viernes, 29 de mayo de 2009

El país de los simios

Si algo faltaría a la decadente escena política argentina, sería el lanzamiento de la ¡¡candidatura presidencial!! de Hugo Antonio Moyano, Secretario General de la Confederación General del Trabajo de la República Argentina, para el 2011 .

En algún momento dijo que le gustaría imitar a Luiz Inacio Lula Da Silva, actual Presidente del Brasil, quien llegó a ese cargo procedente del movimiento obrero de su país. Ahora el bueno de Moyano quiere llegar a ser Presidente por un camino que, desde que participa en el sindicalismo, nunca transitó: la democracia.

El pasado 30 de abril, con sus acólitos, organizó una gran manifestación de apoyo a la Presidente Fernández en las calles de la Ciudad de Buenos Aires. Desde todos los puntos del país, miles de personas llegaron en colectivos privados para darse cita en la convocatoria realizada por el mandamás de la central obrera. Sin haber publicado los costos de su movilización ni muchos menos informar de donde se solventan todos estos movimientos, Hugo Moyano hizo una demostración de fuerza al Matrimonio Kirchner que le valió que algunos de sus hombres de más estrecha confianza pueda integrar listas de candidatos oficialistas a diputados por la Provincia de Buenos Aires.

A principios de este año, los jerarcas principales de la C.G.T. empezaron a barajar la posibilidad de fundar un "Partido de los Trabajadores" (¿los gordos de la CGT trabajan?) hartos de los ninguneos de parte de Cristina Fernández y Néstor Kirchner. Así fue que logró poner a en un privilegiado quinto lugar en la lista de candidatos; sobre la elección de sus candidatos, el camionero dijo tajante que los habían "elegido por dedocracia".

Nacido en el año 1944 y sindicalista desde los 18 años de edad, tan fácil (y tan mediocre) debe ver la política argentina que el hoy defensor del kirchnerismo está dando pistas de su deseo de llegar a ser el próximo Jefe de Estado. Durante una charla organizada por la Fundación Konrad Adenauer, el Vicepresidente del Concejo Nacional del Partido Justicialista se animó a decir: "Espero que mi generación vea que alguien del movimiento obrero conduzca los destinos del país; cualquiera puede ser presidente (...), hay millones de sucesores, los peronistas somos tantos que podemos suceder a cualquiera".

Moyano habla de la lucha de los trabajadores vestido con ropa de primera marca, se queja ahora del desempleo en el país pero a fines del año pasado se cansó de repetir que la Argentina no sufriría ninguna consecuencia de la crisis financiera internacional, se queja de que la inflación se siente en las góndolas de los supermercados pero él la pasa mucho mejor que sus "representados" en sus campos en las provincias de Buenos Aires y Entre Ríos. Según informó el Diario Crítica, el imperio de Hugo Moyano obtuvo un nuevo negociado a partir del 01 de abril: sin licitación y mediante una empresa afín, la facultad de cobrar un peaje de 14 dólares más IVA por cada contenedor ingresado en camión a las terminales portuarias. Se trata de un negocio que, en los cálculos más conservadores, representa casi 7 millones de dólares al año, aunque en el sector creen que en realidad implica 13.260.000 dólares, es decir, casi el doble. La empresa en cuestión se llama IVETRA (Instituto Verificador de Transporte Sociedad Anónima) es una compañía dirigida por el ex juez del caso de la mozzarella podrida y actual abogado penalista de la Federación de Camioneros, Daniel Llermanos.

Sin ninguna preparación intelectual ni formación adecuada, Hugo Moyano quiere llegar a ser Presidente de la Nación. Es un hombre que se maneja con la prepotencia de sus patotas afines, las cuales están lideradas por su hijo Facundo, protagonista de varios aprietes y golpizas contra todo aquel que se oponga a sus intereses sectarios.

Para llegar a ser titular de un gremio cualquiera en la Argentina, cualquiera sea su envergadura, no existe elección democrática sino negociados entre delegados, muchas veces a espaldas de sus afiliados. Y para elegir al titular de la C.G.T. pasa algo similar. Así es que los jerarcas sindicalistas logran perpetuarse en el poder manejándose hábilmente entre matones e intercambios de influencias.

Pasan gobiernos de distinto signo político, hay empresas que crecen y otras que caen... pero los "secretarios generales" se terminan apropiando de sus respectivos gremios permaneciendo atornillados impúnemente en sus cargos durante muchos años. Y sí, tremenda apetencia de poder y avaricia tiene explicación: el manejo de las obras sociales son el preciado botín que nace que ningún titular de un gremio, por más pequeño que sea, sea alguien que no sea de clase media ni baja. A los muchachos secretarios generales les place la "buena vida", de la que hacen una perversa ostentación. El sindicalismo es la lacra de la política argentina... y el mayor exponente de ese sector quiere regir los destinos de este país.

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