sábado, 4 de julio de 2009

... ¿y dónde queda Tegucigalpa?

El 28 de junio, mientras en la Argentina se celebraban las elecciones legislativas, se conoció la noticia de que Manuel Zelaya Rosales, Presidente Constitucional de la República de Honduras Honduras fue destituído.

Varios medios de prensa de distintos países informaron que un movimiento cívico - militar arremetió arrestando a Zelaya y lo deportó en exilio a Costa Rica. Los sucesos fueron duramente condenados por la Organización de las Naciones Unidas y la Organización de los Estados Americanos.

Zelaya, llamado Mel por sus simpatizantes, llegó a la Presidencia en el año 2005 cuando fue el candidato del Partido Liberal de Honduras. Desde que asumió en ese cargo, el presidente hondureño debió enfrentar crisis políticas y sociales.

En su primer año, Zelaya impulsó un acercamiento político a Hugo Chávez, Presidente de Venezuela, con el objeto de que ambas naciones hicieran negocios con el petróleo. Venezuela estuvo "colaborando" con Honduras en la formulación y ejecución de proyectos sociales y económicos. Al cabo de ese año, Zelaya exhibió indicadores macroeconómicos que mostraban un crecimiento inédito en la economía hondureña. Una buena parte de la población de ese país rechazaba la relación con Hugo Chávez, como así también los Estados Unidos cuestionaron esa relación comercial.

El Presidente de Honduras estuvo coqueteando también con el regimen castrista y se dio tiempo apra ir personalmente con su hija hasta Cuba para entrevistarse con sus admirados Fidel y Raúl Castro.

Tal vez influenciado por el actual dictador venezolano, Zelaya fue obstinadamente construyendo un poder basado en su persona, sin importarle los consensos.

En 2010 vence el mandato de Zelaya pero la Constitución Nacional de Honduras no prevé la reelección para el Presidente de la Nación. Y Zelaya cayó en la tentación de muchos gobernantes de querer perpetuarse en el poder escudándose en una supuesta voluntad popular: el presidente hondureño decidió convocar a un plesbicito popular para que se permita reformar la Constitución (recurso predilecto de los que se atornillan al poder) y poder ser reelecto.

Manuel Zelaya no la tenía para nada fácil porque su idea fue rápidamente rechazada por el Tribunal Supremo Electoral, la Fiscalía General, la Corte Suprema de Justicia y el Congreso de la República. Inclusive hasta el Presidente del Partido Liberal por el cual Zelaya llegó a la Presidencia de la Nación también se opuso a esta iniciativa.

El Presidente Consitutcional ya estaba jugado y, en vez de recapacitar, decidió ir por más: quería imponer la consulta popular al costo que fuere para el pasado 28 de junio. El 24 de junio, Zelaya anunció que destituía al General Romeo Vásquez Velásquez, Jefe del Estado Mayor Conjunto hondureño, luego de que éste se negara a distribuir las tarjetas de votación de la controversial consulta.

El Congreso decidió investigar la violación constitucional del Presidente y hasta pidieron que se le realizara estudios sobre la salud mental del primer mandatario. Preso de su ego, Zelaya arremetió una vez más al amenazar a los legisladores diciéndoles: "Ustedes me han declarado la guerra, ahora aténganse a las consecuencias". Su desprecio por las instituciones democráticas se hizo más evidente cuando afirmó "Me piensan declarar no apto para el cargo, pero se equivocan, aquí me quedo, no me voy y a ellos (los diputados) los vamos a sacar porque tenemos derecho a opinar, a ser consultados y esto nadie lo para", dando a entender que él tenía atribuciones como para cerrar el Congreso.

El presidente del Congreso, Roberto Micheletti, del mismo partido que el presidente, calificó de trastornado a Zelaya. Incluso afirmó que tenía información de que habían contratado un sicario para asesinarlo. "Responsabilizo al poder ejecutivo si algo pasa a mis hijos, mi esposa o a mí porque ¡ya basta! No tenemos por qué estar sufriendo situaciones de aspiraciones presidenciales de un trastornado que quiere quedarse con el poder", subrayó. Borracho de poder, Zelaya tuvo palabras para Micheletti cuando se mofó de él al decirle "¿Qué te pasa Roberto (Micheletti)?. A mí me eligió el pueblo y no el Congreso. ¿Por qué me vas a inhabilitar, eres un pinche (pobre) diputado de segunda categoría que saliste en ese puesto porque te di espacio en mi corriente".

