jueves, 11 de junio de 2009

11 - Maradona

La Selección Argentina de Fútbol está transitando por un difícil momento en las Eliminatorias camino al Mundial Sudáfrica 2010 en cuanto a resultados y, sobre todo, una alarmante adolescencia de identidad que repercute en la pobreza de su nivel de juego. El principal responsable es el Director Técnico, Diego Armando Maradona.

El histórico 1-6 sufrido ante la débil selección boliviana desnudó la ineptitud de Maradona como director técnico. Preso de su propia irresponsabilidad e improvisación, el equipo nacional fue claramente vapuleado por un equipo de cuarto orden.

Para aminorar el impacto en la afición argentina, se organizó un partido contra la Selección de ¡Panamá! en la Ciudad de Santa Fe para el que Maradona convocó a jugadores que militan en equipos argentinos. Con otros nombres, la Argentina volvió a mostrar las mismas carencias y fue desbordada en varios pasajes de ese partido por un equipo que está años luz de la elite del fútbol mundial. Pero bueno, fue victoria y, operación de prensa mediante, todo el mundo festejó...

Se venía el partido de Colombia, en condición de local con la necesidad de encausar el rumbo futbolístico. La prensa adicta, en especial los del Grupo Clarín, se encargaron de arengar a la hinchada nacional para apoyar al entrenador del seleccionado mayor olvidando los magros rendimientos anteriores. Me molestó mucho ver al inicio de ese partido una enorme bandera en las plateas que estaban atrás del banco de suplentes que decía "Maradona + 11", reafirmando el incondicional y ciega adoración de un ídolo de pies de barro con la que lo ponen, una vez más como una suerte de "centro del universo"... A la luz de los hechos, para mí, la realidad de la Selección Argentina es al revés de lo que expresa ese trapo: 11 - Maradona, dado lo perjudicial que es Diegote para el equipo nacional.

En ese partido, Argentina fue superada en casi todo el partido por el equipo cafetero y se encontró con el gol producto de la suerte. Fue un injusto 1-0 a favor de los albicelestes, pero bueno, importa más sumar de a tres para llegar a la máxima cita mundial. Con la vanidad que lo caracteriza, Maradona culpó del mal rendimiento del equipo al paupérrimo estado de la cancha de River Plate; claro que la cancha estaba muy arruinada pero no solo lo estaba para los argentinos, sino también para los colombianos...

En el partido de ayer contra Ecuador, a juzgar por sus declaraciones previas, Maradona llegó a ese país pensando más en el próximo partido ante Brasil y minimizó el compromiso ante los locales. El equipo cambió el esquema de juego, ya que defendió con cuatro y atacó con dos puntas bien definidas, los cuales terminaron fundidos porque con el planteo de Maradona se vieron muchas veces obligados a picar al vacío. En el primer tiempo, la Argentina jugó un poco mejor que en partidos anteriores, hasta dispuso de un penal a favor que malogró el gran Carlos Tévez.

En el segundo tiempo, los dirigidos por Maradona decayeron en su nivel de juego y eso fue aprovechado por los ecuatorianos quienes, paulatinamente, fueron haciendo retroceder a la confundida Argentina. Los goles que definieron el partido para Ecuador llegaron casi sobre el final del partido después de algunas distracciones en la defensa argentina e hicieron estéril la resistencia del arquero Mariano Andújar.

Finalmente, fue 0-2 y cuarto puesto en la tabla general. Solo dos puntos por encima de Ecuador, que está en una posición expectante para clasificar en forma directa a Sudáfrica 2010.

Más allá de este nuevo resultado negativo, la Argentina no juega a nada. Y más me asombra después leer y escuchar a muchos periodistas deportivos más reconocidos que hablan de lo bien que jugó la Argentina reduciendo la explicación de este revés a la "mala suerte". Si el técnico fuera otro, seguramente la mayoría de la prensa estaría hoy exigiendo la renuncia inmediata del seleccionador nacional. No entiendo el pánico del periodismo a criticar a Maradona, no solo en este momento de su vida sino en todos los anteriores.

Luego de finalizado el partido, Maradona enfrentó a los reporteros sin ninguna autocrítica y entregando frases estúpidas como "Estoy a muerte con este grupo porque hizo todo lo que le pedí en la charla" o "estoy orgulloso de ser el D.T. de estos muchachos" que solo celebran los maradonianos. Fanfarrón como él solo, el técnico argentino es tal que sobre el rival de ayer solo dijo "encontraron los goles que el fútbol del regaló" (¿¿??)

