domingo, 22 de febrero de 2009

No más bolsas de plástico

Desde hacen unos veinte años a esta parte, en nuestro país nos hemos acostumbrado a usar y, sobre todo, desechar una infinita cantidad de bolsas de polietileno. Los diseños son de los más variados y atraen al consumidor por la comodidad de no tener que llevar una bolsa desde casa para hacer las compras.

En los hipermercados, los supermercados, almacenes de barrio, verdulerías, farmacias y cualquier otro tipo de casa de comercio, se reparten bolsas por doquier, irresponsablemente. Los consumidores muchas veces aceptamos las bolsas sin chistar para llevarnos la mercadería a casa sin preocuparnos después por el destino final que tendrá ese "envase plástico".

Por otro lado, ha avanzado notablemente la industria del packaging en base al plástico. Son muchas las empresas que optan por envolver sus productos en paquetes asegurados con films de polietileno; el ejemplo más visible lo encontramos en los distribuidores de bebidas que dejan los envases en los comercios minoristas envueltos en plástico, prescindiendo de los clásicos cajones.

Las bolsas de plástico pueden estar hechas de polietileno de baja densidad, polietileno lineal, polietileno de alta densidad o de polipropileno, polímeros de plástico no biodegradable, con espesor variable entre 18 y 30 micrómetros. Anualmente, circulan en todo el mundo entre 500 mil millones y 1 billón de estos objetos.

Lo lamentable es que esas bolsas después de ser usadas suelen terminar en los campos, en los cauces de los ríos y hasta en el fondo del mar. Por ejemplo, al pasear por el "circuito chico" de San Carlos Bariloche entre los paisajes imponentes se pueden observar decenas de bolsas y botellas descartables envenenando la naturaleza; entre las olas que llegan hasta las playas de la Ciudad de Mar del plata, se ven bolsas de las más variadas flotando en las aguas. En realidad, es una escena similar en las afueras de cualquier ciudad de nuestro país: ver esas bolsitas enmarañadas entre los árboles y arbustos hasta quien sabe cuando.

El impacto medioambiental de las bolsas de plástico es enorme. Además de las grandes cantidades de energía que se precisan para su fabricación, están compuestas de sustancias derivadas del petróleo, que pueden tardar en degradarse más de medio siglo. La gran mayoría acaba siendo desechada sin control, contaminando tanto las ciudades como los ecosistemas naturales. En el mar su impacto puede ser letal para animales como tortugas, ballenas o delfines, que mueren tras ingerirlas. Asimismo, las bolsas serigrafiadas pueden contener residuos metálicos tóxicos.

Una solución a este problema de los residuos plásticos podría llegar con la utilización de los denominados plásticos biodegradables. La ISO (International Standard Organization) los define como aquellos plásticos que se degradan por la acción de microorganismos (bacterias, hongos y algas). Sus orígenes se remontan a 1926, cuando científicos del Instituto Pasteur de Francia lograron producir poliéster a partir de la bacteria Bacillus megaterium. Sin embargo, el auge de la producción de productos derivados del petróleo relegó al olvido a estos materiales, y no fue hasta 1973, en plena crisis petrolera, cuando se volvió a recuperar la idea de sustitutos plásticos que no dependieran del "oro negro" y que fueran más ecológicos.

En octubre del año pasado, el Senado de la Provincia de Buenos Aires aprobó una Ley que obliga a los comercios a cambiar las bolsas de polietileno, que hoy son entregadas para el transporte de mercaderías, por contenedores de material degradable o biodegradable que reduzcan el impacto en el ambiente. El plazo otorgado va desde los 12 hasta los 24 meses.

Según el sitio Ecoportal, Irlanda es un caso paradigmático: desde el año 2000, en que se comenzaron a tomar medidas drásticas al respecto, se ha reducido el consumo de esas bolsas en casi un 95 por ciento. Bolsas de papel, de tela y otros adminículos como nuestra "chismosa", son parte de la vida cotidiana en Dublín y otras ciudades y pueblos. En Holanda, en cualquier supermercado, las bolsas de plástico deben comprarse aparte, y no son baratas. China acaba de prohibir la entrega gratuita de bolsas plásticas ultrafinas. Italia, Suecia, Dinamarca, Alemania, Islandia, también han optado por la "tasa ecológica" que grava el uso de esas bolsas. En la ciudad de San Francisco, en Estados Unidos, se ha llevado adelante una importante campaña en la misma dirección.

Más que nada, es una cuestión de concientización y de responsabilidad. Está en uno llevar una bolsa desde casa a la hora de hacer las compras diarias; aunque esta práctica nos es viable en los hipermercados y supermercados porque sus respectivos agentes de seguridad obligan a dejarla antes de traspasar la línea de las cajas registradoras.

Ojalá en Congreso Nacional se haga eco de esta necesidad y legisle para defender nuestro medio ambiente.


2 comentarios:

Pequeños Soles de Noe dijo...

Mario gracias por pasar por el blog.
Está muy interesante tu rincón!
Un saludo
Noe

LILIA_HERNÁNDEZ dijo...

Muy interesante la información,
para despertar conciencias,

gracias por pasar por mi blog,
saludos,

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