martes, 2 de diciembre de 2008

Es la hora del perdón y no de la venganza

Hacen unos años, leí el libro "El Capital" de Karl Marx en donde tomé contacto sobre la parte filosófica del comunismo. Confieso que comparto alguno de sus postulados básicos.

Ahora bien, de acuerdo a lo que he leído, los principales líderes comunistas que tuvo el mundo no me merecen respeto alguno porque fueron personas que impusieron su pensamiento prepotentemente. Nunca les importó censurar, secuestrar, torturar y asesinar a quien no compartiera su pensamiento: están muy lejos de lo que conocemos como democracia. He debatido varias veces con fervorosos comunistas y, cuando dejan de tener argumentos y no quieren admitir las falencias del sistema, me decepcionan cuando apelan a la agresión personal: "sos facho", "sos milico", "sos conservador", "sos pro-yanqui", "sos oligarca", "sos de derecha", "sos católico", "sos intolerante" y otros adjetivos que no recuerdo de los que tampoco me hago cargo.

La década del 70 se caracterizó por el florecimiento de los movimientos guerrilleros en Latinoamérica que querían instaurar un bloque de países comunistas en esta región al costo que sea. El odio y la intolerancia eran los que los impulsaba a atentar contra los gobiernos de distintos países, como así también a su pueblo. Uno de sus máximos referentes fue el Che Guevara, quien adhirió a la Revolución liderada por los Hermanos Castro en Cuba; Guevara asesinó a centenares de campesinos y militares tanto en Cuba como Bolivia que no compartían su ¿ideología?.

Argentina no estaba ajena a escalada de violencia marxista. Varios de ellos se sumaron a las filas de los Montoneros quienes, en principio, fueron bendecidos por Juan Domingo Perón. Esa gente vio en la carismática figura de este líder de la política argentina la oportunidad de llegar a las masas y así imponer su ideología.

Cuando Perón regresó a la Argentina luego de su exilio en España, los guerrilleros notan que van perdiendo espacio de poder en las cercanías del ex Presidente de la Nación. Los peronistas dan por descontada su llegada al poder y es ahí cuando se desata una feroz interna por estar cerca de Perón y, desde allí, tomar una porción de poder. Cuando los Montoneros se ven relegados, deciden asesinar a José Ignacio Rucci, encumbrado gremialista y muy próximo al líder del Partido Justicialista. Muy dolido por la pérdida de su acólito, en un acto en la emblemática Plaza de Mayo, Perón expulsa a los Montoneros quienes pasaron a la clandestinidad luego de haber tenido distintos cargos públicos.

Después de la muerte de Perón, los guerrilleros son perseguidos por el gobierno justicialista de María Estela Martínez a través de su tristemente célebre Triple A ("Asociación Anticomunista Argentina"). La inoperancia política de la Viuda de Perón hizo que la situación se les fuera de las manos con la consecuente pérdida de la paz social de nuestro país, la cual había sido puesta en jaque por la intolerancia y prepotencia de los guerrilleros.

Toda situación caótica fue lo que favoreció el advenimiento de un nuevo Gobierno de Facto. Con gran apoyo popular (muchos niegan ésto o se hacen los distraídos), el Gral. Jorge Rafael Videla es nombrado Presidente de la Nación y se decide combatir férreamente a quienes mellaban la seguridad del pueblo.

Muchos de los guerrilleros se replegaron hasta la Provincia de Tucumán, en donde operaban ocultos en los montes y selvas de lo que conocemos como el Jardín de la República. Desde allí, perpetraron secuestros extorsivos para hacerse de dinero y atentados contra los militares, sus enemigos declarados. Personalmente, conozco personas que vivieron en aquellos años en Tucumán y dan fe de la terrible amenaza que representaban los guerrilleros para el pueblo. Las fuerzas militares que los combatieron fueron lideradas por Luciano Benjamín Menéndez y Antonio Domingo Bussi, quienes actualmente están en prisión por ser "represores" y haber cometido "crímenes de lesa humanidad".

Hubieron también excesos cometidos por los militares pero también es cierto que fueron una reacción apoyada masivamente por los argentinos ante los contínuos crímenes de los guerrilleros. Con la llegada de la democracia en 1983, se inició un doloroso proceso de pacificación en la Argentina que incluyó el valiente Juicio a las Juntas Militares impulsado por el entonces Presidente Raúl Alfonsín, más los indultos que decretó Carlos Saúl Menem cuando fue titular del Ejecutivo Nacional.