Iracundo, en compañia de sus seguidores, Zelaya se llegó hasta la sede de las Fuerzas Armadas para apoderarse de las urnas y demás materiales para llevar a cabo el plesbicto fuere como fuere. Según las fuerzas militares de ese país centroamericano, toda el material para la logística de la consulta popular fue provisto por Chávez, directamente desde Venezuela. Ante los sucesos, se fue tensando la situación social de todo un país al máximo por la ambición personal de un Presidente de la Nación (me parece que a los argentinos nos suena algo familiar...).

El domingo 28, sobre las 6 de la mañana, unos doscientos militares hondureños llegaron hasta la residencia privada del Presidente Zelaya ubicada en las afueras de Tegucigalpa y lo detuvieron, cumpliendo con lo ordenado por el Tribunal Supremo de Honduras. De ahí, fue trasladado a una base militar para su posterior viaje forzado a Costa Rica. Los medios de comunicación como Internet y los teléfonos fueron interrumpidos por unas seis horas y fueron detenidos dirigentes políticos afines a Zelaya. Asimismo, fueron secuestrados los embajadores de Cuba, Venezuela y Nicaragua.

Acto seguido, por la línea se sucesión presidencial, asumió Roberto Micheletti en carácter interino y su primera medida fue decretar toque de queda por 48 horas.

Se dieron manifestaciones a favor y en contra del nuevo gobierno. Aunque las que llevaron a cabo los partidarios de Zelaya fueron severamente reprimidas por las fuerzas públicas de seguridad.

La prensa nacional y corresponsables extranjeros apostados en Honduras denunciaron una asfixiante censura de parte del gobierno de Micheletti. El Diario Tiempo de aquel país comunicó que "nunca se había sufrido en Honduras una violación tan profunda y masiva de la libertad de expresión, debido a la intervención gubernamental, ni en las más oscuras épocas de franca dictadura".



Jugando al teléfono descompuesto

Se puede decir que la reacción de la comunidad internacional fue unánime al rechazar enfáticamente al gobierno que encabeza Roberto Micheletti.

Sin conocer la idioscincracia ni mucho menos el marco legal vigente en Honduras, muchos opinamos sobre lo que habría que hacerse en ese país centroamericano. En Honduras habitan un poco más de 7.400.000 de personas, de las cuales se estima que hay un 60% que vive en la pobreza; hay un 18% de analfabetismo.

Al difundirse la noticia, hubo un apresuramiento en muchas opiniones desde el sur de América. Con las heridas aún sin cicatrizar, sin profundizar el análisis sobre la actualidad hondureña, por estos lados se hizo la rápida asociación de conceptos: crisis institucional + militares movilizados + presidente constitucional secuestrado = golpe de estado.

Pero no podemos igualar lo sucedido en Honduras con lo que aconteció con golpes militares como los acontecidos en países como la Argentina o Chile. En el caso hondureño, se trata de un severo conflicto de poderes del Estado Nacional: el Legislativo y el Judicial se han enfrentado casi irreconciliablemente con el Ejecutivo. Las fuerzas militares tomaron partido para el primer bando, según lo que ellas interpretaron que es lo legalmente correcto. Ademas, a diferencia de otros Golpes de Estado ocurridos en Latinoamérica, en este caso, no asumió la Presidencia un militar sino nada menos que, respetando la Constitución, fue un miembro del Poder Legislativo el que se hizo cargo del Ejecutivo Nacional.

Está instalada la polémica acerca de la legitimidad de la Presidencia de Micheletti. Mientras los principales organismos internacionales hablan de "Golpe de Estado" y de "Gobierno de Facto", las actuales autoridades hondureñas se defienden argumentando que actuaron dentro de la Constitución de Honduras: las fuerzas militares actuaron en consecuencia de una orden judicial y asumió la Presidencia el titular de la Legislatura Nacional.

