jueves, 12 de marzo de 2009

Hoguera de vanidades

Desde que Diego Armando Maradona asumió como Director Técnico de la Selección Argentina de Fútbol, hace menos de medio año, se van sumando los conflictos en el equipo nacional a causa de su despotismo y patológico egocentrismo siempre avalado obsecuentemente por gran parte del periodismo: ya tuvo enfrentamientos con Julio Humberto Grondona, el mafioso Presidente de la Asociación del Fútbol Argentino, con Carlos Salvador Bilardo, el "manager" (¿?) y, ahora, con Juan Román Riquelme.

El nuevo episodio se dio cuando en una de sus tantas visitas a un programa televisivo de sus "amigo$" de Torneos y Competencias, Maradona declaró que "Riquelme tiene que marcarse en la frente que puede ser su gran revancha. Tiene calidad, tiene talento, tiene partidos jugados. Me sirve si está bien físicamente. Quiero que sea desequilibrante en los últimos 20 metros y que se comunique con Messi, Agüero y Tevez. No me sirve que se atrase y le saque la pelota de los pies a Demichelis, o que gire alrededor de Mascherano y Gago. Lo necesito sacando hombres de encima".

Esa observación menor hecha por Maradona ante las cámaras de televisión y no en la intimidad de un vestuario enardeció al 10 de Boca Juniors. Al otro día, como es su costumbre para comunicar sus noticias relevantes, Juan Riquelme buscó a Sergio Gendler, su periodista preferido de la señal Todo Noticias para declarar "en exclu$iva" su renuncia a la Selección Nacional por "Con el técnico de la selección argentina no coincidimos mucho. No tenemos los mismos códigos. No podemos trabajar juntos".

Tanto en radio, televisión e internet, hay tantísimos programas relacionados al deporte, más específicamente al fútbol, que cada día hay que "inventar" alguna historia para atrapar a la audiencia como sea. Y este desencuentro entre estos dos "pesos pesados" del deporte más popular de la Argentina es la "nueva comidilla" de la prensa.

No es el primer problema que ocasiona Riquelme en un plantel del que forma parte: en Boca Juniors, en plena época de gloria con Carlos Bianchi como técnico, fueron constantes sus peleas con Martín Palermo y Guillermo Barros Schelotto. Luego, cuando militaba en el poderoso Barcelona, fue excluido del plantel profesional por su escasa predisposición a las exigencias del entonces director técnico Luis Van Gaal. El último paso de Juan Román en Europa fue en el modesto Villarreal, equipo en el que tuvo algunas buenas actuaciones hasta que chocó con el chileno Manuel Pellegrini, entrenador de aquel equipo. Vuelto a Boca, luego de arduas negociaciones, los problemas en torno a su figura y su egocentrismos volvieron a aparecer.

Como sucede en toda polémica, salieron voces a favor de uno y en contra del otro, todos opinando como si se tratara de todo un drama nacional que Juan Riquelme volvió a renunciar a la Selección Nacional.

Es un secreto a voces que el actual capitán de Boca Juniors tiene una mala relación con el resto de sus compañeros de la Selección. Todo quedó en evidencia cuando, tras vencer en condición de visitante ante su similar de Francia el mes pasado, el plantel nacional festejó ruidosamente en el vestuario cantando "hay que alentar, hay que alentar, ya vino Messi, no llamen más" en clara alusión a la ausencia circunstancial del enganche boquense.

Como es sabido por todos, Juan Román Riquelme es amo y señor en Boca Juniors. Más allá de que en ese club es causante de discordias en su plantel, su liderazgo en las canchas ha servido para que Boca obtenga varios títulos nacionales e internacionales, superando largamente a lo que hizo Diego Maradona cuando vistió la camiseta auriazul.

Ahora bien, hasta el día de hoy, Riquelme nunca pudo plasmar en la Selección Argentina todo lo bueno que realizó en Boca. En cada gestión al frente del equipo nacional, fueron Daniel Passarella y luego Marcelo Bielsa quienes prescindieron de él por considerarlo incompatible con los estilos de juego que le quisieron imprimir a sus equipos. Cuando asumió José Néstor Pekerman, el panorama cambió radicalmente para Juan Román: como sucedía en Boca, Argentina pasó a jugar alrededor de Riquelme. Más allá de haber mostrado algunos destellos, nunca terminó de confirmar todo lo bueno de lo que es capaz como jugador, sumado a constantes roces con los jugadores argentinos que juegan en Europa, especialmente el gran Lionel Messi.

Según varias fuentes periodísticas, Grondona le habría dicho a Messi delante de todo el equipo nacional "vos sos el dueño del equipo". Poco tiempo después, Maradona declaró públicamente que el único imprescindible en su equipo es Javier Mascherano, el aguerrido mediocampista que actualmente se desempeña en el Liverpool; el elogio del D.T. fue "mi equipo es Mascherano más 10". Según parece, Riquelme ha pretendido ser "centro del universo" también en la Selección Nacional y, como no lo ha logrado, generó tensiones en el seno del equipo hasta volver a autoexcluirse.

Ahora bien, como todos sabemos y todos callan, Maradona es el menos indicado para hablar de "códigos" en el fútbol. Es el menos indicado para hablar.

Repasando su carrera como futbolista profesional, sobran los episodios controversiales que lo tuvieron a él como protagonista en todos los planteles en que jugó. Tanto en Argentinos Juniors como en su primera etapa en Boca Juniors, los desplantes del "10" fueron constantes; luego en Barcelona, tuvo fuertes altercados con técnicos y el presidente de esa entidad, en esa época, Diego confesó haber empezado su calvario personal con las drogas; en el Nápoli, pese a los logros deportivos, protagonizó peleas contra técnicos y dirigentes, además de sus oscuros vínculos con la camorra napolitana vinculada al juego, la prostitución y las drogas. Jugó en el Sevilla en donde se peleó con Bilardo, que era su técnico y abandonó el club; recaló efímeramente en Newell's Old Boys porque huyó repentinamente de ese club peleándose con "medio mundo". Volvió a su amado Boca y no paró de ocasionar problemas en el club que dice "amar" perjudicándolo y arruinando su lucha por salir campeón. En la Selección Nacional dirigida por Bilardo, era evidente que había que ser "amigo" de Maradona para jugar en el primer equipo, caso contrario, se quedaba marginado (claros ejemplos: Daniel Alberto Passarella, Ubaldo Matildo Fillol y Ramón Ángel Díaz) . Ni hablar de sus constantes escapadas de concentraciones y entrenamientos para irse de juerga con su inefable amigo y compañero de aventuras Guillermo Cóppola.

Considero que todos estos inconvenientes son propios de la personalidad de Diego Maradona, quien muchas veces ha renegado su excesiva exposición mediática pero, a la vez, la necesita tanto o más que a las drogas. En el medio, hay un periodismo irresponsable que solo quiere lucrar ensalzando al ex capitán de la Selección Nacional hasta el punto de convertirlo en un mito viviente.

Soy un aficionado al fútbol, me parece un juego hermoso. Pero estos episodios hacen que cada vez me dé más asco la tremenda mercantilización de este deporte, al punto que jugadores, entrenadores, dirigentes, periodistas y hasta hinchadas se han convertido en mercenarios.

La pelota se ha manchado. Y desde hace rato.

1 comentario:

CONTRAKRA dijo...

Hola, les informo que el espacio de HERNÁN HAINES distinguió a Contra KRA con el premio: DIFUSORES DE VERDADES.

¡¡El Premio es de Todos!!

Un Abrazo,

Analía

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