lunes, 26 de octubre de 2009

Dioses falsos y periodistas irresponsables

escrito por Horacio B. Videla

Las declaraciones de Diego Armando Maradona, al término del partido en el cual el seleccionado argentino logró la clasificación para el Mundial de Sudáfrica 2010, han actuado como disparador de una serie de reflexiones imprescindibles para los periodistas deportivos.

Un insigne pensador argentino, Santiago Kovadloff, sostiene en un formidable trabajo sociológico que "la decadencia de los pueblos suele iniciarse con el envilecimiento de las palabras, con el abandono del interés por lo que implican como signos de aptitud para la convivencia, la recíproca credibilidad y la preservación de los matices que hacen posible el pensamiento". Y esto viene a colación por las tremendas declaraciones que efectuó Maradona en el estadio Centenario y que han recorrido el mundo.

Se pueden entender, aunque no las compartamos, las actitudes del plantel argentino al término del partido, insultando en sus cánticos a los periodistas como válvula de escape a tanta tensión, angustia y miedo de quedar eliminados de la cita sudafricana.

Es más, hechos como éstos sirven también para que los periodistas especializados en deportes hagan la autocrítica de su labor. Porque al no pretender ser corporativistas también deben consignar que algunos medios de comunicación fueron impiadosos con Maradona y sus muchachos, en algunos casos rozando la ofensa. Especialmente con los jugadores que están actuando en el exterior.

Y porque entendemos que la caridad bien entendida empieza por casa, es que tenemos la obligación de decir que mucho se escribió y se dijo que los jugadores que venían del exterior no tenían compromiso con el seleccionado, utilizando una estructura de pensamiento mínima, casi inexistente, y en algunos casos, lamentablemente, hasta miserable. Cómo se puede pensar que un deportista que gana millones de dólares y que "está hecho" para varias generaciones de su descendencia va a realizar viajes de miles de kilómetros para percibir cifras mínimas (para ellos) por vestir la celeste y blanca y que, además, esa movilidad va a incidir en sus rendimientos posteriores inmediatos porque el cambio de los husos horarios altera los metabolismos?:. Es muy fácil para cualquier jugador -con la complacencia de sus clubes contratantes- encontrar excusas para no venir, como "acusar" una lesión. Si venían, vienen y seguirán viniendo es porque quieren jugar en el seleccionado argentino. Lo que pasó en este caso es que jugaron mal. Y en algunos partidos muy mal. Muy lejos de los pergaminos que ostentan. Pero es absurdo pensar que lo hicieron así por no estar comprometidos.

Pero una cosa es una reacción en caliente y otra muy distinta es si esa reacción se reitera y profundiza varios minutos después, tras una ducha, cambio de ropa deportiva y tiempo para pensar.

Y aquí el problema radicó en que Maradona pensó muy bien lo que iba a decir. Se produjo mentalmente desde el rencor y la intolerancia. En ningún momento le dio paso a la idea bienhechora del pensamiento reflexivo.

Sacó el fusil del odio y tiró a mansalva. Como un francotirador fundamentalista fue sembrando cadáveres dialécticamente, con un insulto tras otro. Y los destinatarios fueron los periodistas deportivos. Todos, sin excepciones. Porque según su modo de ver y entender todos son hijos de malas madres. Algunos más, otros menos; pero todos vienen, según él, de matrices putrefactas. Y en su machismo exacerbado (los psicoanalistas aquí se harían un festín) todos nos tenemos que someter a sus exigencias sexuales. Lo más extraño y doloroso del caso es que ninguno de los destinatarios allí presentes haya salido al paso de tanto escarnio. Y de esto también nos tenemos que hacer cargo todos los periodistas, escribamos de lo que escribamos.

Pero también nos tenemos que hacer cargo que el único de los destinatarios claramente identificado efectuó una segunda pregunta que conllevaba el sello de la miserabilidad, buscando la confrontación con uno de los jugadores ya que, inclusive, la cita de la declaración con la que pretendió iniciar una polémica fútil era inexacta en su textualidad.

