miércoles, 24 de junio de 2009

El Nerviosísimo

El próximo 28 de junio se celebrarán las elecciones nacionales en toda la República Argentina. Pero, dado el tremendo centralismo porteño, es entendible que en este país todas las miradas estén puestas en lo que pase en Buenos Aires. Principalmente el oficialismo ha puesto todas sus fichas a una eventual victoria en el principal distrito del país para enrostrar a toda la oposición un supuesto apoyo al "modelo" kirchnerista. El resto de las provincias argentinas importa poco y nada. Solo Buenos Aires importa...

Néstor Carlos Kirchner se encuentra a pocas horas de someterse a la voluntad popular de la ciudadanía bonaerense. Como todo político moderno, sus pasos quedan sujetos a lo que van dictándole los resultados de encuestas de dudosa rigurosidad científica; diariamente, se publican sondeos de opinión y, aparentemente, se habla de un virtual empate entre el Frente para la Victoria y la Unión-PRO que encabeza el empresario Francisco De Narváez. Hasta ahora, es un empate con sabor a derrota.

Kirchner apela a la violencia que lo caracteriza para intentar dividir a la sociedad entre los "buenos" y los "malos". Claro que él pretende liderar a los supuestos "buenos" hablando de estatizaciones sin importarle los costos que pagará toda la Argentina y defenestrando a "la derecha". Es indignante escuchar a Kirchner como critica el "neoliberalismo de los 90" como si él durante esos años no hubiera sido un obsecuente de Carlos Saúl Menem.

Ahora, en el enésimo intento desesperado por captar votos, el ex Presidente de la Nación ha anunciado que el Gobierno de Cristina Fernández "ayudará" a La Serenísima, empresa tradicional de nuestro país líder en productos lácteos, que se encuentra en una complicadísima situación financiera y está por ser vendida a capitales foráneos.

Lo cierto que la principal empresa láctea de la Argentina acumula un pasivo de unos U$S 230 millones por lo que Pascual Mastellone está negociando la venta de La Serenísima a Danone, un grupo francés que estaría interesado en comprarla.

En un acto (electoralista) realizado en la sede de La Serenísima ubicada en el Partido de General Rodríguez en la Provincia de Buenos Aires, Kirchner vociferó a los concurrentes "La Presidenta, enterada de que podía haber una venta de La Serenísima, me dijo que la empresa podía contar absolutamente con el apoyo del Gobierno". Es increíble como un candidato a Diputado Nacional se toma atribuciones para dar anuncios que, institucionalmente, debería precisar la Presidente de la Nación. Pero bueno, en la Argentina, todo es posible... más con los Kirchner en el poder: la institucionalidad es berreta.

Aunque, si uno saca en limpio, Kirchner no dio precisiones acerca del "apoyo" estatal para con la empresa que es propiedad del Grupo Mastellone, lo que no hace más que dejar todo un manto de dudas respecto a que si se efectivizará dicho salvataje y, de ser así, en que consistiría.

Es una realidad que, desde que el kirchnerismo llegó al poder en el año 2003 (sí, hago "ejercicio de memoria", como tanto pide últimamente, la Sra. Presidente), la realidad de la industria láctea se ha visto notablemente perjudicada por las medidas estatales que fueron mellando la rentabilidad de los tamberos e industriales.

Mientras los tamberos están recibiendo entre $ 0,60 y $ 0,70 por litro, en las góndolas de los supermercados el precio del litro de leche "La Serenísima" orilla los $ 3. La gran diferencia entre el precio al consumidor y lo que se le paga al productor es notable y su explicación habría que explicarla por el lado impositivo. En el precio del litro de leche que pagamos los consumidores, el costo de producción y comercialización prácticamente se iguala con los impuestos que Estado cobra. Si el precio del litro es $ 3, lleva incluido $ 0,52 de I.V.A. además de los Ingresos Brutos que tanto el tambero como el industrial deben pagar en las Provincias en donde trabajan. Desde el punto de vista del tambero, hay que tener también en cuenta costos como lo de la infraestructura, impuestos varios y tasas además del pago de salarios y cargas sociales para empleados, sumados a los costos de distribución. No muy difícil darse cuenta de que, como está dada esta situación, el panorama de los tamberos se torna sombrío y, así, podemos explicar porqué han cerrado decenas y decenas de tambos en todo el país. Para mañana se espera una masiva protesta de tamberos en el Mercado de Hacienda de Liniers.

Ahora bien, hay que tener en cuenta que una empresa como La Serenísima no puede ser tentadora para un inversor porque estamos en un país en donde las reglas de juego pueden cambiar abruptamente de un segundo a otro, merced a los dictados de Guillermo Moreno, Secretario de Comercio Interior y descarado manipulador de los índices macroeconómicos argentinos. Salvo que el empresario que compre esta empresa sea "amigo" de Néstor Kirchner, lo que le puede dar la certeza de que no será molestado con los caprichos del Sr. Moreno.

De llevarse a cabo el salvataje anunciado por el actual Presidente del Partido Justicialista, no sería la primera vez que La Serenísima recibe ayuda estatal. Ya durante las Presidencias de Raúl Alfonsín y Carlos Menem, el Grupo Mastellone fue socorrido con dinero del pueblo argentino. Mastellone ha hecho siempre lo que ha querido con los tamberos, debido a la gran envergadura de su empresa que le permitió muchas veces fijar precios de compra.

Como Martínez de Hoz en su momento, Kirchner toma el papel de "salvdor de la Patria" estatizando empresas vaciadas y fundidas como, por ejemplo, Aerolíneas Argentinas, SanCor, Papelera Massuh y, ahora, La Serenísima. Que los señores empresarios amigos del poder hagan sus negocios que siempre ganarán, total paga el pueblo...

No está mal rescatar una empresa para salvaguardar puestos de trabajo y, tratándose en este caso, de productores de un producto tan básico como la leche. Pero, como en todos los órdenes de la vida, debe hacerse responsablemente cuidando celosamente los recursos públicos.

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