domingo, 5 de abril de 2009

Demos Kratos

Más allá de las cuestiones referidas a la fe, Jesús fue un hombre extraordinario que habitó en la Región de Judá hacen casi dos mil años y se caracterizó por iniciar toda una revolución social y religiosa en su época, la cual se extendió hasta estos tiempos. Su prédica sobre Dios y la fraternidad entre los seres humanos cambió para siempre a la humanidad. Innumerables libros y obras de arte se basan en su historia de vida. Jesús rescató del ostracismo a quienes vivían oprimidos espiritualmente. Como todos sabemos, a instancias de los jerarcas judíos, fue arrestado y luego salvajemente torturado y asesinado.

Es llamativo como fue el juicio que llevó a Jesús a la condena de muerte. Poncio Pilato, autoridad del Imperio Romana en aquella región, insistía en liberarlo porque no veía en él delito alguno... pero las autoridades judías se encargaron de agitar y movilizar a su pueblo para que Jesús fuera asesinado. Es sorprendente como la injusta muerte de aquel santo hombre terminó siendo resultado de un "proceso democrático": fue la voluntad popular la que exigió a Pilatos la inmediata condena de Jesús. En ese caso, como en otros tantos, matar a un inocente fue algo democrático.

Este relato bíblico que traigo a colación es para reflexionar acerca de la democracia como sistema de gobierno y como, en base a ella, se rige nuestra sociedad. La democracia tiene numerosas imperfecciones: como sucedió en el juicio a Jesús, las masas populares pueden ser manipulables ya sea por un hábil líder o bien punteros políticos. Esa manipulación se facilita notablemente cuando las masas no están conformada con gente con un nivel socioeconómico digno y, más aún, cuando la educación no es buena.

La autoridad del pueblo argentino

Es notable el creciente descreimiento en la clase política de este país. Basta recordar los multitudinarios actos durante la campaña electoral de 1983 y comparar con las magras convocatorias que tienen los actuales actos políticos que devino en una serie crisis en todos los partidos políticos políticos tradicionales, en especial a partir de la caída del Gobierno de De La Rúa a fines del año 2001. De ahí en mas, aparecieron agrupaciones centradas en el despotismo de personajes en vez de centrarse en el servicio a la comunidad expresada en una plataforma ideológica. Actualmente, se cuentan unos 700 "partidos políticos" en todo el país.

En el día de hoy, leí en el Diario Crítica en su edición digital de hoy, una nota firmada por Jorge Lanata acerca de cuanto ha perdido la República Argentina en estos más de 25 años de democracia. A mi modesto entender, esta nota aporta datos estadísticos interesantes aunque no profundiza en el análisis de la realidad.

Es llamativo también la caída de la participación popular a la hora de votar para elegir los representantes en el Gobierno, sea nacional, provincial o municipal. Es una paradoja que los argentinos cada vez nos quejamos más de los políticos pero cada vez le huimos más a la responsabilidad cívica de expresar la voluntad a través del sufragio. En el primer año votó el 85,61% del padrón, y en 2007 lo hizo el 71,8%, el nivel más bajo de concurrencia a las urnas.

En base a su investigación, Lanata muestra que la deuda pública argentina en 1983, cuando Alfonsín llegó al poder, era de 45 mil millones de dólares. Hoy es de 145.975 millones. Entre 1976 y 1981, al finalizar la gestión de José Alfredo Martínez de Hoz en el Ministerio de Economía, la deuda se elevó de 7.000 millones a 17.000, en parte por la estatización de la deuda externa privada, autorizada por el entonces presidente del Banco Central Domingo Felipe Cavallo.

Sobre la pobreza, los datos tampoco son muy alentadores que digamos: en 1983 había 19,1% de personas por debajo de la línea de pobreza y, según datos del INDEC, hoy hay un 17%. Los subpobres (indigentes) constituían el 5,4% en el comienzo de la democracia y hoy son el 4,8%. Hubo, claro, momentos mucho peores: durante la hiperinflación de finales de los 80 el 42% de la población entró en la pobreza, y en 2002 más de la mitad de la población estaba en ese rango. En 1974 la pobreza era del 10%...

