sábado, 28 de noviembre de 2009

Argentina y Chile, sellando la paz

Luego de que esta parte del continente americano fue liberándose del yugo español, las incipientes naciones su simieron en tiempos de crisis en donde corrió mucha sangre mientras buscaban su propia identidad.

Argentina ha tenido con Chile una relación con varias rispideces por cuestiones referidas a la demarcación de los más de cuatro mil kilómetros de frontera común. En 1856, ambos países sucribieron El Tratado de Amistad, Paz, Comercio y Navegación con la modalidad Uti posidettis jury (“Lo que tenías poseerás”). Aún así, al tratarse de tierras que no habían sido cartografiadas, dicho acuerdo tuvo sus interpretaciones disímiles desde uno y otro lado de la Cordillera de los Andes que generaron fuertes discusiones entre representantes diplomáticos argentinos y chilenos.

Precisamente, la Patagonia resultó una tierra hostil para los invasores españoles tanto por las duras condiciones climáticas como por los aborígenes que resistieron firmemente los embates europeos. A medida que ambos países empezaban a expandir sus respectivas poblaciones hacia el sur del continente, emergían disputas sobre la propiedad de tierras. Desde la Ciudad de Santiago interpretaron que la Patagonia pertenecía enteramente a Chile. El Estrecho de Magallanes fue reclamado tanto por Argentina como por Chile, el cual era un punto de gran importancia estratégica para la navegación comercial de la época.

Uno de los tantos puntos de discusión entre chilenos y argentinos fue la propiedad de los Islas Nueva (de 120 km²), Picton (de 105 km²) y Lennox (171,5 km²), ubicadas sobre el Canal de Beagle, al sur de Tierra del Fuego. Desde el principio, Chile se arrogó la propiedad de esas islas.

A fines de la Década de los 70, la situación llegó al extremo en que ambos países, gobernados por dictaduras militares, se disponían a la guerra. Argentina no había aceptado el arbitraje de la Reina Isabel II de Inglaterra que había dictaminado que las tres islas en disputa quedaran bajo la soberanía chilena. En consecuencia, si bien no había consenso en las Fuerzas Armadas Argentinas para ir a la guerra, algunos militares ya habían diseñado el Operativo Soberanía que consistía en un ataque que "partiría" en tres partes a Chile; Leopoldo Fortunato Galtieri ya había dispuesto el cierre de pasos fronterizos hacia el vecino país. Encumbrados militares argentinos eran partidarios del conflicto bélico, como son los casos de Eduardo Massera y de Luciano Benjamín Menéndez quien llegó a desafiar "En seis horas estaremos en Santiago, tomaremos champagne y mearemos en Valparaíso".

En la víspera de Navidad de 1978, el Papa Juan Pablo II actuó de mediador entre Jorge Rafael Videla y Augusto Pinochet, Presidentes de facto de Argentina y Chile respectivamente, para llegar a un punto de acuerdo y evitar la guerra. Todo a pesar de la prensa nacional que hizo también su parte arengando a las tropas y agitando sentimientos nacionalistas en el pueblo.

La máxima autoridad de la Iglesia Católica de entonces logró frenar la guerra pidiendo tiempo para estudiar a fondo la disputa y, luego, proponer una salida pacífica al conflicto. En diciembre de 1980, el Papa dio a conocer su posición: otorgaba las islas en disputa a Chile, mientras que la zona marítima en cuestión, un triángulo con un vértice en el extremo oriental del Canal Beagle y un lado sobre el meridiano del Cabo de Hornos, sería una zona económica compartida por Chile y la Argentina. El gobierno chileno comunicó su aceptación pero los argentinos se mantuvieron en silencio.

La Guerra de Malvinas de 1982 tensó más la relación entre ambos países debido a la notable colaboración chilena para con los ingleses, ya sea espiando los movimientos de los argentinos como también poniendo su territorio a disposición de las milicias británicas.

Pasaron las Juntas Militares y volvió la democracia, asumió Raúl Ricardo Alfonsín como Presidente de los Argentinos con la cuestión del conflicto del Beagle aún inconclusa.

En 1984, el entonces Presidente Alfonsín convocó a un histórico plesbicito para el 25 de noviembre de aquel año en donde preguntaba a la ciudadanía argentina si nuestro país aceptaba la mediación papal expresada en 1980, o si se la rechazaba.

