domingo, 18 de octubre de 2009

Déjà vu (Gustavo Cerati)

Finalmente, Gustavo Adrián Cerati lanzó su tan esperado disco que se llamó simplemente "Fuerza natural", el cual fue muy elogiado por la prensa en general y por miles de fanáticos.

Por estas cuestiones de la "industria" discográfica, en la mayoría de los casos, debemos esperar al menos dos años para conocer un nuevo disco de nuestros artistas favoritos. Parece que es ese el tiempo que las multinacionales necesitan para amortizar sus gastos en cada producción de sus artistas, en los que coordinan severas y hasta aburridas campañas de difusión que incluyen los "singles" adelantos con su rotaciones en estaciones de radio y, posteriormente, la difusión de un videoclip casi en simultáneo con la salida a la venta del disco. Y así será con los sucesivos cortes de esos discos. Gustavo Cerati tampoco escapa a este negocio.

Personalmente, escucho a Soda Stereo desde que era niño y siempre me fascinó la creatividad plasmada en sus creaciones, tanto en la constante inquietud para explorar más y nuevos sonidos como en su lírica muchas veces más puesta en función de la música que en transmitir emociones personales.

Cuando Cerati decidió marcharse de Soda Stereo para emprender su carrera solista, ahondó más sus búsqueda artísticas, buscando nutrirse con otros músicos.

Después de grabar Dynamo, acaso el mejor disco de Soda Stereo, en 1993 Cerati da a luz Amor Amarillo que resultó ser su primera producción en solitario y que realizó mientras esperaba el nacimiento de su primer hijo, Benito. Este disco constituyó un logrado trabajo, en el que Cerati tocó casi todos los instrumentos.

Recién en 1999 retomó con más decisión su carrera solista cuando editó Bocanada, un disco en donde se acercó a los sonidos de la música llamada electrónica. Este disco es un viaje delicioso por melodías muy cuidadas, letras delicadamente sutiles y sonidos vanguavardistas. En mi opinión personal es, por lejos, el mejor disco de Gustavo Cerati.

Para 2002, Cerati dejó el camino que había empezado con Bocanada y buscó un sonido más pop y liviano cuando publicó "Siempre es hoy" un disco que tiene algunas muy buenas canciones como "Sulky", "Amo dejarte así", "Artefacto" y "Cosas imposibles".

En 2006, Cerati vuelve al sonido rockero y levanta su puntería con Ahí Vamos, en el que se rodea con una buena banda con Richard Coleman, Fernando Samalea y Tweety González, entre otros.

Luego de un tiempo de espera, en este año luego de una forzada y marketinera vuelta con Soda Stereo, Gustavo Cerati volvió al ruedo con el disco que llamó Fuerza Natural. En mi opinión personal, con este su último trabajo discográfico, Cerati ha derrapado artísticamente hablando: canciones chatas, sin vuelo, ni riesgos creativos y letras que en varios pasajes rozan la banalidad y lo cursi. "19", la espantosa canción que había grabado recientemente con Emmanuel Horvilleur ya era un mal presagio del nivel de este nuevo disco de Cerati. Seguramente, con el paso del tiempo, podrá verse que éste es el punto más flojo de la brillante carrera artística de Gustavo Cerati, que ojalá repunte para el próximo disco.



Gustavo Cerati: "Olvídense de Soda"

Puedo equivocarme / tengo todo por delante / Nunca me sentí tan bien. La primera frase del primer tema del disco que sale hoy marca el estado de ánimo de Gustavo Cerati. En esta imprevista primavera cero de agosto, en su estudio enclavado entre la arboleda de Florida, con su amabilidad desmiente el karma que lo persigue desde siempre, esa mochila de estrella pop gélida, soberbia y distante. Se entrega a la charla con entusiasmo. Fuma rubios, toma Coca Cola, se muestra alternativamente autocrítico, afable, cruel, altanero y contradictorio.

