viernes, 17 de octubre de 2008

Es peronismo al palo...

Corría el año 1943 cuando la República Argentina zozobraba como tantas otras veces en su historia. Alfredo Castillo era el Presidente de la Nación elegido por el pueblo pero estaba perdiendo todo apoyo para seguir llevado adelante su gestión al frente del Ejecutivo Nacional.

Distintos sectores de las Fuerzas Armadas reunidos en logias masónicas empezaron a tramar el derrocamiento de Castillo para instaurar un nuevo Gobierno de Facto en nuestro país. Uno de los principales líderes de aquel movimiento que terminaría atentando contra la democracia era Juan Domingo Perón.

Y pensar que sus actuales seguidores reniegan de los Golpes de Estado. Algunos aduladores de Perón ya me han dicho que no puedo comparar los Golpes de Estados que se hicieron a Castillo o el que terminó con el (des)Gobierno de María Estela Martínez porque las circunstancias no son las mismas. Claro que no solo las circunstancias no son las mismas en ambas situaciones como tampoco los que usurparon el poder tampoco son los mismos; les guste o no reconocerlo a los aduladores de Don Juan Domingo, inventen las justificaciones que quieran, pero si nos ajustamos a los sucesos, caemos en la cuenta de que Perón llegó al poder ultrajando un gobierno democrático.... y como sucedió en todos los Golpes de Estado, en ese Golpe del '43, los militares contaron con el apoyo de sindicalistas, algunos dirigentes políticos y una porción importante de la ciudadanía. Pasa que los argentinos tenemos una memoria "selectiva" y después "nos olvidamos" de haber apoyado a tal o cual Presidente de la Nación.

Una vez consumado el Golpe de Estado (otro más...), con Edelmiro Ferrel en la Presidencia, Perón hizo sus gestiones para apoderarse del Departamento Nacional de Trabajo, desde donde empezaría a cimentar su futuro movimiento político. Una vez en el cargo que deseaba, Perón selló su alianza con sindicatos de tendencia socialista quienes serían en definitiva los que le brinarían un sólido apoyo político que lo catapultarían a los primeros planos del mundo político de la Argentina.

El Presidente Ferrel decretó que el Departamento Nacional de Trabajo ganaría en jerarquía al pasar a ser la Secretaría del Trabajo. Para beneplácito de sus socios sindicalistas, desde esa Secretaría, Juan Perón impulsó una serie de medidas que favorecían a grandes masas de trabajadores que habían sido postergadas por motivos culturales y, claro está, económicos. Es dable reconocer una fuerte dosis de demagogia en la política peronista, la demagogia que ha sido un sello distintivo a lo largo de su historia.

Los sindicatos crecieron notablemente de la mano de Perón; con los nuevos puestos de trabajo que se creaban, se "invitaba" a los trabajadores a afiliarse y contribuir con los sindicatos "amigos" de Perón. Pero no todo era color de rosa para los trabajadores, porque todo aquel que disintiera con los modos de Don Juan Domingo era, lisa y llanamente, borrado del mapa: así fue que gremios no afines al incipiente peronismo perdieron su personería jurídica.

El marcado personalismo de Juan Perón ofuscó gran parte de las autoriades de las Fuerzas Armadas y, sobre todo, a los Estados Unidos que empezó a mover sus piezas para organizar al "anti-peronismo". La situación política y social de la argentina iba ganando en tensión debido al antagonismo provocado por Perón ("divide y reinarás", es decir, generar divisiones y rivalidades irreconciliables, es otro sello del peronismo).

El Presidente Farrel finalmente decidió ceder a las presiones del Ejército y le pidió la renuncia a Perón. La disposición del primer mandatario fue más allá: dispuso el encarcelamiento del entonces Secretario de Trabajo en la Isla Martín García.

Ciertamente se produjo el efecto contrario al esperado por los opositores a este movimiento naciente: Perón quedó como la víctima y fue así que el 17 de octubre de 1945 una muchedumbre movilizada por los sindicatos adictos se dirigió hasta Casa Rosada para exigir la inmediata liberación de su líder. Ante la indecisión de Farrel, los peronistas se salieron con la suya y Perón tuvo su regreso triunfal recreando el sueño dorado de todo político; desde los balcones de la Casa Rosada anunció su candidatura presidencial para las elecciones que se celebrarían en febrero de 1946, las cuales ganaría cómodamente.

De esta forma, el movimiento peronista ya estaba en marcha, constituyéndose en el principal partido político de la República Argentina en la segunda mitad del Siglo XX. El peronismo fue y es sinónimo de incontables triunfos electorales en distintos puntos del país, fue y es protagonista de grandes transformaciones sociales y económicas, como así también fue y es responsable de la persecusión de opositores, del despilfarro de recursos en afán de ser demagogos y de la postergación del protagonismo internacional de la Argentina.

Los hijos de Perón

Como ha estado sucediendo en estos últimos años, los herederos de Perón siguen peleándose entre si para quedarse con el control del Partido Justicialista y, casi por añadidura, el control político del país.