El Partido Justicialista estaba todavía digiriendo la dura derrota electoral de 1983 y, por aquel tiempo, estaba presidido por el catamarqueño Vicente Leónidas Saadi, Senador Nacional. El PJ orgánicamente rechazaba el arbitraje de Juan Pablo II y, por ende, invitó a la población a votar a boicotear el plesbicito, ya sea a votar por el "NO" o abstenerse (hoy, los mu-cha-chós peronis-tas tendrían esa oposición, acusarían de "desestabilizadores").

Una semana antes del plesbicito, en el programa "Tiempo Nuevo" que conducía el siempre polémico Bernardo Neustadt, se dio un debate que paralizó al país: de un lado, en nombre del oficialismo, el Ministro de Relaciones Exteriores y Culto Dante Caputo y, del otro lado, Vicente Saadi, quien estaba asesorado, entre otros, por la actual Ministro de Defensa Nilda Garré y Ángel Luque, quien luego estaría seriamente involucrado años más tarde en el Caso María Soledad. En aquel debate, quedó en evidencia dos estilos de hacer política: la conciliadora y mesurada línea alfonsinista y la explosiva línea peronista.

Finalmente, se impuso abrumadoramente el "SÍ" con un 82%, lo que allanó el camino para sellar la paz con la República de Chile. Actualmente, a pesar de tanto conflicto diplomático que casi estalla en una guerra, las tres islas en cuestión están desiertas... pero minadas.

En este fin de semana que transcurre, Cristina Fernández y Michelle Bachelet, Presidentes de Argentina y Chile respectivamente, viajaron hasta Roma para entrevistarse con el Papa Benedicto XVI conmemorando el 25º aniversario de la mediación de Juan Pablo II.

Benedicto XVI no tiene el carisma de Juan Pablo II pero se trata de un hombre de gran lucidez, aunque recibe muchos cuestionamientos por su fidelidad a las milenarias enseñanzas de la Iglesia fundada por Cristo. En un claro castellano en la audiencia pública, el Papa afirmó “La consecución de la paz requiere la promoción de una auténtica cultura de la vida, que respete la dignidad del ser humano en plenitud, unida al fortalecimiento de la familia como célula básica de la sociedad. Requiere también la lucha contra la pobreza y la corrupción, el acceso a una educación de calidad para todos, un crecimiento económico solidario”.

La primera mandataria argentina viajó acompañada por una nutrida comitiva en donde se destacaban el Presidente de la Corte Suprema Ricardo Lorenzetti, Hugo Moyano y Estela Barnes de Carlotto quienes se fotografiaron con el líder de la Iglesia Católica.

Es loable que Fernández y Bachelet hayan tenido ese gesto pacificador y conciliador. Ojalá que ésto se siga trasladando en acciones concretas entre ambos pueblos para que dejemos en el pasado viejas rencillas y podamos convivir en paz.

4 comentarios:

Irma dijo...

desgraciadamente, la historia no fué esa que tanto dicen o cuenta de Juan Pablo segundo ni de Samoré, y la foto esta me quieren decir que hace ese animal con el Papa??? a que fue??? y la Carlotto??? de verdad no entiendo....
lo mismo hizo Juan Pablo en el 82 a que vino???

mario dijo...

Hola Irma

Juan Pablo II desactivó la guerra inminente entre chilenos y argentinos. A la larga, recién en 1984, la Argentina aceptó su mediación y se puso fin al conflicto.

Por supuesto que no fue mérito exclusivo del fallecido líder de la Iglesia Católica, los pueblos y sus gobiernos pusieron su gran parte para que no tuviéramos otra guerra que lamentar.

Yo tampoco sé a qué fue Moyano. En realidad, varios de los que fueron a fotografiarse con Benedicto XVI no solo que no son católicos sino que son anticlericales, empezando por la Presidente y siguiendo por la Carlotto y Moyano. Pero bueno, no me parece mal que el Papa los haya saludado.

Saludos.

Irma dijo...

Seguramente los saludó como a Maradona Juan Pablo segundo, no puede negar una entrevista, El debe mostrar Amor, Ellos son los cara duras porque ninguno son católico, son $$$$ y vacío de alma ¿tendrán???
Algún día Mario terminaré mi libro y contaré la otra historia de todo estas que se cuenta una sola, y no recopilo de ningún lado lo viví personalmente. Un abrazo.
P.D. por supuesto es mi verdad.

Anónimo dijo...

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