Tiene en sus manos Fuerza natural, el disco que va a perforar corazones y tímpanos esta temporada Primavera-Verano: fresco, zigzagueante, adhesivo, menos rockero que Ahí vamos (su disco solista anterior, previo al regreso de Soda Stereo de 2007) y con muchísimas canciones que laten como hits potenciales. "Tiene una ruptura respecto de Ahí vamos. Es más simple y sonoramente lo siento como un compendio de todo lo que hice. Lo compuse en un tiempo corto: en dos meses, septiembre y octubre del año pasado".

- ¿Cuál fue la idea del disco, la idea de la concepción del disco?

Lo concebí y lo pensé como álbum. Por eso también va a haber una edición en vinilo. Es muy loco: en los '80 añoraba los discos simples de los años dorados del rock; ahora que volvió el single -en otro formato- no me interesan más, me interesa la cosa más completa. Es además un disco de viaje, de carretera. Más solitario que Ahí vamos, más celebratorio y asimismo con una alta dosis de alarma ante los fenómenos naturales. Se iba a llamar Viento, al final quedó Fuerza natural. No tiene un mensaje ecológico, pero habla justamente de las fuerzas naturales internas y externas, las invisibles y las cotidianas. También tiene mucho campo, mucha pampa. Gran parte de la lírica la escribí en una chacra que tengo en José Ignacio, Uruguay. Es como un compendio de mi carrera, pero expansivo; no es una suma de clichés, pero están.

- ¿No es un gesto retro lo del vinilo?

Puede ser. Hay cambios. ¡Acabo de cumplir 50 años! No tengo la pretensión de hacer algo nuevo, aunque cuando miro alrededor me parece que sigo proponiendo cosas. Además, bueno, no puedo escapar de mis propios límites. Ya no defiendo el lugar de la vanguardia. Sí me interesa el sonido: me preocupo por el sonido, aunque sé que muchísima de mi música cada vez se consume más por celulares. Es lamentable. Yo igual ofrezco lo mejor que puedo a nivel sonoro. Por eso lo saco en vinilo, aunque lo compren cuatro gatos locos.

Separado de la actriz Leonora Balcarce, con su hijo Benito cada vez más presente en su vida y en su música (tiene 15 años y una banda de rock, ya había colaborado en Ahí vamos y ahora participó en la composición de tres temas: Fuerza natural, Desastre y Rapto), Cerati dice que no es un artista "de tiempo completo". "No, puedo hacer otras cosas. Y cada vez ando más solitario, más bucólico". Escudriñando las letras del disco, sorprende la cantidad de referencias a los regresos, a la tensión entre el pasado y el futuro. ¿Habla de Soda Stereo? ¿De la infancia? ¿O es cierto lo que se dice, que volvió con Deborah De Corral? Se ríe: "No, para nada volví con Deborah. Somos amigos, y disfrutamos haber tenido una relación y seguir siendo amigos".

- A Soda le dedicaste unas estrofas...

No, no, para nada. Si hay algo que quedó en el pasado es Soda. Mis letras no suelen hacer referencia a nada. Yo creo que la canción es artificio. No sólo lo creo, sino que defiendo a muerte esa idea estética. Okey, si un psicólogo pone la lupa seguro salen cosas. Es más: leí libros de psicología y te puedo asegurar que tengo todas las patologías. En mayor o menor medidas, todas. Pero eso es otra cosa. Para mí ser artista es una actuación, es mentir, es jugar a la fantasía. Hay gente que necesita jugar al noticiero, todo bien. Yo no: entre Aristóteles y Platón, me quedo con Platón.

- Está raro el rock... El Indio y Skay se pelean por los medios, Charly se quiere casar... ¿Qué opinás de lo de los Redondos?

El caso de los Redonditos no lo conozco bien, supongo que las cosas no habrán terminado de la mejor manera; y cuando las cosas no se hablan en su momento, después explotan. Lo que pasó con Soda Stereo fue igual: no nos hablamos entre nosotros y un día explotó todo...

- ¿Qué pasó realmente?

