domingo, 11 de octubre de 2009

Martín Palermo y su película épica

Si la Selección Argentina de Fútbol todavía depende de si misma para poder clasificar al Mundial Sudáfrica 2010 es, en gran parte, por el corazón gigante de Martín Palermo.

Durante casi toda su carrera, Martín estuvo relegado en la Selección Nacional por delanteros de la talla de Gabriel Batistuta y Hernán Crespo. Aunque tuvo su gran oportunidad cuando Marcelo Bielsa lo convocó para jugar en la Copa América '99 pero su discreto rendimiento y, sobre todo, aquellos fatídicos tres penales errados en el partido ante Colombia, terminaron siendo lapidarios para sus siguientes chances de Selección.

Martín se hizo un nombre en el fútbol argentino a fuerza de goles, un tremendo carácter y un irresistible carisma. Gracias a la inquebrantable fe en si mismo, pudo sobreponerse a diversas situaciones adversas, tanto en lo personal como en lo deportivo. Sin ir más lejos, cualquiera pensaría que, a poco de cumplir 36 años, ya habría que perder toda esperanza de llegar a la Selección Nacional. Pero Martín Palermo tiene un aura especialísima y, contra toda esperanza, esperó e hizo méritos para ser llamado para integrar el combinado nacional.

En el día de ayer, el goleador de Boca Juniors ha escrito una nueva página de su increíble y conmovedora historia como futbolista profesiona cuando, en tiempo adicional (hoy se le dice "tiempo recuperado"), puso el gol del triunfo (inmerecido) de la selección argentina de fútbol sobre su similar de Perú.

Casi sobre el final del partido, pese a sus limitaciones, Perú logró el empate que se ajustaba al desarrollo de dicho encuentro y desnudó todas las falencias del combinado albiceleste, el cual no muestra identidad ni una línea de juego por la propia ineptitud del ¿Director Técnico? Diego Maradona.

Palermo, una vez más, se rebeló contra la adversidad y fue a buscar el milagro que ya casi nadie aguardaba. Gracias al oportunismo de este gran goleador, en el epílogo del partido, la Argentina pudo torcer el marcador y sus chances mundialistas a su favor con el gol de Martín Palermo. Todos los hinchas del fútbol estallamos en un solo grito de gol y olvidamos por un momento lo impresentable del equipo nacional que, a pesar de ser local, fue puesto en jaque por la peor selección de Sudamérica.

Los aficionados argentinos tenemos todavía que esperar al durísimo partido contra Uruguay para ver si seremos parte de Sudáfrica 2010. Mal que nos pese, nuestras posibilidades de arribar a la máxima cita del fútbol mundial no se fundan en el conjunto sino en los arrestos individuales de nuestros jugadores. Y el capitán de Boca es uno de los que son capaces de contagiar el temple necesario para los grandes triunfos... a prenderles velas a San Martín (Palermo) entonces.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Opinión

Si hay "Milagro en el Centenario", que haya autocrítica

Daniel Arcucci
De la Redacción de LA NACION

Si por la dinámica de lo impensado que suele regir al fútbol se da un "Milagro en el Centenario" así como se dio un "Milagro en el Monumental", y la Argentina se clasifica de una vez para Sudáfrica 2010, sería muy bueno y muy sano que no se barriera bajo la alfombra del triunfalismo el sufrimiento de los últimos tiempos.

Sería muy bueno y muy sano que Julio Grondona hiciera una profunda autocrítica, privada y pública, sobre las decisiones que ha tomado en el último año. Ni siquiera se le pide que revise los últimos 30, que no estaría mal. Que reconozca que eligió más por resentimiento que por convicción, y que no fue capaz de sostener ni siquiera la lógica elemental que tenía su idea original. Que sepa que puso en riesgo y que volteó alguna pared de su mejor obra, tal como se había escrito que podía suceder ( http://www.lanacion.com.ar/nota.asp?nota_id=1064360 ), hace ya un año. Y ya no debería decidir desde su pedestal unipersonal, que también crujió.

Sería muy bueno y muy sano que Diego Maradona se sincerara con él mismo y se planteara, con el corazón en la mano, si está en el lugar con el que había soñado y si ésta es la función para él: así, como se han planteado las cosas hasta ahora, seguro que la respuesta debería ser no. Si concluye en su autoanálisis que tiene que dar un paso al costado, nadie debería endilgarle falta de valentía. En cambio, si concluye que se siente en condiciones de seguir, entonces que acepte ayuda: para aprender a manejarse como un conductor; para que se dibuje un cuerpo técnico integral y no una caricatura; para que se aproveche todo el tiempo con el que se cuenta, mucho o poco, de mañana o de tarde. Que sepa que puso en riesgo su mito, tal como se había escrito que podía suceder ( http://www.lanacion.com.ar/nota.asp?nota_id=1064427 ), hace ya un año.

Sería muy bueno y muy sano que Carlos Bilardo se mirara en un espejo y se contestara si está haciendo un papel… u otra cosa. Que defina su función y que se ocupe de ella. Y, como Maradona, que se confiese si está donde quiere estar y haciendo lo que quiere hacer.

Sería muy bueno y muy sano que los jugadores se animaran a renovar, o no, su compromiso. Que analicen qué sintieron tras las derrotas, y no tras los triunfos; que recuerden cómo se sintieron en sus clubes, después de esas caídas, y no en el vestuario. Si sintieron alivio al regresar, entonces que piensen honestamente si quieren seguir.

Confiar en que en las eliminatorias para México 86 también se sufrió mucho para clasificarse y después pasó lo que pasó, es un delirio místico.

Confiar en que un triunfo en el Centenario –ojalá que se dé– por sí solo demostrará que las cosas han mejorado y que sólo faltaba que el equipo despertara, sería una necedad.

Los milagros futbolísticos existen, pero más vale creer en el trabajo.

darcucci@lanacion.com.ar
(http://www.canchallena.com/1186195-)

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