Con la llegada de Néstor Kirchner, la Argentina dio varios pasos atrás en este proceso de pacificación y se empezaron a revisar las condenas a los militares de aquellos difíciles años de nuestro país. De repente, el concepto de "crímenes de lesa humanidad" pasó a estar en boga cuando fuimos testigos de las numerosas detenciones y encarcelamientos de ex militares; claro que "lesa humanidad" según este Gobierno y su Corte Suprema complaciente es solo para los crímenes cometidos por militares y no para las atrocidades que cometieron los guerrilleros: al militar que mató guerrilleros se le dice "represor" y "genocida" mientras que al subversivo que delinquió se le dice simplemente "idealista" o "luchador social" ¿¿??. La particularidad de este proceso impulsado por el santacruceño fue una suerte de persecución de todos los militares pero con la reivindicación de los chacales que cometieron tantos crímenes desde la clandestinidad y que hoy gozan de cargos públicos.

El fusilamiento del Capitán Viola y su hijita

En agosto de 1974, un grupo comando del E.R.P. atacó el Regimiento 17 de Infantería Aerotransportada de la Provincia de Catamarca pero fueron detenidos por las fuerzas militares y policiales. Varios de los guerrilleros fueron posteriormente fusilados: según la óptica de ellos, hablaron de "masacre" de parte de los militares que "sembraban el terror" en los campos del noroeste argentino... otros dicen que defendieron a su Patria persiguiendo a los que querían una Nación Argentina comunista al precio que fuere.

Eran un poco más de las 13:30 hs. del día Domingo 01 de diciembre de 1974 cuando el Capitán Humberto Viola, de por entonces 31 años de edad, llegaba en su automóvil a la casa de sus suegros para almorzar, acompañado de sus esposa que estaba embarazada y sus dos pequeñas hijas María Fernanda, de 5 años, y María Cristina.

Al estacionar su movilidad en la cercanía de la casa de sus familiares políticos, luego que de que su esposa descendiera, Viola fue sorprendido por un comando de guerrilleros identificados con el Ejército Revolucionario del Pueblo quienes, rodearon el automóvil y descargaron con furia sus balazos sobre la movilidad. La pequeña María Cristina murió en el acto. Mortalmente herido, el Capitán Viola alcanzó a bajarse de su automóvil para que solo lo fusilen solo a él y, de esa forma, proteger a su familia (su esposa y su otra hija permanecieron atónitas). Efectivamente, una vez afuera de su movilidad, el militar recibió una ráfaga de balazos sobre su humanidad de parte de sus verdugos que estaban a corta distancia hasta acabar con su vida; haciendo gala de su crueldad, un guerrillero disparó con su ametralladora a María Fernanda, la otra hija de Viola, quien sobrevivió y se recuperó luego de varias intervenciones quirúrgicas.

Después se supo que los guerrilleros habían estado estudiando todos los movimientos del Capitán Viola y habían elegido ese momento familiar para acabar con su vida, configurando todo un escenario macabro por parte de esos "jóvenes idealistas". Los militares se tomaron venganza secuestrando a algunos gremialistas tucumanos que simpatizaban con el movimiento subversivo.

Krichner y su corte de delincuentes han motorizado toda esta onda revisionista de la historia setentista de una forma escandalosamente arbitraria y, por cierto, injusta. Si se condena a militares que han cometido crímenes, entonces, pongamos también en el banquillos a todos esos asesinos que mataron a tantos inocentes con tal de imponer el comunismo en la Argentina.

Personalmente, considero que, a tantos años de aquellos sucesos, no es hora de la venganza sino del perdón. Ninguna sociedad puede construirse sobre el odio. Los argentinos necesitamos elaborar nuestra propia historia para poder aprender de los errores pasados y redescubrir también nuestra identidad como Nación.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Es verdad qeu la justicia es a dar a cada uno lo quele corresponde. comparto plenamente con ud. el hecho de juzgar a todos tanto militares como montoneros, pero da la impresion que en nuestro querido pais la historia la cuenta los perdedores ya que si hubiera triunfado las gerrillas creo que estariamos peor que cuba o colombia.

compartilo

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