (foto tomada en el año 2000), un cordobés que llegó a Estados Unidos luego de viajar por toda Latinoamérica.

Víctor nació hacen 37 años en la Ciudad de Córdoba en el seno de una familia constituida por padre y madre, además de sus hermanos. Cuando él tenía tan solo tres años de edad, su padre abandonó el hogar y nunca más supo de él. Ese abandono de su padre dejó profundas huellas en su personalidad, según aseguran los psicólogos que lo visitaron en la cárcel, que influyó para que se convierta en un hombre introvertido y silencioso.

Simpatizante de River Plate y de Talleres, no se sentía a gusto cuando empezó a transitar por la escuela secundaria y, con tan solo 14 años de edad, abandonó los estudios para probar ingresar en la Escuela de Mecánica de la Armada, ya que soñaba con ser marinero y viajar por el mundo. A las pocas semanas, fue dado de baja y ahí fue que decidió marcharse a Florianópolis (Brasil), para contactarse con su padre. Según sus propias palabras, aquel encuentro le resultó muy emotivo y convivió con su padre unos seis meses hasta que decidió nuevamente partir. Pasó por varias regiones de Brasil, Bolivia, Perú y Ecuador hasta que emprendió su viaje sin destino fijo hacia el Norte, pasando por Colombia, Guayana Francesa, Panamá hasta llegar a los Estados Unidos, país que le despertaba una gran fascinación desde niño. Recorrió miles de kilómetros viajando a dedo, dormía en plazas y subsistía vendiendo artículos que él mismo robaba.

Entró a EE.UU. con un pasaporte falso y llegó hasta Nueva York, en donde consiguió empleo en un restaurante. A pesar de que la paga no era mala, no aguantó mucho por la exigencia de ese trabajo y decidió probar suerte en Dallas, en donde le habían dicho que en el rubro de la construcción ganaría una cantidad de dinero similar pero con mucho menos esfuerzo. Recaló en uno de los suburbios más peligrosos de esa ciudad, en donde diariamente se drogaba y bebía cerveza; allí conoció a Jorge Chávez, de nacionalidad mexicana, con quien lentamente empezó a hundirse en el alcohol y en el crack.

El 25 noviembre de 1995, luego de haberse excedido con alcohol y drogas, en la playa de estacionamiento de un supermercado secuestraron a Paul Ray King, de 48 años de edad, casado y padre de familia, comerciante de profesión. Llevaron a King en su auto hasta un bosque en donde Saldaño lo ejecutó con cinco certeros balazos, robándole después tan solo un reloj de plástico y 50 dólares. Una vez detenidos por la policía, él confesó su culpabilidad. En julio de 1996, la Justicia de los EE.UU. lo encontró culpable del crimen y lo condenó a muerte. Uno de los fundamentos del fallo fue el informe del perito psiquiátrico que deslizó que Saldaño era proclive a reincidir porque así lo demostraban las estadísticas entre los convictos latinos.

Mientras aguardaba su ejecución, en el año 2000, dialogó con Diario La Nación en donde revivió sus vivencias en esa cárcel y declaró "Fue un accidente que pasó muy rápido. Nunca lo planeamos. Andábamos muy borrachos y por eso ocurrió la tragedia, todo este drama. Cuando estás borracho, no tenés conciencia de lo que estás haciendo. Y pasan estas cosas. Estoy muy arrepentido, muy arrepentido. Lo siento mucho por la familia King. Pienso mucho en su hijo, David, que se quedó sin padre". Ante la pregunta de qué le recomendaría a un joven que se siente perdido en la vida, fue claro en decir "Yo no soy justamente un modelo para seguir. Les diría que se porten bien, que estudien, que no tomen drogas, qué sé yo... que un error lo podés pagar muy caro. Que las consecuencias pueden ser para siempre".

Se fijó fecha de ejecución para abril del año 2000, pero se postergó indefinidamente. En noviembre de 2004, un nuevo tribunal confirmó la condena a muerte a Saldaño.

En los últimos años, está alojado en la prisión de máxima seguridad de Polunsky, 120 kilómetros al norte de Houston. Allí reside en una celda individual de seis metros cuadrados, sin contacto con nadie más que el guardiacárcel que lo lleva esposado a darse su ducha diaria y un médico que lo revisa de cuando en cuando. Allí solo recibe la visita de Ricardo Gauthier, cónsul argentino en Texas y, de vez en cuando, un par de pastores evangelistas.