Nadie habla del nulo profesionalismo de Maradona. De hecho, Diego Armando nunca se destacó por ser un deportista profesional ni por su humildad a la hora de formar parte de un grupo, sino que hizo un culto y ostentanción de la arrogancia sin entrenar ni cuidarse debidamente ya que la naturaleza lo dotó de un cuerpo a prueba de todo exceso. Increíblemente, Maradona fue Maradona, a pesar de Maradona.

Entonces, no nos debe extrañar para nada que el equipo argentino esté como esté si él no tiene ninguna preparación ni antecedentes que lo respalden para ser director técnico. De hecho, su ayudante de campo es Alejandro Mancuso, ex jugador de Vélez Sarsfield y Boca Juniors, quien no tiene ni título habilitante para ser entrenador. Mancuso fue el ideólogo del showbol, espectáculo con el que Maradona y sus amigos anduvieron lucrando por diversos puntos del mundo.

Para colmo de males, Maradona no asume su alarmante ignorancia de manejo de grupos (él no tiene autoridad moral para imponer disciplina a un plantel profesional) ni tampoco es proclive a aceptar consejos. Su soberbia es a prueba de balas.

La realidad indica que Argentina quedó cuarta en la clasificación general y que si hoy terminaran, entraría directamente a Sudáfrica 2010. Detrás de nuestro equipo, están muy cerca Ecuador, Venezuela, Uruguay y hasta Colombia. Pero lo cierto es que quedan cuatro partidos, de los cuales tres serán muy complicados: Brasil, Paraguay, Perú (ya eliminado, teóricamente el más accesible) y Uruguay.

Desde que se instauró este sistema de eliminatorias sudamericanas de todos contra todos después de Estados Unidos '94 para beneficiar siempre a Brasil y Argentina, la clasificación del equipo nacional se dio siempre por descontada. De hecho, para los mundiales de Francia '98, Corea y Japón '02 y Alemania '06, la albiceleste clasificó holgadamente. Pero ahora, la actualidad es otra y, mal que nos pese, en el banco está Maradona.

Ante la complicación de las chances de clasificar, los aduladores de Diegote apuntan sus cañones contra Lionel Messi, quien aún no ha podido plasmar con la camiseta celeste y blanca todo lo bueno que ya ha hecho con el Barcelona FC. Es abrumadora la presión que los medios ejercen sobre Messi para que sea igual a Maradona, en vez de dejar que él escriba su propia historia. Seguramente, si la Argentina no clasifica, para la prensa maradoniana la culpa será de los jugadores que se aburguesaron... pero si clasificamos, será por obra y gracia de D10S.


Yo no creo en D10S

Considero el principal problema de Diego Armando Maradona no son los desórdenes en su vida personal que todos conocemos, sino que su principal mal es creerse Dios.

Desde sus comienzos en el fútbol profesional en Argentinos Juniors, Maradona supo llamar la atención del mundo futbolero argentino a base de su calidad técnica, un físico privilegiado y un gran carisma. Desde allí en adelante, tuvo a su alrededor toda una corte de aduladores que le insistían en que ya era el mejor del mundo aún sin haber demostrado nada.

En los años que le siguieron hasta llegar a estos días, al margen de una avalancha de episodios de gloria deportiva y excesos de todo tipo, Maradona llegó a asumir plenamente el vil endiosamiento de sus admiradores, como de gran parte de la prensa argentina y de ciertos países. Así, Maradona se convirtió en una marca de fábrica en si misma que muchos explotaron hasta el hartazgo y que él supo también capitalizar.

Son muchos los que repiten que Diego Maradona es mejor futbolista de todos los tiempos, algo que no es más que un eufemismo cargado de falso nacionalismo ya que ninguno de todos esos adoradores de D10S ha visto el esplendor de otros grandes futbolistas como Puskas, Garrincha, Di Stéfano o Pelé, por mencionar algunos.

Acá en la Argentina el enceguecimiento en torno a este ex jugador llegó al punto de que ha recibido increíbles distinciones como "el mejor ¡deportista! argentino del siglo pasado". Hasta algunos lo ungieron como el máximo ídolo de la historia de Boca Juniors, cuando en realidad, todos los boquenses saben que Maradona les generó muchos más conflictos a causa de su prepotencia que glorias en títulos. Si nos ajustamos a la trayectoria en el club xeneize, se puede decir tranquilamente que jugadores como Guillermo Barros Shelotto, Juan Riquelme, Martín Palermo, Roberto Mouzo o Hugo Gatti hicieron muchísimo más por Boca que Diegote.

