martes, 1 de septiembre de 2009

Ya no se dice "borocotización", se dice "alarconización" de la política

María del Carmen Alarcón es una dirigente justicialista-menemista-duhaldista-oficialista-opositora-kirchnerista que nació en el año 1954 en la Ciudad de Santa Fe.

Con el advenimiento de la democracia en nuestro país, Alarcón trabajó en la Gobernación de la Provincia de Santa Fe entre 1984 y 1995. Asumió posteriormente como diputada nacional por dicha provincia en 1999 y permaneció por dos periodos consecutivos como legisladora en el Congreso de la Nación, en donde ocupó diversos cargos. Dio la nota en el año 2006 cuando fue expulsada de la Presidencia de la Comisión de Agricultura y Ganadería de la H.C.D.N. y del Bloque oficialista; con duras acusaciones contra el entonces Presidente Kirchner, formó su propio bloque que se llamó "Pampa Sur", nombre del movimiento que formó con otros dirigentes para defender al sector agropecuario.

En principio, dentro del Partido Justicialista, integró el menemismo junto a Carlos Alberto Reutemann. Desde 2006, con su agrupación "Pampa Sur", dejó el justicialismo y se integró el Frente Cívico y Social que en Santa Fe lidera el socialista Hermes Binner. Luego de Binner asume como nuevo gobernador santafesino en Diciembre de 2007, Alarcón es designada como Secretaria de Integración Regional de la Provincia de Santa Fe.

Durante el conflicto que el Gobierno Nacional mantuvo innecesariamente con el campo durante gran parte del año pasado, Alarcón se mostró como una crítica incisiva contra la Presidente Cristina Elisabet Fernández. Participó en numerosas manifestaciones organizadas por los dirigentes ruralistas y hasta estuvo procesada por la obstrucción de la ruta nacional 9, cerca de San Pedro, junto a otros dirigentes políticos, ruralistas y sociales.

María del Carmen Alarcón sorprendió a todos con un nuevo gira en su trayectoria política cuando renunció a su cargo provincial y se acercó al Gobierno de Cristina Fernández, quien creó la Secretaría de Integración Nacional para designar allí a la dirigente santafesina. En otras palabras, fue justicialista, luego pasó a la oposición y ahora vuelve a las filas de los hijos de Don Juan Domingo. Alarcón se defendió de las acusaciones justificando lo injustificable "No he cambiado, no he pasado por un 'baño de luz' para cambiar (¿¿??). Le llevé un papel con muchas propuestas al jefe de Gabinete (Aníbal Fernández), lo conversó con la Presidente y le dieron formato a esta secretaría, que en Brasil es un ministerio". Según el decreto 1149/09 publicado en el Boletín Oficial, quedó oficializada la designación de Alarcón como funcionaria kirchnerista; a poco de asumir, esta ex opositora ya va adoptando los modos y vocablos de la Presidente cuando, en declaraciones radiales, habló de “Esta Secretaría de Integración Nacional articula la resolución de las trabas de los conflictos con una amplitud de trabajo político”.

Alarcón se enorgullece de haberse hecho políticamente "desde abajo", de haber militado más desde hacen más de treinta años. Con este reciente hecho en su vida pública, demuestra ser una mujer sin escrúpulo alguno que tiene bien en claro que quiere "ascender" al precio que sea. Como era de esperarse de una persona de su calaña y bajo la sombra del camaleónico Dr. Lorenzo Borocotó, la flamante kirchnerista negó haber traicionado a alguien y se limitó a decir "es una posibilidad de cambiar las cosas desde adentro". ¿Cómo puede creer que quienes más han perjudicado a la actividad agropecuaria a pura soberbia van a cambiar porque ella es ahora una funcionaria de tercera línea?, ¿cómo espera "destrabar el conflicto" con el campo cuando ella misma ya ha reconocio públicamente que el Gobierno Nacional no ha cambiado?.

Como ciudadano, lamento este desvergonzado cambio de otra persona que asume responsabilidades públicas. La política argentina está cada vez más vacía de contenido y debates, solo estúpidos eufemismos y fuegos artificiales. Nada importan las ideas. Nada importan los ideales. Muchos políticos argentinos adolecen de coherencia y consecuencia entre sus dichos y acciones.

Con ésto de que en las elecciones los partidos tradicionales compiten camuflados en alianzas inesperadas, transfiriendo a la ciudadanía sus problemas internos, es de temerse que cualquier dirigente encumbrado cambie de bando una y otra vez sin ponerse colorado. Parece que lo único que cuenta es su enfermiza apetencia de poder y nada más... ¿cuándo será prioridad la Argentina?
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