Ya en 2007, en una entrevista con el Diario Clarín, su ánimo ya estaba alterado producto de tantos años de encierro, exceso de calmantes y denigración que arruinan su estado mental. A ese matutino porteño, le confesó "quiero que me maten"; ante la pregunta de cómo imagina el día de su ejecución, contó "Seguro estará la familia de King. Les diré que me disculpen, que estuve muy payaso. Que estaba tomado y no sabía lo que hacía. Será un día bien lindo para mí. Voy a estar contento. Al fin voy a salir de acá y después voy a nacer de nuevo".

En marzo de 2009, en pleno agite social por la inseguridad que todos padecemos en la Argentina, Diario La Nación llegó hasta la Ciudad de Córdoba para entrevistar a Lidia Guerrero, madre de Víctor Hugo Saldaño. Lidia contó que está en contacto con su hijo y que, gracias a las gestiones del Consulado Argentino en Texas, pudo visitarlo en la prisión y conversar con él aunque, claro está, sin contacto físico. Dice que su hijo le ha contado por cartas que "Ya lo internaron varias veces. Siempre que puede trata de matarse. Incluso le cortan la luz para que no se haga nada. En una carta me dijo que los gritos de los presos por la noche son terribles, que todo el que entra se vuelve loco ahí adentro".

Ella no está a favor de la pena de muerte, sobre lo que expresó "Aunque cada país administra su forma de impartir Justicia, la pena de muerte se convierte en un crimen mayor cuando se hace deliberadamente y con sistemas de tortura desde el Estado. Es un castigo arbitrario, que no tiene retorno, y que solo se aplica contra los pobres, los enfermos mentales, los negros, los que no pueden defenderse".

Actualmente, la Justicia de los Estados Unidos está estudiando la segunda apelación presentada por la defensa de Saldaño quien alega la insanía mental del argentino, lo que lo exceptuaría de la pena capital. Sus abogados no niegan su culpabilidad en el crimen cometido pero buscan demostrar nuevas irregularidades ya que, opinan, no se tuvo en cuenta el evidente deterioro mental del argentino producto de haber vivido ocho años en una cárcel en condiciones inhumanas. El trámite de las apelaciones lleva su largo tiempo, largos años, mientras el recluso sufre humillaciones en su prisión...

Aquí en la Argentina son cada vez más las voces que piden la instauración de la pena de muerte como respuesta a la inseguridad que padecemos día a día. Pero, teniendo en cuenta que, en la inmensa mayoría de los casos a la cárcel van a parar aquellos que viven en situaciones marginales y no tanto aquellos que pertenecen a clases sociales acomodadas y con influencia política... ¿acaso hemos de suponer que la pena de muerte en la Argentina alcanzará a todos por igual o solo se matará a los pobres?


Muerte lenta, muertos en vida

Ayer martes, John Allen Muhammad, conocido como el "Francotirador de Wahington", fue ejecutado por la Justicia de los Estados Unidos con una inyección letal por haber matado a sangre fría a unas diez personas de distintas edades en Octubre de 2002.

Los abogados defensores de Muhammad se quejaron de que su cliente no tuvo los recursos suficientes para ser defendido durante el proceso judicial y lamentaron que no fuera aceptado el pedido de postergación de la ejecución. Dichos letrados alegaron trastornos mentales de Muhammad, basados en el diagnóstico de un neurólogo después de examinar al condenado, concluyeron que "Su paranoia y sus arrebatos delirantes eran evidentes y pudieron tener un efecto devastador".

En el año 2004, Muhammad, un hombre de raza negra (detalle no menor en el país en donde se odia a los negros y a los latinos) de 48 años de edad, fue condenado a muerte y su ejecución fue presenciada por familiares de las víctimas de sus crímenes cometidos. Muhammad era padre de cuatro hijos fruto de dos matrimonios, se convirtió al islamismo y perteneció al ejército estadounidense en donde fue formado como francotirador de élite, llegando a participar en la Primera Guerra del Golfo que propició George Bush (padre) para quedarse con cuencas petroleras de Medio Oriente. Luego de volver de la guerra, se divorció de su segunda esposa y, al no poder mantener contacto con sus hijos, anduvo errante por las calles hasta que fue a parar a un albergue para vagabundos; allí conoció a John Lee Malvo, por entonces 17 años, con quien entabló amistad y pergeñaron los asesinatos. Malvo está condenado a cadena perpetua

La pena de muerte ha existido desde tiempos remotos, en distintas naciones, con diferentes culturas y credos religiosos. Actualmente, mientras muchos países abolieron la pena de muerte, en Estados Unidos, como en algunos otros, sigue vigente y se sigue condenando a muerte y ejecutando.