José Miguel Insulza, Secretario General de la O.E.A., se puso a la cabeza de la exigencia internacional de la inmediata restitución de Zelaya; tenía previsto viajar con el presidente destituído hacia Honduras y encontrar una salida pacífica. Micheletti advirtió que no iba a escuchar esa petición internacional y dispuso que Honduras se retire de la O.E.A. Aunque Insulza desestimó la legalidad de esa disposición de Micheletti al aseverar que "Es un gobierno que para los otros 34 países miembros y para la comunidad internacional no existe jurídicamente".

Quien manifestó gran interés por protagonizar la cruzada internacional a favor de Manuel Zelaya es Cristina Elisabet Fernández, Presidente de Argentina. Fernández ya se encuentra en la Ciudad de Washington para sumarse a la delegación de la O.E.A. que partirá rumbo a ese país centroamericano para solicitar formalmente la restitución del presidente derrocado. Esta es otra grave contradicción de la Sra. Fernández, quien quiere mostrarse al mundo como una "abanderada de los derechos humanos" (¡!) que fustiga a golpistas y genocidas pero se muestra sonriente junto a dictadores como los hermanos Castro y Hugo Chávez.

En varios países latinoamericanos como Argentina, Cuba, Venezuela, Ecuador y Bolivia se tomó la cuestión hondureña como una suerte de reivindicación de la ideología sectaria y revanchista de sus gobernantes.

En el caso particular de nuestro país, se multiplicaron las voces que criticaron la afrenta contra el Gobierno de Zelaya. En el caso a los aficionados a la política kirchnerista de "derechos humanos", hubieron quienes estos sucesos le reavivaron aún más sus rencores setentistas y hasta habrán sentido nostalgia por la guerrilla y salieron rabiosos a defenestrar contra las intituciones militares generalizando a diestra y siniestra, como así también reivindicando su odio a la que ellos denominan "derecha".

Los que tuvieron la caradurez de criticar el autoritarismo de las huestes de Micheletti fueron nada menos que Fidel Castro y Hugo Chávez. Justamente quienes hicieron de la persecusión y exterminio de opositores su manera de fortalecer sus gobiernos son quienes hoy se rasgan las vestiduras por la destitución de un presidente democrático en Amércia Latina. En el nombre de su "revolución", los hermanos Castro y el Che Guevara hicieron de Cuba una siniestra cárcel y cementerio para toda aquella persona que no comulgue con sus principios totalitarios. Mientras que, antes de ser presidente "bolivariano", Chávez se hizo de las armas para arremeter contra las instituciones democráticas de Venezuela; ante el fracaso de las armas, el que se cree ser el heredero de Simón Bolívar se valió de la manipulación de masas para que en vez de balas y bombas, sean los votos los que avalen sus constantes atropellos contra la democracia de su país y sus opositores; ya en el Gobierno, Chávez se ha dedicado a cerrar medios de comunicación que no fueron condescendientes con su estilo personalista a los que este provocador de antagonismos populares los tildó de destituyentes.

Y de repente organismos inoperantes como la O.E.A. (¿para qué sirve el MercoSur?, ¿cuál es la utilidad del ALCA? mientras que la Alternativa Bolivariana para las Américas solo es para la hegemonía chavista en esta parte del mundo) salen de su ostracismo diplomático para cobrar relevancia. En base al protagonismo mediático, el actual Secretario General de la O.E.A. está presionando desde la prensa internacional para que Zelaya vuelva a ser repuesto en el cargo que fue elegido por su pueblo.

Pero a decir verdad, la OEA no es más que una institución diplomática, no tiene competencia en el derecho internacional como para tener injerencia por encima de las instituciones de un país.

La situación política y social de Honduras reviste de una gran complejidad y se dificulta su análisis.

Considero que Honduras debe ejercer su soberanía para decidir su futuro por encima de las presiones internacionales. Por la paz social, me parece que lo mejor sería llamar urgentemente a elecciones generales para que sea el pueblo el que decida con su voto como debe seguir esta historia. Los Obama, los Castro, los Chávez, los Kirchner deberán respetar la decisión popular del pueblo hondureño, más allá de que sea, o no, coincidente con la ideología sectaria de este nuevo socialismo que hay en Latinoamérica.