Lo que hoy se observa de este partido político es una gran hoguera de vanidades en donde distintos dirigentes luchan por seguir alimentando su insaciable egocentrismo.

La Presidente de la Nación, Cristina Fernández, tuvo "su" acto en el partido bonaerense de Malvinas Argentinas en donde se la vio rodeada del (camaleónico) Gobernador de Buenos Aires, Daniel Scioli, intendentes del conurbano y dirigentes como el Diputado Nacional José María Díaz Bancalari, que tiene el dudoso mérito de recorrer el mundo de la mano de los Kirchner pero no se sabe nada de sus proyectos de ley.

El ex Presidente Néstor Kirchner se hizo también presente en Malvinas Argentinas, pero será el centro de un acto partidario a realizarse en Paraná (Entre Ríos). Aún no alcanzo a entender a los peronistas que consagraron a Kirchner como Presidente del Consejo Nacional del Partido Justicialista: la torpeza política del santacruceño es más que evidente y, hasta el día de hoy, lo único que ha generado es más y más confrontación en el partido que dice liderar.

Hablando de lealtades, deslealtades y autoridad moral, Néstor Kirchner criticó a Julio Cobos, Vice Presidente de la Nación, por el "voto no positivo" en aquella maratónica sesión de la Cámara Alta en que se trataron las retenciones móviles para el agro. Tal vez lo de Cobos pueda ser leído por algunos estrechos como una traición política el hecho de no haber acompañado la postura kirchnerista; pero Kirchner no tiene ninguna autoridad moral para hablar de "lealtad": llegó a la Presidencia de la Nación de la mano de Eduardo Duhalde y, una vez en el poder, Kirchner se ocupó de pelearse con su mentor político... como se dice popularmente, "mordió la mano del que le dio de comer"..

Francisco De Narváez, el poderoso empresario de medios de comunicación devenido en político, ha organizado un acto en el Microestadio del Club Ferrocarril Oeste en la Ciudad de Buenos Aires. Nacido en Colombia, este empresario intentó instalarse sin éxito como candidato a la Presidencia de la Nación y después fracasó en su postulación a la Gobernación de Buenos Aires. Para este acto, cuenta con la adhesión de dirigentes (venidos a menos) Hilda "Chiche" González, el impresentable dirigente gremial Luis Barrionuevo y otros justicialistas que no simpatizan con el kirchnerismo.

Ya casi en el atardecer de su carrera política, Carlos Saúl Menem presidirá un acto en la Provincia de La Rioja. Lo del ex Presidente es patético, porque hoy parece estar más que saludable para el acto cuando anteayer adujo problemas de salud para evitar presentarse a declarar en la causa judicial en que se investiga la venta de armas a Croacia en la que el riojano está severamente implicado. Es una pena ver como la Justicia no alcanza a los políticos de los más altos niveles: los años de menemato han dejado una tendalada de casos de corruptela en las que todos los acólitos del riojano han salido "ilesos".

Ay, San Juan

Acá en San Juan, el Gobernador José Luis Gioja se dio tiempo para participar en un acto en la Ciudad de San Juan junto a Marcelo Lima, Intendente de la Municipalidad de la Ciudad de San Juan.

En el justicialismo local, las aguas están agitándose por la pelea ya desatada por la sucesión de GIoja al frente del Ejecutivo Provincial. Por un lado, César A. Gioja, Senador Nacional y poderoso empresario minero, ya casi lanzado a la carrera por la Gobernación, se hizo presente en el acto del municipio capitalino y anduvo buscando micrófonos de los periodistas para hacerse notar.

Desde la Administración Gioja se mira de reojo a Mauricio Ibarra, Intendente de Rawson (¿por qué insiste en decir "Ciudad de Rawson" cuando Rawson es un Departamento con zonas urbanas y rurales?), quien no puede disimular su gran ansiedad de ser Gobernador de San Juan. Por sus berrinches y divismos, Ibarra me hace acordar a Jorge Salvador Abelín, ex Intendente de Rivadavia, que gozó de cierta popularidad durante la década de los 90 en la Provincia pero, debido a su excesivo egocentrismo, fracasó en sus intentos de llegar a ser Gobernador de San Juan.

El problema del peronismo local es que el ansioso Ibarra no contaría con la bendición (¿?) del actual primer mandatario sanjuanino y está amagando con competir en el 2011 por fuera de la estructura del PJ. Por más que a Gioja le guste declarar públicamente que habrán internas para consagrar los candidatos para las próximas elecciones, es sabido (y temido) que los candidatos serán los que el Gobernador (y solo él) quiera. Esta más que probable fractura en el justicialismo local preocupa y mucho a sus afiliados. Hay que agregar que hay varias Intendencias giojistas que están haciendo agua por varios lados, como son los casos de Aníbal Fuentes en Santa Lucía y Elías Álvarez en Rivadavia.

El panorama nacional de este partido tan relevante se refleja en las internas y divisiones que se observan en San Juan. De todas maneras, el justicialismo tiene la increíble capacidad de reinventarse constantemente para seguir resurgiendo una y otra vez. Habrá que esperar lo que vendrá.

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