Y hoy, en la fila de los comunicadores que sacaban número para pegarle a Maradona, se encuentran algunos torturadores idiomáticos que han hecho de la grosería una bandera, aduciendo que desestructuran la forma de hablar, que son transgresores, que reflejan el modo de expresarse del pueblo. Aunque ,en definitiva, son tan sólo mal hablados, incultos, carentes de responsabilidad social.

Son producto de una era signada por los famosos que proceden de esferas como el espectáculo o el propio deporte y que ejercen una marcada influencia en los funcionamientos culturales. Y dado que como arriban de un mundo sin criterios, acaban imponiendo una cultura que carece de ellos, por lo que terminan constituyendo una elite irresponsable, ya que son personas sin poder ni responsabilidad institucional, que no tienen que responder por sus conductas ante la comunidad y cuyas actitudes se proponen como modelo de comportamiento.

Y lo que es más grave es que los medios han convertido a estos personajes en públicos y famosos, mitificándolos. Y es por eso que lo banal se transformó en cultura. Con el paso del tiempo, los medios se fueron erigiendo en grupos de referencia y ahora ejercen el papel normativo que en otros tiempos correspondió a la escuela o a la tradición. Por eso las destrezas mediáticas han reemplazado a las cualidades culturales. Y así nos va.

Asimismo, hay que puntualizar que Maradona no es único culpable de este estado de cosas. El inefable presidente de la AFA, Julio Humberto Grondona, no sólo dijo que "a Maradona hay que entenderlo", como si se tratase de un hijo rebelde, tonto o descarriado. Al término del partido, al referirse al periodismo habló de "lauchas".

Lamentablemente, una vez que mermen o se apaguen estos fuegos, con Maradona al frente del seleccionado, o no, ya poco importa eso, no habrá nadie que asuma su responsabilidad para encarrillar este tipo de situaciones.

El dios del estadio que como futbolista le dio las más grandes satisfacciones a la afición argentina, todavía no se sacó la camiseta de jugador. Esperemos que asuma como director técnico, con todas las responsabilidades que ello conlleva, antes de que empiece a rodar la pelota en Sudáfrica el año próximo. Que crezca y se eduque sería mucho pedir.

Pero no sería mucho pedir que los periodistas especializados en deportes ejerzan con responsabilidad y tolerancia su función social. Porque no se es colega de otro por compartir un metro cuadrado de una redacción, un rubro o una ideología, sino por compartir una línea ética.

Por todo lo dicho, el periodista debe reflexionar responsablemente, porque muchas veces ha sido él quien pergeñó estos ídolos con pie de barro, que de pronto se erigieron en falsos dioses a quienes está prohibido criticar, por más que voluntariamente se hayan expuesto a la consideración pública.

4 comentarios:

Pablo de Córdoba dijo...

En relación al post, algo que dijo Dolina el 21 de Octubre en su programa de radio




"En "La Venganza" de anoche mismo (21/10/09), Alejandro Dolina, ante el mensaje de una oyente, se expidió con vehemencia sobre el Maradonagate:

"Una oyente dice: 'Estimado Dolina, ¿ya no defiende más a Maradona? ¿O acaso ya no hay ningún Sargento Cruz? Vea: Ud. ayudó a alimentar al monstruo que tan bien nos hace quedar ante la prensa mundial. Cordialmente. Ingrid Hammer'.

Mi respuesta es SÍ. Yo he resuelto -después de un extravío- bancar a Maradona en esto. ¿Sabe por qué? Por personas como usted. La indignación burguesa que sucedió al exabrupto de Maradona fue totalmente patética y asqueante. Un mundo totalmente hipócrita, el mundo de la radio, donde se escucha eso mismo que Diego dijo bajo emoción violenta, pero libreteado (y en la televisión ni hablemos), ese mundo se indignó. Esos tipos se indignaron. Y esa indignación burguesa me hace ponerme inmediatamente en la vereda de enfrente.