El fútbol es el deporte más popular de todo el mundo y, mientras pasan los años, moviliza cada vez más dinero y más poder. Y Maradona fue uno de los principales actores de ese espectáculo que anestesia multitudes, cosechó mucho fanatismo en torno a su modo de jugar y se terminó creyendo Dios. Por eso se cree con el tupé de hablar de quien le plazca como se le dé la gana, se cree más allá del bien y del mal y con total impunidad. Se codea gustoso con poderosos de todo el mundo que le pasan dinero para tener una foto con este ídolo del fútbol.

Si bien lo admiré cuando en el verde césped desplegaba todo su arte y su corazón, el circo maradoniano me resulta insoportable. Son muchos los chupasangres que se cuelgan (y se colgaron) de la fama Maradona para quedarse con alguna tajada.

Por eso es que creo que lo más perverso de este ídolo es su ego desmesurado. Eso le es mucho más dañino que cualquier exceso que pueda cometer en su vida privada... pero bueno, mucho tienen la culpa toda la horda de alcahuetes que lo siguen a sol y sombra. Así, los fanáticos que nada le cuestionan en materia futbolística lo están matando lentamente... pero a Diego Armando siempre le divirtió que así sea.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Opinión

En la era Diego, se habla muy poco de fútbol

Por Claudio Cerviño

De la Redacción de LA NACION


Viene siendo una triste tendencia. En los últimos meses, el ítem fútbol queda algo relegado al referirse al seleccionado. Los conflictos por asistentes que no llegaron (Ruggeri), por falta de diálogo del DT con las bases (Batista) y altas esferas (Bilardo), por disconformidad con la cancha donde se juegan las eliminatorias (River), por mensajes a través de la prensa entre Grondona y Maradona, desnaturalizan la búsqueda de un equipo que robustezca su identidad e invite a soñar en el Mundial de Sudáfrica. Entendiendo que se logrará la clasificación, algo que hoy no está garantido.

La selección aparece en escena, juegue o no. Y cuando no es Maradona el disparador de las rispideces, a través de su deseo de transmitirlas o en respuestas simplificadas por centros mediáticos lanzados con la precisión milimétrica del botín derecho de Barros Schelotto, surgen terceros que causan marejada.

Reaccionó River, tomándose su tiempo, ante lo que consideró una afrenta de parte del DT del seleccionado. El piso del Monumental lució bastante imperfecto en ocasión del partido con Colombia, al que no lo afectó demasiado, teniendo los mismos problemas que la Argentina en cuanto a la disponibilidad de jugadores y tiempo de trabajo. Los términos despectivos de Maradona, sumado a su afán explícito en varias ocasiones de llevar la selección a otros escenarios, colmaron la paciencia de una cúpula dirigencial que estaba llamada a silencio hace rato, hastiada acaso de sus propios desatinos y protagonista de la peor gestión en la historia del club.

Tiene derecho River de quejarse, como lo hizo. Lo que sonó provocativo fue el pedido de explicaciones más específicas, relacionadas con el estado "psicofísico" del cuerpo técnico. No parece de buen gusto, aunque hay que admitir que si algo le faltó a Aguilar y cía. en este tiempo ha sido tacto. Todo, sazonado con la peculiar lectura posterior de Don Julio: "Se trata de un tema de Boca y River, donde la gente de River se queja de unos comentarios de un partidario ferviente de Boca" . A no ser que la historia encierre una trama mucho más macabra y calculada, buscando reacciones intempestivas.

Sea lo que fuere, el hincha común espera respuestas que van más allá del estado del césped: las provenientes de la táctica, el funcionamiento y la puesta en escena de la mejor versión. Hoy quedan pocas excusas: ya no hay factores irritantes en el vestuario (Román), hay un súper motivador que les hace temblar las piernas a sus dirigidos, aunque quizás equivoque las estrategias por inexperiencia conductiva; se cuenta con uno de los mejores jugadores del mundo y con el vicepresidente de la FIFA. Falta descubrir por qué no se juega bien, apuntarle a eso y desdeñar todo el chiquitaje satélite que ya exaspera por su naturaleza inconducente.

ccervino@lanacion.com.ar
(http://www.lanacion.com.ar/nota.asp?nota_id=1140468)

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