
Hoy se cumplen 30 años de la obtención del primer campeonato mundial de fútbol que obtuvo la selección argentina que dirigía por entonces César Luis
Menotti.
Después de haber sido los "eternos campeones morales", de habernos creído los mejores del mundo" antes de jugar los partidos,
fue la primera vez que la selección argentina se preparó con seriedad para afrontar semejante compromiso. Durante la gestión de
Menotti, fue la primera vez que la Selección Nacional fue la prioridad Nº 1. Recién ahí después de haber sido campeón mundial en 1978 que nuestra Selección pasó a ser considerada como una potencia.
A pesar de sus limitaciones técnicas, el plantel argentino estuvo mentalizado para lograr el título que se nos escapó en 1930, cuando el combinado argentino fue derrotado 2-4 contra su similar uruguayo. En la previa del Mundial, solo sobresalía el
goleador Mario
Alberto Kempes, quien a fuerza de goles venía destacándose en el Valencia de España. Durante el campeonato, solo el arquero
Ubaldo Matildo Fillol y el zaguero
Daniel Alberto Passarella lograron destacar como figuras; el aporte de Kempes fue fundamental en la segunda fase y en la misma final. Antes de empezar su participación en el certamen, Diego Armando
Maradona, entonces juvenil promesa de Argentinos
Juniors, fue
desafectado del plantel generando una polémica que se agigantó con el paso del tiempo debido a la gran trayectoria que tuvo posteriormente el "10".

Sin lograr nunca un juego vistoso, Argentina fue ganando confianza con el transcurrir de los partidos. Clasificó a la segunda fase sin mayores problemas, en donde disputó el pase a la final con los seleccionados de Brasil, Polonia y Perú. Precisamente el partido contra los incaicos estuvo sospechado por lo abultado del resultado, ya que ese lapidario 6-0 lo depositó en la ansiada final contra Holanda relegando al seleccionado brasileño por diferencia de gol.
El seleccionado holandés vino a la Argentina sin su principal figura y líder,
Johan Cruyff, quien en su momento dijo que no estaba dispuesto a participar en un campeonato mundial que estuviere organizado por una dictadura militar. En el año 2008, en declaraciones a Radio
Catalunya,
Cruyff dijo que en realidad eran problemas familiares los que le impidieron estar concentrado para prepararse para jugar en el Mundial Argentina '78.
Tras tener momentos de dudas al comienzo y al final del partido, Argentina pudo imponerse 3-1 a Holanda en tiempo suplementario desatando la euforia en todo el pueblo argentino.
El opio de los pueblos
Con el tiempo, luego del regreso de la democracia a la República Argentina, surgieron
cuestionamientos de índole político a los méritos que tuvo aquel plantel que se coronó campeón del mundo.
Muchos se empeñan en ensuciar aquella epopeya hablando de los excesos cometidos por el Gobierno que lideró Jorge Rafael Videla. Hasta se llegó a decir que
Videla "visitó" al equipo peruano en el entretiempo de aquel partido clave en que la Argentina logró el pasaporte a la final.
Es indudable y lamentable que la política se inmiscuye en el deporte por el gran efecto que éste tiene en las masas populares. Es un fenómeno que sucede en muchos países, en especial en los que no están desarrollados en materia
socioeconómica.
El fútbol es indudablemente el deporte más popular de todo el mundo, lo cual es hábilmente capitalizado por la Federación Internacional de Asociaciones de Fútbol (F.I.F.A.). para que sus máximos dirigentes hagan oscuros negocios a expensas de la pasión popular.
Parafraseando a Karl Marx quien decía que "la religión es el opio de los pueblos", desde la segunda mitad del Siglo XX hasta estos días, "el fútbol es el nuevo opio de los pueblos". Eso queda claramente constatado especialmente cuando, cada cuatro años, se disputa la Copa del Mundo que organiza la F.I.F.A. multitudes quedan paralizadas atrás de sus equipos nacionales y se exacerban nacionalismos.
La Argentina no es la excepción. El fútbol ha sido usado en muchas oportunidades por los poderes de turno para tapar la realidad. Sucedió con el Mundial del 78, como también con el del '82 disputado en España con la Guerra de
Malvinas en el medio, el que ganamos en
México '86 cuando sufríamos la inestabilidad de la democracia incipiente y en el épico Italia '90 cuando la economía impuesta por Carlos
Menem estaba dejando mucho desempleo y recesión. En Estados Unidos '94, la recuperación de Diego
Maradona fue una "cuestión de Estado" que involucró hasta al mismo Presidente de la Nación, como así también su posterior suspensión por doping positivo. Más acá en el tiempo, recuerdo la previa a Corea - Japón 2002, cuando la Selección que dirigía Marcelo Bielsa llegaba como gran favorita y con una enorme presión de tener que "dar una alegría a la gente" que padeció los tristes sucesos que terminaron con el (des)Gobierno de De La Rúa, que estaban aún muy frescos.

Creo que no hay que menospreciar el logro de los dirigidos por
Menotti, sentó un gran precedente en la historia del deporte argentino ganando merecidamente la Copa del Mundo.
Creo que es justo homenajear a nuestros deportistas que protagonizaron aquella hazaña y no tratarlos de cómplices de un régimen.Insisto en lo que dije en otro post en donde hablé de las Juntas Militares que gobernaron la Argentina entre 1976 y 1983: no hay que culpar exclusivamente a esos militares que ejercieron "terrorismo de Estado". Hay que recalcar que hubo toda una sociedad que apoyó la toma del poder por parte de quienes integraban las Fuerzas Armadas, ya que la Argentina estaba sumida en todo un caos social fruto del desastroso gobierno de María Estela Martínez y el accionar de grupos guerrilleros que aterrorizaban a nuestra sociedad de entonces y que hoy son tratados como héroes nacionales.Hoy se cumplen 30 años de una hazaña del deporte argentino. Es bueno celebrarlo.