Estados Unidos se ha presentado siempre como el país de la democracia, el país de la libertad, el país del "sueño americano". En otras palabras, siempre se han arrogado ser los "buenos" de la película, los héroes que salvan siempre al mundo de las garras del mal. Recientemente, a menos de un año de haber asumido y sin haber mostrar logros de una presunta labor humanitaria, su Presidente Barack Obama ha sido galardonado nada menos con el Premio Nóbel de la Paz, con lo cual se supone que hay que tenerlo como todo un referente mundial de la paz, todo un ejemplo a seguir.

En el país gobernado por un personaje galardonado con el Premio Nóbel de la Paz, la pena capital es legal en todo el territorio de ese país para "delitos federales y militares". Texas, Virginia y Missouri son los estados con mayor número de ejecuciones. California (667), Florida (397), y Texas (373) son los estados con el mayor número de condenados a muerte. Solo en los estados de Alaska, Hawai, Iowa, Massachussets, Minnesota, Rhode Island, Vermont, Virginia, Wisconsin, Dakota del Norte, Maine y Michigan la condena a muerte para "crímenes capitales" no está tipificada.

Dos ex Presidentes de EE. UU. se manifestaron a favor de la pena de muerte. George Walker Bush manifestó que "Siempre he creído que la pena de muerte puede evitar crímenes, puede disuadir a asesinos en potencia, puede salvar vidas"; con ese criterio, Don Bush no titubeó para condenar a la hora a Saddam Husseim, Presidente de Irak que sus tropas derrocaron acusándolo de poseer armas de destrucción masivas que nunca encontraron. Por su parte, Bill Clinton afirmó "La mayoría del pueblo norteamericano apoya la pena de muerte como la apoyo yo".

Luego de la detención y el posterior juicio, en caso de ser condenado a muerte, la persona ingresa en lo que se conoce como "El Corredor de la Muerte", el cual es un regimen especialmente denigrante para aquellos que serán ejecutados. La permanencia en "El Corredor de la Muerte" lleva largos años y tiene sus variantes según el Estado del que se lleve a cabo aunque, aún así, pueden observarse características comunes:

♦ los presos permanecen gran parte del día encerrados en celdas individuales, solo salen para ducharse y, en el mejor de los casos, tener una hora de ejercicios físicos.

♦ las visitas a los condenados a muerte son solo fines de semana por medio, con una duración máxima de una hora y se puede conversar con ellos por teléfono con un cristal blindado de por medio.

♦ los presidiarios pueden realizar llamadas por cobro revertido solo a teléfonos previamente autorizados.

Actualmente, está más en boga la modalidad de la aplicación de la inyección letal. Antes de su aplicación, se acuesta al prisionero desnudo sobre una camilla en donde es firmemente atado; sucesivamente, se le inyecta en forma intravenosa tres drogas distintas con tres objetivos: llevarle a la inconsciencia, detenerle la respiración y, en último lugar, hacer que el corazón deje de latir. Dicho proceso macabro puede durar, aproximadamente, diez minutos. Otro método que sigue usándose es el de la electrocución, en donde el condenado es atado en una silla, se le colocan electrodos de cobre húmedos en la cabeza y en las piernas para recibir una fuerte descarga eléctrica; este método deja en evidencia cuán cruel puede ser la mente humana como para tener la "creatividad" para hacer sufrir a una persona.

No es mi intención poner en tela de juicio la culpabilidad de los acusados pero prefiero detenerme en un detalle que encontramos en la mayoría de los casos de ejecuciones: la raza humana como factor determinante para ser condenado. El sitio web Expediente Rojo informa que, del total de los sentenciados, el 47 % es anglosajón, el 41.6% afroamericano y el 11% de origen latinoamericano. El 98% del total son hombres. En el caso particular de Texas, son llamativas las estadísticas oficiales de las 334 condenas a muerte: en un 30,5% del total se trata de personas de raza blanca, 38,6% son de raza negra y un 29,6% son hispanoamericanos.

Hay un dato contundente e indignante: el 82 por ciento de los presos ejecutados desde 1977 en Estados Unidos habían sido condenados por asesinar a blancos. Los negros constituyen sólo el 12 por ciento de la población de Estados Unidos; sin embargo, el 42 por ciento de los condenados a muerte del país son negros. Actualmente, en EE. UU., están próximos a morir unos 51 mexicanos, seis ciudadanos de Jamaica, siete de Cuba, tres de Honduras, cinco de El Salvador e igual número de Vietnam.