Y lo que un tipo dijo, obnubilado por el momento, por la emoción, por su propia historia, y por su propia condición, después fue repetido ad nauseam por todos los noticieros, con subrayados, subtitulados, duplicaciones, ampliaciones y circulación por Internet, por tipos que no estaban ni obnubilados, ni en estado de emoción violenta, ni perturbados por ninguna cosa, sino que lo planearon diecinueve mil veces. Esos tipos ahora se ponen en la superioridad moral de preguntarme a mí si lo defiendo a Maradona. Bueno, sí, lo defiendo. Si es contra ustedes, lo defiendo. Lo defiendo totalmente.

Y eso de "que tan bien nos hace quedar ante la prensa mundial"... ¡Cipayos provincianos que quieren quedar bien con sus supuestos amos europeos! ¡Yo no tengo ningún interés en quedar bien ante la prensa mundial! ¡No es ésa nuestra obligación! ¿Qué tenemos que quedar bien ante nadie? ¿Ante quiénes? ¿Ante gobiernos que aniquilan a sus enemigos? ¿Ante quién tenemos que quedar bien? ¿Dónde esta la Fiscalía del Universo? ¿Dónde está la reserva moral de la Humanidad? ¿En Estados Unidos? ¿En Europa? ¡Déjeme que me muera de risa, Ingrid Hammer!

Y otra cosa: muchas veces, pero muchas, en los medios se dicen cosas muy interesantes. Yo he escuchado casi revelaciones, a veces, dichas por tipos a los que yo admiro mucho. A veces son intelectuales, como, no sé, el finado Casullo, o Dubati, o José Pablo Feinmann, tipos que realmente tienen un pensamiento interesante. Otras veces son artistas, o incluso locutores, del calibre de Larrea, o de Carrizo, tipos que por ahí dicen cosas que te hacen decir "pero mirá que bien pensó éste". Bueno, a esos NUNCA, nunca los vi duplicados en los noticieros, con subtitulados y subrayados. No los vi nunca porque a esta gente no le interesa el pensamiento ni la inteligencia, le interesa la BASURA. Y entonces Maradona dice esto y ellos lo repiten ciento diez mil veces. Eso es un asco.

Así que ¿a qué jugamos? ¿Qué es esto? ¿Qué es esto de indignarse, de enojarse y de sorprenderse? Lo dice un Senador de la Nación, y es un piola. Lo dice Maradona, y aparece todo el racismo, todo el desprecio por los pobres, aparecen los de siempre, los muchachos de siempre, a indignarse: ¡oh, la cultura! ¡Nuestro embajador! ¿Qué embajador? Es Diego Maradona, viejo. Los que tienen que ser cultos son ustedes, no él. Él tiene que dirigir la Selección de Fútbol, y si lo eligieron a él, bueno, es ése, y no Pancho Ibáñez.

Así que sí, lo defiendo a Maradona. Ante usted lo voy a defender siempre".

mario dijo...

Pablo

Dolina será quien sea (de hecho no acostumbro a escucharlo) pero en esta ocasión voy a disentir con él.

Que como cualquiera de nosotros puede tener un exabrupto simliar (o peor) que el que protagonizó el DT de la Selección Argentina de ninguna manera justifica la bravuconada de Diegote. Maradona es un personaje público y, le guste o no, sus acciones quedarán siempre en el centro de la escena, ante los ojos de todos.

Además, él es el primero en juzgar despiadadamente a quien se le antoja... y yo me pregunto: por qué Diegote debe ser siempre inimputable?? estoy harto de que le vivamos justificando uno a uno sus errores.

De última que él haga lo que quiera de su vida, pero como seleccionador nacional debe observar una conducta porque, quiérase o no, es un referente para muchísima gente. Si él no quiere ser modelo de nadie, pues que se retire.

Saludos.

Anónimo dijo...

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