viernes, 19 de diciembre de 2008

Ahora sí, Justicia para Todos: ¡Montoneros y Militares libres!

La Presidente de la Nación, Cristina Elisabet Fernández, expresó su indignación por la inminente liberación de Alfredo Ignacio Astiz y Jorge Eduardo Acosta, quienes estaban privados de su libertad mientras esperaban su sentencia por las acusaciones que pesan sobre ellos por la desaparición de una decena de personas durante los años de gobierno militar en la República Argentina.

Según informó el Diario La Nación, La Cámara Nacional de Casación Penal dispuso la libertad de los ex capitanes de navío, Alfredo Astiz y Jorge "El Tigre" Acosta y otros nueve marinos procesados por violaciones a los derechos humanos aunque la decisión "no se hará efectiva de manera inmediata" porque antes deben fijarse las cauciones a los detenidos, anticiparon fuentes judiciales. Astiz, Acosta y los otros marinos acusados por violaciones a los derechos humanos en la Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA) durante la última dictadura militar, deberán esperar las cauciones que dispondrá el juez federal Sergio Torres para poder obtener el beneficio dispuesto por la Cámara de Casación Penal. Además de los capitanes de navío, obtuvieron la excarcelación los ex oficiales de la armada Raúl Scheller, Juan Carlos Rolón, Jorge Rádice, Raúl González, Ernesto Weber, Antonio Pernías, Víctor Cardo, Alberto González y Néstor Savio. El fallo de la Sala II de ese Tribunal se basó en el tiempo de detención sin sentencia de los represores.

Por aquellos años, Alfredo Astiz fue Capitán de Fragata de la Armada Argentina y tuvo activa participación en la lucha contra la subversión que ponía en jaque la paz social de los argentinos. A Astiz se le encomendó infiltrarse con un nombre falso en organizaciones como Abuelas de Plaza de Mayo para servir de espía a los militares argentino; esta osadía le es imperdonable para los terroristas.

A Astiz se lo ha acusado de la desaparición de Alice Domon y Léonie Duquet, religiosas católicas francesas que trabajaban apostólicamente en una Capilla ubicada en el Barrio de San Cristóbal de la Ciudad de Buenos Aires y de Dagmar Hagelin, una joven de nacionalidad sueca. Ambas desapariciones sucedieron en el año 1977. Tanto la Justicia de Francia como la de Suecia solicitaron la extradición de ese militar argentino para investigar esos crímenes.

Fue clave el testimonio de Norma Burgos, esposa de un alto dirigente montonero (¡!) quien vinculó a Astiz como quien dirigió las detenciones de Domon, Duquet y Hagelin, como también su traslado hacia el centro clandestino ubicado en la Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA). Los dichos de Burgos tuvieron repercusión a nivel internacional y, rápidamente, fue utilizado políticamente para perjudicar la imagen de la dictadura que gobernaba en la Argentina. Es llamativo que no hay evidencias contundentes acerca de las acusaciones que pesan sobre Astiz, algo que admitió la Madre Superiora de quienes dependían las religiosas.

Es patético como la Justicia Argentina carece de independencia y valentía para actuar. Siempre está supeditada los dictámenes de los poderes de turno. Respecto a las causas contra las juntas militares que gobernaron nuestro país, fueron juzgados más de una vez por los mismos delitos, condenados, indultados y vueltos a condenar. Por otro lado, observamos que los guerrilleros que cometieron crímenes atroces gozan de la libertad y hasta se atreven de creerse dueños de "historia oficial" de la Argentina, como es el caso de Horacio Verbitsky, terrorista sanguinario hoy devenido en moralista.

He leído acerca de las andanzas de Astiz y no me parece un personaje para idolatrar o defender. Me parece oportuno esperar a que la Justicia investigue libremente, sin condicionamientos políticos y se exprese al respecto. Pero no, como somos los argentinos, es algo bastante difícil de lograr: las instituciones democráticas están corruptas y manejadas arbitrariamente.

La Justicia Argentina es una vergüenza: no investiga a fondo al poder de turno, no esclarece casos de corrupción ni desapariciones y asesinatos ocurridos en plena democracia. Respecto a los lamentos de la Sra. Presidente, yo diría que el Poder Ejecutivo Nacional es también una vergüenza: está liderado por una señora incompetente, frívola y soberbia que solo se obsesiona por generar crispaciones en el ánimo popular generando más y más antagonismos. La Sra. Presidente no tiene autoridad moral para reclamar por la ineptitud de otro Poder del Estado Nacional sin antes admitir públicamente sus graves falencias.

1 comentario:

Romina dijo...

"lo que ustedes llaman aciertos son errores, los que reconocen como errores son crímenes y lo que omiten son calamidades."

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