En el país de Tío Sam, los menores de edad tampoco escapan a la pena de muerte; tenemos el caso de Shareef Cousin, adolescente de 16 años de edad, de raza negra, quien se convirtió en el condenado a muerte más joven de Estados Unidos cuando en 1996 le impusieron la pena capital en Luisiana. Personas con deficiencias mentales también caen en la misma bolsa cuando, en 1989, la Corte Suprema de Estados Unidos falló que no era anticonstitucional ejecutar a retrasados mentales. Desde entonces se han llevado a cabo alrededor de treinta ejecuciones de personas con enfermedades mentales.

Hay que decir también que la pena de muerte es, lamentablemente, apoyada por la mayoría de los ciudadanos estadounidenses. El Diario El País informó de una página web de enorme éxito simula juicios en los que el usuario debe defender a varios condenados a muerte. Si el condenado se salva, se ganan puntos; si es ejecutado siendo culpable, se pierden 10; si era inocente, 50. El truco, según recomiendan, es elegir bien a quiénes se va a defender. El premio último: un viaje gratis a Huntsville, la capital estadounidense de las ejecuciones.

En 1995, la actriz Susan Sarandon protagonizó junto a al actor Sean Penn la película "Dead Man Walking" (en castellano, la conocimos como "Mientras estés conmigo"), basada en un caso real. Con la dirección de Tim Robbins, ese largometraje cuenta la historia de un condenado a muerte en el corredor de la muerte por haber cometido un crimen violento; Sarandon encarna a una religiosa católica que trabaja apostólicamente con los presidiarios y lucha por la abolición de la pena de muerte, confiando siempre en que toda persona tiene su esencia buena, más allá de los actos que realicen. Es una película muy conmovedora, que le valió a la actriz a obtener un Oscar como mejor actriz protagónica.

Cuando opinó sobre la pena de muerte en los Estados Unidos, Sarandon fue lapidaria sobre sus compatriotas al afirmar "Los estadounidenses no conocen nada, no salen de su país y están totalmente aislados del mundo. Por eso son tan arrogantes. Ni siquiera saben que en la mayor parte del mundo se ha suprimido la pena de muerte ¿Cuándo enseñarán a los adolescentes que hay otras cosas además de McDonalds y de las megaproducciones de Hollywood?".

Las historia de los condenados a muerte tienen sus puntos en común: provienen de familias quebradas, marginalidad, drogas y alcohol.

Por supuesto que es muy entendible que las personas allegadas a esas víctimas de crímenes exijan pena de muerte para los verdugos de sus seres amados. Pero, como en todas las cosas de la vida, hay que poner las cosas en su lugar y tener en claro que desde las pasiones desbordadas es imposible tener un criterio amplio como para establecer justicia de manera ecuánime.

No hay ningún estudio que certifique que la pena de muerte ayude a bajar el delito. Los estadounidenses pueden atestiguarlo, ya que saben perfectamente que, a pesar de que las condenas a muerte han aumentado sensiblemente en estas últimas dos décadas, no solo que no se han reducido los delitos aberrantes en su número sino que los crímenes siguen siendo violentos en su país y cada vez se reproducen más los casos de francotiradores.

La pena de muerte es más un recurso que sirve para saciar la sed de venganza de familiares y allegados de las víctimas, y no tanto para la búsqueda de justicia. Es que la implementación de la pena de muerte supone un triunfo de la muerte en su forma más cruel por partida doble: en el caso de la víctima por el crimen cometido y en el victimario cuando es sentenciado.

4 comentarios:

Pablo de Córdoba dijo...

Me gustó el post. Saludos!

Anónimo dijo...

La pena de muerte es lo unico justo en situaciones como las descriptas en el post. Las criticas a la pena de muerte son ridiculas, propias de personas sin demasiado criterio y fanaticos religiosos.

Benedicto Malpartida dijo...

Asi como te parcializas alegando q la pena de muerte no es solucion y te fanatizas por ello, porque no cosideras q los q estan a favor tambien tienen argumentos, ...por ejemplo, no dijiste nada de las victimas q tuvieron su pena de muerte sin contemplacion alguna, sin juicio, sin abogado, sin derecho a apelacion, ..dejando inocentes esposas e hijos sin proteccion,..sin merecerlo.., esto debería realmente conmoverte mas q defender a asesinos.Que Dios te bendiga amigo, con mas sabiduría.

Anónimo dijo...

No hay nada que discutir. En USA la justicia es seria. No es como en nuestro pais, que parecieran tener mas derechos los victimarios que las victimas. Ahi joden poco. Si matas a alguien, lo mas probable es que te comas cadena perpetua o pena de muerte. Aca no estan presos ni los asesinos de Cabezas. Vergonzoso

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