Las cosas venían mal. Al final me propusieron hacer un show de despedida y yo lo vi como una locura, me negué hasta que terminé aceptando la situación. Fue la despedida de River, de 1997. Iba en contra de mis princpios, aunque no sé si hablar de principios. Yo no sabía cómo se separaban los grupos. Existen demasiados modelos: desde la manera beatle, todo mal, hasta la despedida de Sui Generis, superhablada y con un gran show. Para mí fue terrible hacer esos dos River. En los grupos se va destruyendo la comunicación, es así, eso le debe haber pasado a los Redondos. Con Soda fuimos cuidadosos de que la pelea no pasara por los medios. Fue mejor lo que hicimos en el 2007, a nivel alegría, comunicación, música, actitud. Absolutamente.

- Después de la parafernalia del retorno, ¿cómo quedaste con Zeta Bosio y Charly Alberti?

Bien, bien... Ya nos conocermos... Somos grandes. Sabemos que no vamos a cambiar...

- ¿Cómo lo viste a Charly García?

Se muere por tocar, y esa ansiedad es bárbara. Mi única preocupación es si el proceso de desintoxicación de este tipo de terapias -que son controvertidas, porque te encajan otros químicos y te van ecualizando- no fue acelerado, si no era mejor esperar un poco. Si el aparato del negocio no lo está empujando al escenario. Si él está preparado para todo esto y en condiciones, fantástico.

- Cuando empezaste con Soda tocabas en el Einstein, de Chabán... ¿Cómo viviste el fallo de Cromañón?

Hay un Chabán adentro con 20 años y cuarenta mil afuera... Hubo una gran irresponsabilidad, un fato con la municipalidad, una cadena de cosas y de gente. Señalar a algunos no me resulta muy aleccionador... Puede que no me caiga simpático Callejeros, pero no es eso lo que me mueve a pensar esto... A Chabán lo conozco desde hace muchísimo... Quizá apostó a un tipo de espectáculo en el cual se creía que el control era algo de fascistas. Y se equivocó. Y eso se paga... Pero no la están pagando todos los que tienen que pagar. El guitarrista que no está más en Callejeros ( N. de la r.: Maximiliano Djerfy) dijo algo con lo que yo coincido: se creó la ilusión de que no hay diferencia entre el público y el escenario. Y hay una diferencia: estás arriba y tenés responsabilidad. No podés permitir que el público sea el dueño del espectáculo. Es difícil... Si hubiera muerto uno de Callejeros estaríamos hablando de otra cosa. Murió parte del entorno, y es terrible.

- A vos también en un momento te rozó la tragedia.

Sí. Por eso, por más que yo crea en otro tipo de estética, hay imponderables. En el '85 tocamos en una discoteca de San Nicolás, se cayó el techo y se murieron cinco chicos. Fue terrible, salió en los diarios, fue parte de la historia negra del rock y no sirvió para mejorar la prevención de nada. Y en Perú, en tiempos de guerrilla, con la violencia zarpada, nos agujerearon el equipo Marshall con bengalas....

- Decís que a cualquiera le cabe...

Sí, pero de lo que estoy seguro y tranquilo es que yo jamás incentivé nada. Lo de Cromañón fue diferente: fue el fin de una escalada de un tipo de concepción de rock... ¡Y se tiraron bengalas en un lugar cerrado! Punto. No hay mucho para hablar, loco.

Se hace un silencio. El tema Cromañón lo coloca en un estado de crispación. "Sí, este es un momento jodido para el rock. Por eso defiendo mi disco. Mi único mensaje es: vamos a hacer música. Cumplí 50, un numerito, ¿no? Quiero disfrutar haber llegado en buena forma".

- Esperaste posicionarte bien con "Ahí vamos" para volver con Soda Stereo... Más allá de tu vanidad, ¿competís como solista con la gloria de Soda?

Hummm. Sí, puede ser, es lógico. Pero maduré un poco. Antes me enojaba: en la época de Bocanada buscaba diferenciarme y, cuando en los shows, la gente gritaba por Soda me caía pésimo. Tardé mucho en darme cuenta de que no era en mi contra. Sí, la presión de ser Soda es pesada. Pero ya está. Ya me saqué las ganas. No me vengan a romper las pelotas ahora. ¡Olvídense de Soda!. Ya está, ya fue. No va a haber otro regreso. No me mires así. ¿Cuesta creerlo? Ya fue. En serio.

Fuente: Clarín

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