Sobre el mercado laboral, en dicha investigación se afirma que en 1983 el desempleo era del 5,5%; en el último cuatrimestre del 2008, según el Instituto Nacional de Estadísticas y Censos, es de 7,3%. Claro que para poder analizar debidamente la situación del mercado del trabajo, limitarse al índice de empleo es insuficiente. Habida cuenta de las escandalosas irregularidades actuales del I.N.D.E.C., no se dan precisiones sobre el trabajo en negro: no se cuentan los beneficiaros de denigrantes Planes Jefas y Jefes de Hogar, Familia, Empleo Comunitario, por citar algunos.

Como positivo se resalta la situación de la educación y de la mortalidad infantil: la tasa de escolarización en el nivel medio aumentó de 59,3% en 1991 a 69,17 en 2001, y la tasa de analfabetismo, en el mismo período, se redujo del 6,1 al 2,8%; también se redujo notablemente la mortalidad infantil: era del 29,7‰ en 1983 y fue del 12,9‰ en 2006. Claro que para hablar de educación, estos índices no bastan: es cierto más chicos concurren a la escuela, pero la calidad educativa ha decrecido sensiblemente.

Lo que omite este informe periodístico firmado por Jorge Lanata, Luciana Geuna y Jesica Bossi no explican como el irresponsable periodismo nacional ha perdido credibilidad entre los argentinos. Sin ir más lejos, Jorge Lanata ha renunciado a la dirección del Diario Crítica y empezará a trabajar en el Canal 26, señal televisiva que es propiedad del Alberto Pierri, acérrimo menemista, ex Presidente de la Cámara de Diputados de la Nación. Desde la privatización de canales de televisión y emisoras de radiodifusión, empresarios han incursionado en los medios masivos de comunicación contaminando la información de la realidad. De pronto, muchos periodistas autoproclamados como independientes y comprometidos se limitan a responder a una linea editorial dictada por sus patrones. El periodismo argentino es el único sector de la sociedad que permanece impune ante sus pecados.

Concluyendo

Con todo lo que podamos criticar a la democracia como sistema de gobierno, considero que es el mejor sistema que actualmente existe. Los seres humanos hemos sido creados para vivir en comunidad y es por ello que la democracia es una saludable forma de hacer que sea el mismo pueblo quien, a través de sus representantes, pueda determinar su destino.

Para que el pueblo elija bien, se hace preciso que la nación sea participativa y comprometida con el destino de su Patria. Para que elija bien, el pueblo debe gozar de un buen nivel educativo para que la igualdad sea constructiva.

De esta manera, se procura que las leyes que rigen la vida en sociedad pueden ser consensuadas popularmente.

Como en el año 1983, la democracia argentina sigue estando frágil, lejos de consolidarse. Cuando eran los tiempos de la Presidencia de Raúl Alfonsín, la democracia flaqueaba por las amenazas de ciertos sectores de las Fuerzas Armadas y por la oposición salvaje del Partido Justicialista (¿¿cuando el Partido Justicialista hizo una oposición constructiva??... nada más desestabilizador que tener a un peronista en la oposición).

En estos tiempos la democracia es frágil por la adolescencia de ideales y principios éticos, como así también el compromiso con la vida política de nuestro país.

La Argentina tiene mucho por madurar cívicamente, tanto su pueblo como sus autoridades. Nos hace falta pensar más en grande, planificando y buscando políticas de largo plazo, y no tanto medidas electoralistas.

1 comentario:

Horacio Aldo Cingolani dijo...

Amigos:
por ser un partidario y trabajador por la democracia verdadera me animo a felicitarlos por su blog. Yo también lucho por la verdadera democracia.
Saben que me dedico a fomentar la verdadera democracia, y por esa tarea desinteresada pido disculpas por el chivo. Simple: les pido que vean:
http://argentidea.blogspot.com/
http://argentinosindependientes.blogspot.com/
http://horacioproyectos.blogspot.com/
Gracias, Argentideas.

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