miércoles, 21 de octubre de 2009

Hacer dinero en la función pública también es PRO

Mauricio Macri, Jefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, presentó su declaración jurada en la que asegura tener un patrimonio que ronda los $ 39 millones y de la que se pudo deducir que, en tan solo un año de gestión en la comuna capitalina, de diciembre de 2007 fines de 2008, su patrimonio personal se incrementó en un 42%. Claro que está lejos del incremento patrimonial del 158% que inescrupulosamente ostentaron Néstor Kirchner y Cristina Fernández ante la Oficina Anticorrupción.

Ya casi lanzado como candidato a Presidente de la Nación para el 2011, la administración de Macri al frente de la ciudad más importante de la Argentina no se condice con sus promesas electorales y las expectativas que generó en los porteños.

Según informó el Diario Perfil, ocho de los doce funcionarios del gabinete macrista son millonarios. El más beneficiado en los primeros doce meses de gobierno fue Ministro de Educación, Mariano Narodowski, con una suba de 189%; no muy lejos quedo el titular de Desarrollo Económico, Francisco Cabrera, con un crecimiento del 113% en su patrimonio.

Por estos tiempos, con esta ideología que nos quieren imponer los Kirchner, pareciera que es tener un buen pasar económico en la Argentina es necesariamente sospechoso y, por ende, repudiable. Todo en función de los resentimientos sociales que, al mejor estilo Juan Perón, los kirchneristas gustan alimentar para dividir más al pueblo argentino y crear más confusión en provecho de ellos, claro.

Ahora bien, es una ironía insoportable para el común de la gente que quienes pregonan la redistribución de la riqueza y embisten contra la "oligarquía" son precisamente personajes que ostentan frondosos patrimonios personales. Sin ir más lejos, fue insultante ver durante el año pasado a la Presidente Cristina Fernández maldiciendo a los "piquetes de la abundancia" durante el conflicto innecesario con el sector agropecuario nacional, mientras los toreaba ante cámaras de televisión agitando las joyas que lucía en su cuerpo recauchutado. La contradicción hacía remitir, salvando las distancias, a Eva Duarte cuando daba sus encendidos discursos defendiendo a sus descamisados y bramaba contra los "ricos" mientras ella estaba enfundada en costosísimos trajes y una bijouterie digna de una reina europea.

En la escuela nos enseñan que la democracia es el sistema de gobierno por el cual gobierna el pueblo a través de sus representantes. Pero si vamos a los hechos, en este bendito país, como en tantísimos otros, parece que para llegar a ocupar algún cargo ejecutivo hay que poseer un importante patrimonio personal; es decir, un ciudadano con una buena preparación intelectual y una probada honestidad tiene un camino cuesta arriba si quiere llegar a ser servidor de la comunidad siendo ungido como gobernador de alguna provincia o, más aún, Presidente de la Nación. Si hacemos un raconto de gobernadores que están al frente de provincias argentinas, no podremos encontrar a alguno que pueda ser encasillado en lo que entendemos "clase media" o, a lo sumo,"clase media alta".

Mucho podemos quejarnos de los que hoy rigen los destinos del país, pero si buscamos referentes opositores, encontramos, entre otros, a Mauricio Macri, Felipe Solá y Francisco De Narváez. Todos políticos que ya pasaron por la función pública y van por más. Es inevitable mirarlos de reojo al pensar en cuales son las verdaderas motivaciones de esa gente que parece ser psíquicamente adictos al poder por lo que se dejan enceguecer por su propia avaricia... ¡qué frágil es nuestra democracia!

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