De acuerdo a lo que se informa desde distintos medios, Zelaya estaba construyendo una perversa estructura de poder despreciando la Constitución de su país y a las demás instituciones democráticas. Al igual que Fidel Castro, Hugo Chávez, Evo Morales, Rafael Correa y los Kirchner, el presidente hondureño fue concentrando poder avivando enfrentamientos y odios sociales entre su misma gente, polarizando violentamente las ideologías políticas. Como sucede con Cuba, Venezuela, Bolivia, Ecuador y Argentina, en Honduras la tensión social levanta temperatura por culpa del narcisismo de su presidente. Y es indignante que en todos esos gobiernos, no haya lugar para el disenso porque el que piensa distinto a cualquiera de esos presidentes es discriminado con rótulos como "oligarca", "derecha", "fascista" o "destituyente".

Todos esos presidentes deben aprender a gobernar para TODOS y no solamente para sus simpatizantes. Es el paso que deben dar varios de los que gobiernan naciones en América Latina.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

La Presidenta va a donde no la necesitan
Joaquín Morales Solá
LA NACION

La estropeada democracia de Honduras no necesita de Cristina Kirchner. La comunidad internacional (las Naciones Unidas, la OEA y la Unión Europea, entre otros) está trabajando para encontrar una solución en la increíble Tegucigalpa. Ningún otro golpe de Estado, salvo los frecuentes en Africa, provocó semejante reacción internacional en las últimas tres décadas.

La solución no es fácil. El presidente constitucional de Honduras, Manuel Zelaya, y el ejército de su país venían compitiendo por quién violaba mejor la Constitución. El Parlamento y la Justicia zanjaron la disputa y respaldaron a los militares para que tumbaran a Zelaya.

Zelaya, un sorpresivo aliado de Hugo Chávez que había asumido prometiendo todo lo contrario, pudo haber sido destituido mediante un juicio político. La relación de fuerzas, según se sabe ahora, era muy desfavorable al presidente derrocado. Sólo faltaron en Honduras un sistema político más sofisticado y una dirigencia enterada de que vivimos en el siglo XXI. En Tegucigalpa no hubo interés por la ley ni notificación de la modernidad.

En ese contexto, la presidenta argentina voló a Washington para resguardar con su cuerpo, pareció decir, la democracia hondureña.

Los presidentes serios de América latina dejaron la administración del conflicto en manos de las instituciones internacionales. Michelle Bachelet retiró el embajador chileno en Tegucigalpa y confió en la OEA. Lula le proporcionó al inteligente y eficaz secretario general de la OEA, José Miguel Insulza, un imprescindible avión para que pudiera desplazarse entre Washington y el Caribe. El mexicano Felipe Calderón, el colombiano Alvaro Uribe y el uruguayo Tabaré Vázquez manifestaron su claro rechazo al método que se usó para deponer a Zelaya, pero confiaron en Insulza y en sus consejos, que privilegiaban la gestión diplomática ante posiciones irreconciliables.

Cristina Kirchner es quizás, entre todo ellos, la que gobierna entre mayores dificultades. Acaba de perder en su país unas elecciones cruciales que marcarán fatalmente la segunda mitad de su mandato. Ella y su esposo fueron derrotados en seis de los siete principales distritos argentinos, que congregan al 75 por ciento del electorado nacional. Según la afirmación escasamente rigurosa del nuevo ministro de Salud, Juan Manzur, la Argentina se habría convertido en el país más afectado en el mundo por la gripe A. Pero todos los países tienen casos probables que son infinitamente mayores que los casos comprobados.

Quizá Manzur haya recurrido a su arte de mago de las estadísticas que ya aplicó en Tucumán con la mortalidad infantil. Si los casos de gripe A son aquí 100.000, entonces el porcentaje de muertos argentinos es muy bajo. Tal vez. Nadie sabe nada, porque lo que ya está probado es que la Argentina carece de sistema sanitario, de estrategia y de estadísticas fiables.

Informes de economistas privados aseguran que el PBI argentino se derrumbó alrededor del 7 por ciento en los últimos cuatro trimestres y que la caída promedio de la actividad económica de 2009 sería de más del 5 por ciento. Esos pronósticos no tuvieron en cuenta las consecuencias económicas de la gripe A, que son devastadoras por sí mismas. Gobernadores y legisladores peronistas y opositores no peronistas le están pidiendo a Cristina Kirchner, desde la madrugada del lunes último, que modifique significativamente su gabinete y que cambie las políticas que impulsó hasta ahora.

Anónimo dijo...

gracias a Dios por intiresny

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